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Entre toneles y memoria: el renacer de la bodega La Falda bajo el ala de Gérôme Marteau

El establecimiento vitivinícola se resignificó como museo, restaurante y café. Te contamos cuál es su historia y cómo se llevó a cabo la recuperación de un espacio emblemático del Alto Valle.

La antigua bodega La Falda se erige en Cipolletti como testigo de una época dorada de la vitivinicultura del Alto Valle, cuando el vino de mesa era protagonista. Al ingresar por la gran arcada de ladrillo visto, la sensación es la de un viaje en el tiempo, donde los aromas y la belleza de la arquitectura de antaño se funden para activar todos los sentidos.

Antes de la renovación de la bodega por parte de la familia Marteau, allí funcionó durante décadas un gran proyecto productivo, comandado por la familia Herzig de origen alemán, pioneros de la vitivinicultura en la zona. Se trató de un extenso terroir que supo tener cerca de 120 hectáreas de viñedos, y una producción que, según testimonios, habría llegado al millón de litros anuales.

Desde hace algunos años, el terreno donde se encontraban las vides se convirtió en el barrio residencial La Falda. Sin embargo, aún se conservan como guardianes de la memoria algunas construcciones, como el galpón de elaboración, la bodega museo con la cava, una casa de servicio y un chalet de ladrillo, madera y tejas rojas que funcionó como vivienda familiar.

Bodega Museo La Falda (26)
El rostro detrás del legado: Como anfitrión y custodio de la historia de La Falda, Marcelo relata cómo cada rincón de la bodega mantiene viva la memoria de los antiguos toneleros.

El rostro detrás del legado: Como anfitrión y custodio de la historia de La Falda, Marcelo relata cómo cada rincón de la bodega mantiene viva la memoria de los antiguos toneleros.

De la energía a la producción

Marcelo Marteau es el dueño de la bodega Gérôme Marteau y quien apostó, junto a su esposa Marcela Fernández, por la recuperación del museo de la bodega La Falda y la apertura de un espacio gastronómico que funciona como restaurante y café.

Ambos son geólogos de profesión y trabajaron durante 30 años en el sector petrolero. “Yo no quería jubilarme en ese rubro y pedí un retiro anticipado”, explica Marcelo, quien creyó que era el momento de irse y comenzar a disfrutar de otras cosas. “Lo nuestro es pura pasión, tengo una pasión por el vino que deviene de algún gen francés, aunque mis abuelos ya eran argentinos”.

Bodega Museo La Falda (18)
Ingeniería artesanal: Toneles de hasta 37 mil litros, ensamblados por antiguos toneleros de la zona, una profesión que hoy es parte del mito regional.

Ingeniería artesanal: Toneles de hasta 37 mil litros, ensamblados por antiguos toneleros de la zona, una profesión que hoy es parte del mito regional.

“Yo soy de Salta, vine a los 15 años a la Patagonia, hace 40 años que estoy en Neuquén, tengo dos hijos nacidos acá. Nuestra bodega la tenemos desde el 2008, empezamos en Fernández Oro y luego nos fuimos a Roca… Ahora vivimos en Cipolletti”, nos cuenta Marcelo.

El nombre Gérôme, que significa Gerónimo en idioma francés, se incorporó a la marca de la bodega, en honor a uno de los hijos del matrimonio, que también forma parte del emprendimiento.

La plantación de vides y la elaboración de vinos de Gérôme Marteau actualmente se encuentran en General Roca y Allen. Bajo la dirección del enólogo Mario Lascano, producen vinos en base a cepas de Malbec, Merlot, Cabernet Franc, Torrontés y algunos espumantes con método champenoise.

Bodega Museo La Falda (17)
Pasión por las raíces: Entre la maquinaria original y los muros centenarios, el protagonista de esta historia comparte los secretos de una bodega que supo transformar su pasado en una experiencia sensorial única.

Pasión por las raíces: Entre la maquinaria original y los muros centenarios, el protagonista de esta historia comparte los secretos de una bodega que supo transformar su pasado en una experiencia sensorial única.

El legado de los Herzig

La bodega La Falda fue fundada en el año 1910 por Bernardo Herzig, quien vino de Alemania a los 18 años. “Este lugar antes era una caballeriza, Bernardo se la compra a Peuser y la convierte en bodega”, asegura Marcelo Marteau y agrega que el establecimiento fue cambiando su formato y su fachada.

Bernardo fue un hombre de gran injerencia social, fue cofundador del club Cipolletti, integró la presidencia del Banco Provincia de Neuquén y del Río Negro. Donó hectáreas y dinero para la construcción del colegio 121. “No sólo tenía la bodega, sino también animales, pasturas y maderera en San Martín de los Andes”.

