Empleo

La economía se recupera, pero el empleo no despega: razones detrás de este desajuste

La economía creció 4,4% en 2025 y alcanzó niveles récord, pero el empleo formal cayó 2,9%. El impacto del ajuste fiscal y la dinámica sectorial explican la brecha.

La economía argentina volvió a crecer en 2025. La estimación oficial preliminar indica que la actividad agregada se expandió 4,4% en el año y que el nivel de producción de bienes y servicios alcanzó el punto más alto desde 2004, superando incluso los picos de 2017 y 2022. El dato, en sí mismo, es relevante: confirma que, tras la fuerte contracción de 2024 (-1,3%), el rebote fue más que técnico. Sin embargo, la lectura integral del proceso —tal como surge del informe de Quantum Finanzas, dirigida por Daniel Marx— obliga a matizar el entusiasmo. Porque si bien el producto total alcanzó un máximo en términos absolutos, no ocurrió lo mismo en términos per cápita. Y, sobre todo, el crecimiento no se tradujo de manera homogénea en más empleo formal ni en una mejora estructural del poder adquisitivo.

El cierre de 2025 mostró, además, señales de inercia positiva. En diciembre, la actividad creció 1,8% mensual sin estacionalidad, lo que dejó una expansión de 0,7% en el cuarto trimestre respecto del tercero y un arrastre estadístico de 0,8% para 2026. Es decir, aun si la economía se estancara en los niveles de fines de 2025, este año mostraría crecimiento por efecto estadístico. Esto configura un punto de partida relativamente sólido, en especial considerando el contexto en el que se produjo la recuperación: fuerte ajuste fiscal, reordenamiento de precios relativos y un proceso de desinflación que implicó costos en términos de ingresos reales y empleo.

Desde el piso de actividad registrado en abril de 2024, la economía acumuló un crecimiento de 10,3% hasta diciembre de 2025. Este dato es significativo porque muestra que la recuperación fue consistente durante más de un año y medio. No se trató simplemente de una corrección puntual tras la caída inicial, sino de un proceso sostenido de recomposición. Sin embargo, la composición sectorial de ese crecimiento revela un patrón desigual que ayuda a entender por qué el mercado laboral no acompañó con la misma intensidad.

Crecimiento agregado con fractura sectorial

Entre el cuarto trimestre de 2023 y el cuarto trimestre de 2025, la economía creció 4,9%. Pero en ese mismo período, el empleo asalariado formal cayó 2,9%. Es una divergencia que interpela: ¿Cómo puede crecer la economía mientras se destruye empleo formal? La respuesta está en la heterogeneidad sectorial y en los cambios en la elasticidad empleo-producto.

El caso más elocuente es el de la construcción. Este sector perdió 14,7% del empleo formal en el período analizado, mientras que su nivel de actividad cayó 11,1%. La construcción representa apenas 4% del valor agregado bruto, pero genera 6% del empleo formal privado, lo que la convierte en un sector intensivo en mano de obra. Su retroceso tuvo un impacto desproporcionado sobre el empleo agregado. Además, es un sector particularmente sensible al ajuste fiscal, dado su vínculo con la obra pública. La contracción inicial de 2024 dejó cicatrices que la recuperación posterior no logró revertir plenamente.

En contraste, la intermediación financiera fue uno de los sectores más dinámicos en términos de actividad, con un crecimiento de 25,8%. Sin embargo, ese notable aumento no se tradujo en mayor empleo: por el contrario, el sector perdió 3% de sus puestos formales, mientras los salarios reales crecieron 12,2%. Este fenómeno sugiere una combinación de mayor productividad, digitalización y concentración de operaciones. El crecimiento del sector financiero, en este contexto, parece haber sido más capital-intensivo que trabajo-intensivo.

El agro también mostró un desempeño destacado. Agricultura y ganadería crecieron 24%, impulsadas en gran medida por una muy buena cosecha fina el año pasado. Pero, como es habitual en este sector, la elasticidad del empleo es baja: el empleo formal aumentó apenas 2,5%. El campo aporta divisas y dinamiza regiones, pero no es un gran generador de empleo formal directo.

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La actividad toca máximos históricos, pero el trabajo formal no acompaña este crecimiento.

La actividad toca máximos históricos, pero el trabajo formal no acompaña este crecimiento.

El comercio mayorista y minorista, que representa 18% del valor agregado bruto y emplea al 20% del trabajo formal, creció apenas 0,4% en el período y prácticamente no generó empleo (0,7%). Este dato es clave: se trata de uno de los sectores más relevantes en términos de ocupación. Su estancamiento ayuda a explicar por qué el empleo agregado (representa la suma total de puestos de trabajo, horas trabajadas o personas empleadas en todos los sectores de una economía durante un período determinado) no reaccionó con fuerza al crecimiento global.

Más preocupante aún es el desempeño de la industria manufacturera. La actividad cayó 3,7% y el empleo formal se redujo 4,9%. Dado que la industria, junto con el comercio, concentra 16% del valor agregado y 18% del empleo formal, su retroceso tiene implicancias estructurales. La pérdida de empleo industrial no es solo una cuestión coyuntural: afecta la calidad del empleo, la generación de valor agregado y las posibilidades de desarrollo tecnológico.

