Bayer pagará US$7.250 millones para cerrar demandas por el glifosato de Monsanto
El pacto millonario busca cerrar litigios por presuntos efectos cancerígenos del glifosato y eleva a casi 11.800 millones de euros las provisiones legales de Bayer.
La multinacional estadounidense Monsanto, dedicada a los agroquímicos y la biotecnología y actualmente propiedad del gigante alemán Bayer, ha alcanzado un acuerdo extrajudicial en Estados Unidos para resolver miles de demandas relacionadas con el glifosato, el ingrediente activo de su herbicida más conocido, Roundup. El pacto asciende a 7.250 millones de dólares (unos 6.145 millones de euros) y busca cerrar un largo capítulo de litigios que ha marcado la trayectoria reciente de la compañía.
Según informó Bayer la semana pasada, el acuerdo permitirá resolver demandas actuales y futuras durante un periodo de hasta 21 años vinculadas al uso del pesticida. La empresa alemana adquirió Monsanto en 2018 por más de 60.000 millones de dólares, una operación que pretendía consolidar su liderazgo en el sector agrícola global, pero que terminó arrastrándola a una compleja batalla judicial en territorio estadounidense.
El acuerdo deberá ser aprobado por el Tribunal de San Luis, en Missouri, estado donde Monsanto tuvo históricamente su sede central. Bayer detalló además que, como consecuencia de este entendimiento, sus provisiones para disputas legales aumentarán hasta los 11.800 millones de euros, frente a los 7.800 millones previamente contemplados. Este incremento refleja el peso financiero que los litigios por el glifosato han tenido en las cuentas del grupo alemán desde la adquisición.
Las demandas contra Monsanto sostienen que el glifosato puede provocar cáncer, particularmente linfoma no Hodgkin, una acusación que la compañía ha rechazado sistemáticamente. Aunque en varios juicios los jurados fallaron a favor de los demandantes, Bayer ha defendido la seguridad del producto apoyándose en evaluaciones regulatorias que durante años no lo consideraron cancerígeno.
Un acuerdo millonario para cerrar dos décadas de litigios
El entendimiento por 7.250 millones de dólares representa uno de los mayores acuerdos extrajudiciales en la historia reciente de la industria agroquímica. Con él, Bayer busca ganar previsibilidad financiera y frenar la incertidumbre que desde 2018 ha impactado en su cotización bursátil y en la confianza de los inversores.
Desde la compra de Monsanto, la compañía alemana ha enfrentado una avalancha de demandas en tribunales estadounidenses. Algunos fallos impusieron indemnizaciones multimillonarias, aunque luego varias fueron reducidas en instancias de apelación. El nuevo acuerdo apunta a establecer un marco para gestionar tanto las reclamaciones vigentes como posibles litigios futuros durante los próximos 21 años.
Mientras tanto, el debate científico y regulatorio sobre el glifosato continúa abierto en distintas jurisdicciones. En algunos países se han impuesto restricciones parciales o se han establecido revisiones periódicas de su autorización, reflejando un escenario global fragmentado.
La retractación de un estudio clave reaviva la polémica científica
En paralelo al acuerdo judicial, un episodio había vuelto a situar al glifosato en el centro de la controversia. Un estudio clave publicado en el año 2000 en la revista Regulatory Toxicology and Pharmacology, que concluía que el glifosato no presentaba riesgos graves para la salud, fue meses atrás retractado tras revelarse presuntos conflictos de interés y omisiones relevantes.
Durante 25 años, este artículo fue uno de los más citados sobre el herbicida y sirvió de referencia para numerosas autoridades regulatorias en todo el mundo. Su influencia fue especialmente significativa en un contexto de expansión masiva del uso del glifosato en la agricultura, impulsada por la adopción de cultivos genéticamente modificados resistentes al producto.
En el aviso de retractación, difundido en diciembre pasado, la revista señaló deficiencias graves: la omisión de estudios de carcinogenicidad disponibles al momento de la publicación, la falta de transparencia respecto de la participación de empleados de Monsanto en la redacción y la no divulgación de beneficios económicos recibidos por los autores. La editorial neerlandesa Elsevier, responsable de la publicación, aseguró que el proceso de revisión se inició en cuanto el actual editor tomó conocimiento de las preocupaciones.
Bayer round up
Tras años de batallas judiciales en EE.UU., Bayer desembolsará más de 7.000 millones de dólares para frenar la ola de juicios que vinculan el glifosato con casos de cáncer.
No obstante, las alertas sobre posibles conflictos de interés no son nuevas. Ya en 2002, una veintena de investigadores firmó una carta denunciando “conflictos de intereses, falta de transparencia y ausencia de independencia editorial”, con mención específica a Monsanto. El caso volvió a cobrar fuerza en 2017, cuando documentos internos de la empresa salieron a la luz y revelaron el papel de empleados de la compañía en la elaboración del estudio ahora retractado.
La historiadora de la ciencia Naomi Oreskes, profesora de la Universidad de Harvard y coautora de una publicación reciente que analizó la influencia del artículo, celebró la retractación aunque lamentó la demora. “La comunidad científica necesita mejores mecanismos para identificar y retractar artículos fraudulentos”, declaró. En la misma línea se expresó Lynn Goldman, de la Universidad George Washington, quien sostuvo que las razones esgrimidas por la revista coinciden con las denuncias formuladas hace más de dos décadas.
Monsanto, por su parte, reiteró que su producto no presenta riesgos y defendió que su participación en el artículo “no alcanzó el nivel necesario para reivindicar la autoría” y fue debidamente reconocida en los agradecimientos. No respondió, sin embargo, sobre la existencia de correos electrónicos internos en los que una científica de la empresa agradecía a un grupo de personas por su “excelente trabajo” en la elaboración del estudio y les obsequiaba camisetas de Roundup.
El debate científico sobre el glifosato se intensificó especialmente tras la clasificación en 2015 como “probable carcinógeno” por parte de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud. Desde entonces, el herbicida ha sido restringido en distintos grados en varios países, mientras que otros reguladores han mantenido su aprobación bajo determinadas condiciones.
En ese contexto, el acuerdo multimillonario alcanzado por Bayer y la caída de un estudio emblemático refuerzan la dimensión jurídica, económica y ética de un debate que trasciende a una sola empresa. El glifosato, convertido durante décadas en símbolo del éxito agrícola global, sigue siendo también emblema de una controversia que combina ciencia, negocios y salud pública.