Bodega Museo La Falda (16)
El eco del pasado: Un recorrido por el museo permite descubrir las herramientas originales que dieron vida a la bodega La Falda hace décadas.

El eco del pasado: Un recorrido por el museo permite descubrir las herramientas originales que dieron vida a la bodega La Falda hace décadas.

Bernardo Herzig y su esposa Felisa Mercedes París, tuvieron una hija y un hijo (Jorge). A su vez, Jorge tuvo dos hijos, Alejandra y Jorge Herzig que fue el último heredero de la familia que tuvo activa la bodega en formato de museo en el año 2000, como un punto de paso para el enoturismo.

La bodega, que ya había dejado de producir en 1980, tuvo su parate final hacia el 2018, cuando Jorge enfermó, hasta que finalmente falleció en el año 2020. Desde entonces el predio se mantuvo cerrado.

Recuperar el esplendor

La restauración de la bodega La Falda se basó en un gran respeto por cada material existente. Las lámparas de hierro, los techos de chapa, los antiguos toneles y las viejas maquinarias se complementan con un trabajo de iluminación que destaca cada detalle de la arquitectura del lugar.

“En diciembre del 2024 desarrollamos este proyecto en familia, tomando en cuenta cómo veíamos esta bodega La Falda con sus puertas abiertas nuevamente. Presentamos la propuesta a la familia Herzig, les gustó mucho y empezamos con las obras”, contó Marcelo durante la visita de +P.

Entrevista a Marcelo Marteau - Bodega Gerome Marteau-La Falda

“Tenemos un contrato por muchos años, y una vez que tuvimos las habilitaciones comenzamos las obras en abril del 2025 e inauguramos en diciembre”, explicó y admitió que la inversión “fue de varios miles de dólares y toda con fondos propios”, aunque no quiso revelar el monto total.

La idea desde un principio era mantener la esencia de la bodega centenaria, aunque tuvieron que hacer el piso nuevo, toda la parte eléctrica y la climatización del lugar. Se recuperaron varias lámparas de hierro históricas y se decoraron con ramas de parra, originales del establecimiento de 1910, que visten el salón de más de 400 m2.

También se conservan, como si fuera ayer, el lagar, las viejas despalilladoras, las bombas a pistón, las piletas y los grandes toneles de madera de diferentes tamaños que van desde los 17.000, hasta los 37.000 litros. Esos toneles fueron armados históricamente por toneleros de la zona, una profesión ya olvidada.

Bodega Museo La Falda (19)
Luces y sombras: El diseño lumínico de las visitas nocturnas resalta la arquitectura histórica de la cava y los sectores de producción.

Luces y sombras: El diseño lumínico de las visitas nocturnas resalta la arquitectura histórica de la cava y los sectores de producción.

¿Cómo, dónde y cuándo?

Este legado y su historia hoy forman parte de las visitas guiadas que ofrece la bodega, tanto de día como en sus recorridos nocturnos, bajo un diseño lumínico especialmente diseñado. Estas visitas, que no tienen costo extra, incluyen el ingreso a la parte del museo y la cava.

El predio se encuentra en la calle Maestro Don Juan Espinosa de Cipolletti, entre General Mosconi y Vicente Lazaretti, a unos 10 minutos del centro de la ciudad rionegrina y a 22 minutos desde la ciudad de Neuquén.

Por su parte, el sector gastronómico abre sus puertas de martes a viernes desde las 9:30 hasta las 14:30 y, desde las 17 horas hasta el cierre; mientras que los días sábados, además del horario matinal, el horario de la tarde comienza a las 19 horas. Los domingos el espacio abre de 10 a 15 horas y los lunes se encuentra cerrado.

Bodega Museo La Falda (23)
Historia a cielo abierto: El patio de la bodega ofrece una vista privilegiada al espacio verde, ideal para disfrutar cuando el clima acompaña.

Historia a cielo abierto: El patio de la bodega ofrece una vista privilegiada al espacio verde, ideal para disfrutar cuando el clima acompaña.

Para almorzar o cenar es necesario reservar, mientras que para el espacio de cafetería se puede asistir directamente. Si el tiempo acompaña, es especialmente recomendable ocupar una mesa en el patio, donde se podrá disfrutar de una hermosa vista hacia el espacio verde meticulosamente cuidado.

Hoy, la bodega La Falda vuelve a abrir sus puertas no solo como un espacio gastronómico, sino como un lugar donde la historia se recorre con los sentidos. Entre toneles centenarios, viejas maquinarias y muros que aún conservan el eco de otra época, el pasado vitivinícola del Alto Valle encuentra una nueva forma de seguir vivo.

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