La producción ovina en jaque: menos carne, más problemas sanitarios
Sequía, caída en la producción y nuevos casos de enfermedad ponen en alerta al sector ovino argentino.
La producción de carne ovina viene complicada en la principal provincia productora, Santa Cruz, fundamentalmente por la sequía que se dio en los últimos meses. Las exportaciones de esta carne, pese a que crecieron 20% en valor en el primer trimestre debido a los altos precios internacionales, cayeron casi 7% en volumen. Desde el viernes pasado (día de esta entrevista), se sumó un nuevo problema para este sector: la aparición de tres casos de prurigo lumbar o scrapie (tembladera) en ovinos de Entre Ríos y Santa Fe, lo que cambia la situación sanitaria del país, pone en revisión los certificados sanitarios para exportar a distintos países y volverá a poner en escena la discusión sobre la barrera sanitaria patagónica. Sobre estos temas, +P conversó con el productor ovino santacruceño Marcelino Díaz, quien también se refirió a otras cuestiones que afectan a la producción ovina en la región, como la falta de impulso al consumo interno de cordero y el insuficiente control del guanaco.
Alerta sanitaria
—¿Qué puede ocurrir con los mercados externos tras la aparición de casos de scrapie en ovinos de Santa Fe y Entre Ríos?
—Es complicado. Ya se pidió al SENASA que tome medidas que no nos perjudiquen, y el lunes se verá qué es lo que pasa con este problema que apareció. Estamos preocupados porque esto nos puede complicar: están todos los frigoríficos llenos, no se exportó todavía ni la mitad de lo que se faenó. Así que veremos qué pasa, si siguen con la idea de unificar sanitariamente el país. Queremos seguir separados, siendo la Patagonia libre de los distintos problemas sanitarios que aparecen en el resto del país.
—¿Cómo fue la producción ovina el último año?
—Fue complicada, porque hubo una gran sequía. Veníamos bien: si en mayo pasado me preguntaban cómo venía la producción, decía “excelente”. Entramos al invierno con las haciendas en muy buen estado, y después el clima se complicó, muy seco, y en septiembre se nos dio vuelta todo. La hacienda estaba delgada, eso incidió en que hubiera porcentajes bajos de parición y muy desparejos, con falta de estado en las madres, que, como no había pasto verde, no tenían leche, y un mal estado de los corderos: muchos nacieron sin la posibilidad de crecer. Hubo un gran porcentaje de manufactura en los frigoríficos, con corderos faltos de estado y de peso liviano. Fue muy complicado.
—Todo por el clima.
—Claro, por falta de agua. Después, en el verano hubo una temperatura más alta de lo normal, con mucho viento, y era como un soplete: secaba todo. Los molinos no abastecían lo suficiente, porque con el calor la hacienda tomaba más agua, y también se evaporaba más la que había en los bebederos.
—¿Y la exportación de carne?
—Acá se exporta siempre la mayoría de lo que hay, pero cada vez tenemos menos producción en la provincia. Y hasta que no se solucione el tema del guanaco, vamos a seguir cerrando campos. Hay campos donde ya es inviable producir: no cierran los números.
—¿Los precios subieron como en las otras carnes?
—Sí, hoy hay un diferencial. La carne está en auge: en el mundo hay un gran reclamo por la proteína animal y la demanda sigue creciendo. Australia bajó sus números porque los campos que pudieron hacer agricultura lo hicieron, al igual que Nueva Zelanda. Entonces, a nivel mundial, bajó la producción en esos gigantes, que eran los que manejaban todos los números de los ovinos. Esto nos dio la posibilidad a los que estamos en Sudamérica de poder vender mejor los productos. Si hubiera más producción, se podría vender fácilmente. Pero faltan cantidad de cabezas y producción de kilos de carne.
—¿Y la producción de lana?
—Fue buena, pero si bien mejoraron los precios con respecto a la zafra pasada, están en valores más históricos y no hay interés por comprarla. Están quedando menos firmas laneras, se hacen licitaciones y no todos presentan oferta. A diferencia de la carne, no hay demanda de lana.
Menor producción
—Esto a nivel mundial, ¿y en la Argentina?
—Acá en la Argentina la carne ovina que se consume es muy poca. Nunca se desarrolló el consumo ovino en el país. Los frigoríficos de Río Gallegos podrían tener en Buenos Aires una boca de expendio, y ninguno la tiene en ningún lugar. Quizás conseguís algo de la provincia de Buenos Aires, pero no hay continuidad ni calidad. Y con la lana pasa lo mismo: se lava y se peina acá, pero se envía a hilar afuera. La industria textil en el país desapareció.
—¿Por qué no crece el consumo interno de cordero?
—Hay un fondo desde hace años —creo que nos sacan el 5‰ de todo lo que vendemos de lana y carne para ese fondo— y no promocionaron nada: lo tienen en un plazo fijo. Podríamos haber salido en algún programa importante en televisión en Buenos Aires para promocionar lo que es el ovino, cómo son los cortes, qué se puede cocinar, y no hacen nada. Vos vas a Europa y tenés en las góndolas de todos los supermercados cuatro chuletas de cordero, una paletilla, una pierna. Y la gente sabe cómo prepararlas. Acá no está eso porque nunca se desarrolló. En Buenos Aires querés comer unas costillitas de cordero y tenés que llevar medio cordero; ¿Qué hacés con medio cordero?
—¿Será muy complejo?
—Es copiar y pegar, no es inventar nada. Lo hacen en todo el mundo. Los únicos que no lo hacemos somos nosotros. Vas a Australia, Nueva Zelanda, cualquier país de Europa, Estados Unidos, y está; y acá no.
—¿Se exporta solo carne o también ganado en pie?