En este contexto, la caída del empleo asalariado formal fue parcialmente compensada por el aumento de monotributistas (6,4%, equivalente a 130.000 personas) y por el crecimiento del empleo informal, que sumó más de 200.000 personas y supera ya los 8 millones. Actualmente, los monotributistas representan 17% del total del empleo formal. Este desplazamiento hacia formas de ocupación más precarias o de menor calidad es uno de los rasgos más delicados del proceso reciente.

El crecimiento económico, entonces, convivió con una reconfiguración del mercado laboral: menos empleo asalariado formal, más cuentapropismo y más informalidad. Desde una perspectiva social, esto implica mayor vulnerabilidad, menor cobertura de seguridad social y menor estabilidad de ingresos.

Recuperación salarial insuficiente y desafíos estructurales

En cuanto a los salarios, el promedio formal privado aumentó 6,9% en términos reales entre el cuarto trimestre de 2023 y el cuarto trimestre de 2025. Es una mejora relevante, sobre todo considerando el proceso de desinflación y el ajuste inicial. Sin embargo, el dato debe leerse en perspectiva histórica: el salario real actual es 23% más bajo que el de hace 10 años y 3% inferior al de hace cinco años, en plena pandemia. Es decir, la recuperación reciente no alcanza para revertir la erosión acumulada en la última década.

Este contraste entre crecimiento agregado y fragilidad laboral plantea interrogantes sobre la naturaleza del actual ciclo económico. ¿Estamos ante un crecimiento más eficiente pero menos inclusivo? ¿Se trata de una fase de transición hacia un modelo con mayor productividad y menor intensidad laboral? ¿O es el resultado de un ajuste que todavía no terminó de derramar sobre el conjunto del mercado de trabajo?

Desde el punto de vista macroeconómico, el balance de los últimos dos años muestra avances innegables en materia de ordenamiento. El fuerte ajuste fiscal, concentrado en 2024, redujo desequilibrios y contribuyó a estabilizar variables clave. El reacomodamiento de precios relativos —tipo de cambio, tarifas, tasas de interés— corrigió distorsiones acumuladas. La inflación cedió desde niveles críticos. En ese marco, que la economía haya logrado crecer 4,4% en 2025 no es un dato menor.

Pero el desafío ahora es de segunda generación: transformar la estabilización en desarrollo sostenido e inclusivo. Para ello, será necesario que los sectores con mayor capacidad de generación de empleo —industria, comercio, construcción— recuperen dinamismo. También será clave mejorar la calidad del empleo, reduciendo la informalidad y promoviendo la formalización de actividades independientes.

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El empleo formal cae mientras crecen los monotributistas y el trabajo informal, que ya supera los 8 millones de personas. La recuperación económica no logra frenar la precarización laboral.

El empleo formal cae mientras crecen los monotributistas y el trabajo informal, que ya supera los 8 millones de personas. La recuperación económica no logra frenar la precarización laboral.

La desaceleración reciente en la pérdida de empleo formal, según mediciones de mayor frecuencia, puede ser una señal alentadora. Si la economía logra consolidar el crecimiento en 2026 —aprovechando el arrastre estadístico de 0,8% y un contexto macro más estable— podría comenzar una etapa de recomposición más amplia del mercado laboral.

No obstante, la experiencia argentina muestra que el crecimiento por sí solo no garantiza mejoras distributivas sostenidas. La última década es prueba de ello: incluso en años de expansión, el salario real tendió a erosionarse. Por eso, la discusión no debería limitarse al ritmo de crecimiento, sino a su calidad y composición.

Un crecimiento basado en sectores de alta productividad pero baja generación de empleo puede mejorar los indicadores agregados sin resolver los problemas sociales. En cambio, una expansión más balanceada, con recuperación industrial, dinamismo del comercio y reactivación de la construcción, tendría un impacto más directo sobre el empleo formal.

La Argentina de 2025 muestra, entonces, una economía que ha logrado salir del pozo y alcanzar un nuevo máximo histórico en términos absolutos, pero que todavía arrastra déficits estructurales en empleo y salarios. El vaso puede verse medio lleno o medio vacío. Está medio lleno porque se estabilizó la macroeconomía y se recuperó el nivel de actividad. Está medio vacío porque esa recuperación no se tradujo plenamente en más y mejor trabajo.

El informe de Quantum Finanzas invita a evitar lecturas simplistas. Ni euforia desmedida por el crecimiento del PBI, ni pesimismo absoluto por la caída del empleo formal. La realidad es más compleja: hay avances y hay deudas pendientes. El desafío de los próximos años será cerrar esa brecha entre crecimiento y bienestar, entre estabilidad macro y mejora microeconómica.

En definitiva, 2025 deja una enseñanza clara: ordenar la macro es condición necesaria, pero no suficiente. La consolidación de un sendero de desarrollo requerirá políticas que impulsen la inversión productiva, fomenten la formalización laboral y eleven de manera sostenida el salario real. Solo así el récord de producción podrá traducirse en una mejora tangible en la vida cotidiana de la mayoría de los argentinos.

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