Patagonia en alerta: el scrapie cierra mercados y golpea exportaciones ovinas
La detección de la enfermedad en Argentina activó restricciones internacionales y complicó la salida de carne ovina desde la Patagonia.
La detección de casos de scrapie en ovinos en Argentina no solo encendió alarmas sanitarias, sino que abrió un frente comercial complejo que hoy tiene como principal foco de preocupación el impacto del cierre parcial de la frontera con Chile. La medida, adoptada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) del país vecino, afecta de manera directa a la Patagonia, una región altamente dependiente de la exportación de carne ovina y de la logística transcordillerana para acceder a los mercados internacionales.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) confirmó recientemente la presencia de scrapie —una enfermedad neurodegenerativa, transmisible entre ovinos y caprinos y fatal para los animales— en tres ovejas de raza Dorper en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. Los animales, importados desde Paraguay entre 2021 y 2022, murieron entre febrero y mayo de 2025, lo que evidencia el largo período de incubación de la enfermedad.
Aunque el scrapie no representa riesgo para la salud humana ni afecta la lana o el pelo, su sola detección activa protocolos sanitarios internacionales que repercuten de inmediato en el comercio exterior. Eso fue lo que ocurrió tras el anuncio oficial: Brasil y Túnez rechazaron contenedores de carne ovina argentina, y poco después Chile avanzó con restricciones clave.
Chile endurece controles y complica a la Patagonia
El SAG dispuso la suspensión preventiva de determinadas importaciones provenientes de Argentina, especialmente aquellas consideradas de mayor riesgo sanitario. Entre los productos alcanzados se encuentran pequeños rumiantes destinados a faena inmediata, leche y derivados lácteos para alimentación animal, así como vísceras y subproductos comestibles de ovinos y caprinos.
Si bien las autoridades chilenas aclararon que no se trata de un cierre total del comercio bilateral —ya que la carne ovina continúa habilitada bajo los estándares internacionales—, en la práctica la medida funciona como un fuerte condicionante para el sistema exportador argentino, especialmente en el sur del país.
La Patagonia enfrenta una situación particularmente delicada: gran parte de sus exportaciones dependen del tránsito por territorio chileno para acceder a puertos del Pacífico o para optimizar rutas logísticas. Las restricciones, los mayores controles sanitarios y la incertidumbre regulatoria generan demoras, aumentos de costos y, en algunos casos, la paralización directa de operaciones.
En Santa Cruz, por ejemplo, los frigoríficos Estancias de Patagonia y Faimali mantienen frenadas en puerto unas 1.200 toneladas de cordero correspondientes a la última zafra. La imposibilidad de cumplir con los envíos en tiempo y forma, sumada al rechazo de algunos mercados, agrava un escenario que ya venía golpeado por la volatilidad internacional.
Además, la necesidad de redireccionar exportaciones hacia destinos alternativos —como Japón— implica renegociar condiciones comerciales, asumir costos adicionales y enfrentar mercados con diferentes exigencias. Todo esto en un contexto donde la previsibilidad es clave para sostener la competitividad.
Impacto regional y reclamos por resguardo sanitario
El efecto del cierre parcial de la frontera no se limita a la logística. También golpea la confianza del sector productivo patagónico, que históricamente ha sostenido un estatus sanitario diferencial basado en estrictos controles y en la existencia de la barrera sanitaria que limita el ingreso de animales desde el norte del país.
En este marco, la Federación de Sociedades Rurales de Río Negro presentó una nota al ministro de Desarrollo Productivo provincial, Carlos Banacloy, para que gestione ante Nación la declaración de la Patagonia como zona “Libre de Scrapie”. El objetivo es proteger el posicionamiento internacional de la región y evitar que los casos detectados en el centro del país afecten a territorios que no registran la enfermedad.
Leandro Ballerini, presidente de la entidad, expresó que el principal problema hoy es la incertidumbre. “Algunos países tienen restricciones y otros no, y en algunos países europeos esta enfermedad es endémica desde hace años”, explicó. Sin embargo, remarcó que el impacto en mercados sensibles puede ser inmediato y profundo.
“El cierre o las limitaciones en la frontera con Chile nos afectan directamente, porque condicionan nuestra salida al mundo”, sostienen desde el sector, donde advierten que la dependencia de los corredores bioceánicos es estructural para la Patagonia.
Ballerini también destacó el rol de la barrera sanitaria como una herramienta clave: “Nos permite una salvaguarda importante para la región”. En ese sentido, subrayó la necesidad de que las decisiones sanitarias nacionales contemplen las particularidades del sur argentino.
Un escenario en evolución y coordinación binacional
Por su parte, Guillermo Paz, presidente de la Asociación Argentina de Criadores de Merino, reconoció la preocupación existente, aunque llevó algo de calma respecto al impacto en la lana. “En el mercado lanero no habría inconvenientes”, afirmó. No obstante, coincidió en que la Patagonia debe ser resguardada para evitar daños mayores.
A nivel institucional, Argentina perdió su estatus de país libre de scrapie, lo que obliga al SENASA a avanzar en un esquema de zonificación sanitaria. Actualmente se trabaja en la delimitación de tres zonas libres: Patagonia Norte A, Patagonia (Norte B y Sur) y el Valle de Calingasta, en San Juan.
En paralelo, se abrió una etapa de seguimiento técnico entre Argentina y Chile. El intercambio de información epidemiológica, junto con posibles auditorías, será clave para determinar la evolución de las restricciones. Desde el SAG señalaron que la medida es preventiva y que podría revisarse en función de nuevos datos.
Sin embargo, en el corto plazo, el daño ya está hecho. La combinación de rechazos internacionales, restricciones fronterizas y pérdida de estatus sanitario configura un escenario complejo para el sector ovino argentino.
El desafío inmediato será reconstruir la confianza de los mercados y garantizar la trazabilidad sanitaria de la producción. Pero para la Patagonia, el eje central pasa por sostener su condición diferencial y evitar que decisiones externas terminen afectando su principal motor económico.
En un contexto global donde la sanidad animal es cada vez más determinante para el comercio, la crisis del scrapie deja una lección clara: la coordinación entre países, la rapidez en la respuesta y la claridad en la comunicación serán factores decisivos para minimizar impactos y recuperar competitividad. Mientras tanto, la Patagonia enfrenta uno de sus momentos más sensibles en materia exportadora de los últimos años.
Fuente: Redacción +P.
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