—Este año apareció gente de Kuwait que quería llevar animales adultos en pie. También aparecieron mexicanos que querían corderos en pie porque Australia cerró su exportación de animales vivos por bienestar animal. Y apareció una empresa mundial muy grande, con barcos especiales para transportar animales vivos, que vino a ver si podía comprar acá para llevar a otros lugares. Pero llegaron tarde, a fines de febrero, cuando ya se estaba terminando la zafra de corderos, y no tenían desarrollada la logística. Acá, para hacer una exportación, si bien se podría perfectamente —y ya se ha hecho desde Santa Cruz—, hay que tener la infraestructura: corrales para el acostumbramiento de los animales al alimento balanceado y la concentración de hacienda, porque 50.000 animales no se juntan en dos días. Y después, la logística. El problema es que desaparecieron los jauleros: los pocos que hay los tienen los frigoríficos y no hay disponibilidad de jaulas para trasladar la hacienda que se le vendería a esta gente en 30 días. Entonces, hay que armar toda la logística, conseguir jaulas de afuera y tener preparado el feedlot. No son cosas que se hacen de un día para otro. Y, por supuesto, para que la gente venda, tenían que ofrecer un precio. Hay que tener señalada la hacienda para hacer un movimiento tan grande. No es fácil.
—¿Y acá no decían el precio?
—No. En las exportaciones anteriores no hubo problema porque pagaban al contado todo lo que compraban. Entonces todos querían venderles y, para cuando venía el barco, ya tenían la hacienda concentrada en Punta Quilla para cargar.
Stocks ovinos
—¿Cómo está repartido el stock de ovinos en las provincias de la Patagonia?
—Se dice que Santa Cruz hoy tiene 2,4 millones de ovinos. Bajamos desde 4 millones hace 15 años debido al guanaco, que copó los campos y nos dejó sin alimento para los ovinos. Y se dice que en Chubut hay 4 millones. Pero allí hay poca venta de corderos.
—¿Por qué?
—En Chubut predomina la hacienda merino y no tienen la costumbre de vender el cordero: recrían al macho para hacer capón (macho adulto castrado) y tienen otra forma de manejo. En Santa Cruz, hace años cambiamos y nos pasamos a la producción de corderos, que se venden a los 60-90 días, y el campo se destina principalmente a ovejas, que es el negocio actual. Nosotros producimos corderos y lana; ellos producen lana y algo de carne. No se puede vivir solo de lana ni solo de carne. Si yo estuviera en la provincia de Buenos Aires, viviría solo con carne: tendría una raza carnicera, porque allá hay pasturas, se puede sembrar, se puede suplementar, y hoy es más negocio la carne que la lana. Pero acá no, porque no tenemos producción de forraje. Estamos muy limitados por el clima.
—¿Eso puede cambiar con el desarrollo de cultivos forrajeros en la Patagonia?
—Acá, cuando dependés de la lluvia, no podés cultivar. Si me decís que hay riego, en algunos lugares podés producir lo que quieras; pero hay que regar permanentemente, y hoy no dan los costos.
—¿No?
—No. Hay experiencias, en el noroeste de Santa Cruz, por ejemplo, de gente que está haciendo trigo; incluso en el siglo pasado, cuando se pobló esa zona, se sembraba para hacer pan. Pero en secano no funciona, porque no hay un régimen de lluvias de 400 o 500 mm anuales. En Tierra del Fuego puede ser, porque tiene otro régimen de lluvias, como Chile: cruzás la frontera y es más verde, y cerca de Punta Arenas hay alfalfa sin riego.
—¿Y con riego por pivot?
—La energía, con los precios actuales del combustible, incide muchísimo, porque un motor grande puede consumir 250 o 300 litros por día. Mientras no haya otra alternativa energética o acceso a un sistema interconectado, no dan los números.
—¿Y paneles solares?
—Se empezaron a desarrollar, pero tampoco es barato: necesitás un parque solar muy grande y el costo es alto. Todo ayuda, pero no alcanza para desarrollar una industria, sino apenas para sostenerse. Los números acá son muy ajustados, porque estamos lejos de todo.
—O sea, ¿Santa Cruz está más complicada que el resto de la Patagonia?
—Ni Chubut ni Santa Cruz están interconectadas a una red eléctrica: estamos aislados. En Buenos Aires, la mayoría de los campos tiene energía a un costo accesible. Lo mismo pasa con el gas: Santa Cruz produce mucho gas, pero muchos campos y pueblos no tienen red. Una casa familiar puede necesitar 12 tubos de gas por mes para calefaccionarse: a $100.000 cada uno, son $1,2 millones más el flete. No es fácil.
—Volviendo al guanaco, ¿mejoró la situación con el plan de manejo y la venta de su carne?
—Es muy lento. Hay un solo frigorífico que hace encierre y faena de guanacos, Montecarlo; los otros no. Si no se hace una captura masiva para procesar, esto no cambia. Este frigorífico hizo 10.000 guanacos, que sobre 3 millones no es nada: debería haber hecho al menos 200.000. El guanaco crece 20% por año. Es complicado: hay que formar equipos, capacitar gente. Los frigoríficos podrían trabajar con guanacos cuando no tienen ovinos, pero no lo hacen. La batalla la tenemos perdida, salvo que haya un cambio radical.
—¿Va a seguir cayendo el stock ovino?
—Va a seguir cayendo si no hay campos donde meter la hacienda. Los campos buenos están ocupados, pero los medianos ya no son viables: hay pérdidas por depredadores (zorro y puma) y además no podés sostener carga porque los guanacos ocupan el recurso. Las autoridades tienen que entender que no solo producimos: también hacemos soberanía y ocupación territorial en la Patagonia. Cuando se cierran estancias, queda todo abandonado, y eso trae problemas cada vez más graves.
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