Patagonia

Un nuevo negocio llega a los campos de la Patagonia: vender carbono al mundo

Productores ovinos de la Patagonia comienzan a explorar el mercado de bonos de carbono, un negocio global que pagan empresas para compensar emisiones.

Así como el ganadero que cría ovejas en los campos de la Patagonia tiene en la lluvia, el precio de la lana y la producción de carne insumos básicos para sobrevivir, ahora existe otro recurso, más complejo, pero que puede representar una importante fuente de financiamiento: los bonos de carbono. No es novedoso el sistema que consiste en preservar los pastizales naturales para captar dióxido de carbono del aire y luego certificar ese “servicio” que presta la tierra y, finalmente, salir al mercado a venderlo. ¿Quiénes compran? Las empresas que producen muchos gases de efecto invernadero. En el tope de la lista están las compañías aéreas. Pero también compran estos bonos, para compensar y porque así lo exigen los accionistas, las empresas petroleras. Por estos días corre el rumor de que una empresa tradicional que opera en Neuquén compró bonos de carbono de un campo de Brasil.

Ese es el punto de quiebre de lo que se puede venir en los campos de la región. Primero vale aclarar cómo es el método: el dueño de un campo se contacta con un grupo de profesionales que tienen una consultora para que analicen el potencial del campo. La primera medida es adoptar un método “holístico” de producción ganadera, cumpliendo una rotación de animales que garantice la buena salud de los pastos. Luego esa documentación científica es enviada a empresas certificadoras internacionales, las que determinan si el proceso de relevamiento de datos se adecúa a las pautas internacionales. Y recién entonces una verificadora da el “ok” y saca a la venta un bono, que equivale a una tonelada de carbono capturado.

Todo ese proceso lo afrontaba el productor interesado, pero por estos días comienzan a asomar algunas iniciativas que pueden desembocar en un mercado de bonos de carbono promovido por los estados provinciales, como el de Río Negro o el de Neuquén.

Christian Farjat es fundador de Forestblock, una empresa que ya hizo sus experiencias en mitigación del impacto ambiental en Vaca Muerta. Ahora se lo puede encontrar recorriendo campos en la Región Sur de la provincia de Río Negro. Trabaja con unos 11 productores que tienen 50.000 hectáreas y está dando los primeros pasos para que a esos pequeños productores ovinos les surjan nuevas oportunidades de ingresos.

Engorroso, pero redituable

“Desarrollamos un servicio que va desde el principio hasta el final. Comenzamos con la búsqueda de campos para el desarrollo de los proyectos y luego nos orientamos a la comercialización con una plataforma blockchain, que nos permite acceder a las empresas compradoras de créditos de carbono”, explica bajo una sombrilla que apenas mitiga el calor de la estepa en Maquinchao.

“Básicamente, es un circuito cerrado en el cual se busca el potencial de proyectos de carbono, de créditos de carbono, para los mercados voluntarios, donde hay empresas que buscan estos proyectos y los compran para compensar sus emisiones”, precisa.

Entre esos compradores hay multinacionales, tecnológicas, aerolíneas y petroleras, las que “tienen una exigencia de su casa matriz o de sus gobiernos de reducir las emisiones. Por eso buscan este tipo de proyectos”.

Para los campos de Río Negro, el esfuerzo se pone en ir hacia una “ganadería regenerativa”, que respete la rotación del pastoreo para volver a generar una adecuada cobertura del suelo. De esa forma se mejora la capacidad de los campos de “secuestrar” carbono.

Un aliado en Río Negro

La empresa de Farjat, a diferencia de otras, tiene un vínculo con el Ente de la Región Sur, que financia los estudios que se deben hacer en los campos, atento a que, por escala, muchos ganaderos locales no podrían acceder a la conformación de una “carpeta” con certificaciones internacionales.

Una de las directrices de esa alianza es “permitir que la gente vuelva al campo, que se pueda considerar el campo nuevamente como una fuente de ingresos. Y, por otro lado, ese trabajo interactuar con los gobiernos subnacionales, como municipios o provincias, que ven en esto una oportunidad”.

Christian Farjat es fundador de Forestblock,
Christian Farjat es fundador de Forestblock, una empresa que ya hizo sus experiencias en mitigación del impacto ambiental en Vaca Muerta.

Christian Farjat es fundador de Forestblock, una empresa que ya hizo sus experiencias en mitigación del impacto ambiental en Vaca Muerta.

La “oportunidad” radica en que, en vez de que el Estado tenga que destinar fondos para sostener a estos crianceros, “hoy ven que tienen recursos naturales que se pueden monetizar a través de un bono de carbono, el cual es buscado por el mercado internacional”.

Primero actúan las consultoras que hacen desarrollo de proyectos, luego interviene una empresa auditora internacional que indica si el estándar seguido es el adecuado, como Bureau Veritas. “Si vos pasás esas dos instancias, podés presentar el proyecto (de un campo) en el organismo internacional de verificación, como Verra. Ahí ya está visualizado, está en una vidriera donde las empresas ya están viendo el proyecto”, resume Farjat, quien desarrolló la primera tecnología para llevar agua por mangueras a los yacimientos de Vaca Muerta.

También puede pasar que la consultora local, por su cuenta, salga a buscar clientes en forma anticipada. “Ya sabemos que tal o cual empresa requiere este tipo de proyectos y ya empezamos a trabajar acorde a la necesidad y la demanda que hay en el mercado. Y, a su vez, trabajamos con una plataforma tecnológica en donde subimos nuestros proyectos, los comercializamos a través de la blockchain, que permite generar trazabilidad, y eso nos permite generar más confianza en los compradores”.

Una vidriera propia

El otro aspecto de este proceso es que se les dará a los gobiernos provinciales “la posibilidad de que puedan tener su propio marketplace, donde ellos ofrezcan como si fuera un Mercado Libre, pero de proyectos”.

Para ponerlo en términos más didácticos, puso como ejemplo lo que ocurre en empresas que operan en Neuquén: “Hay un caso de una operadora que tiene que compensar emisiones, pero compra proyectos en Brasil, aunque tranquilamente los podría comprar en Neuquén, porque son proyectos locales y que generan trabajo en comunidades, como la del norte neuquino”.

La legislación vigente por ahora exige a sus industrias locales reportar sus emisiones, como pasa en Neuquén, y el empresario aclara que “el objetivo acá es que se implemente un sistema de insetting, que significa la compra interna”.

En Neuquén se presentó un proyecto de ley para que se regule esta actividad. Lo hizo el bloque de diputados provinciales del Movimiento Popular Neuquino (MPN). Pero fuentes de la Legislatura aseguran que la iniciativa para crear el Inventario Provincial de Gases de Efecto Invernadero (IPGEI) y el Mercado de Carbono “está cajoneada” y no avanza.

También, a mediados de 2024, en la Legislatura de Río Negro ingresó el proyecto Nº 715/2024, del mismo tenor, sin que haya recibido tratamiento hasta el momento.

Por lo pronto, las reuniones con los productores continúan para ir reuniendo proyectos potenciales. Para Farjat, “en Río Negro la experiencia es muy buena, porque estamos trabajando con un acuerdo con el Ente de la Región Sur, y la verdad es que no nos costó mucho trabajar con cada productor para explicar el proyecto”.

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Más de 50.000 hectáreas de campos ovinos ya analizan proyectos para generar créditos de carbono y venderlos en mercados voluntarios.

Más de 50.000 hectáreas de campos ovinos ya analizan proyectos para generar créditos de carbono y venderlos en mercados voluntarios.

Lo más radical de la iniciativa es que se necesita hacer un cambio en el manejo del campo, con un respeto por los ciclos biológicos de los pastizales y la introducción de perros cuidadores para mantener a las majadas a salvo de los predadores.

El procedimiento consiste en hacer un relevamiento con una plataforma satelital asistida con inteligencia artificial, lo cual “nos permite evaluar el campo con un margen de error muy bajo”, y esa información se coteja con una visita al campo y luego se realiza un estudio de suelos.

“Así se construye el activo”, y luego de los procesos de verificación, “lo interesante de este programa es que, finalmente, los créditos de carbono no van a un intermediario, sino que van directo al productor”.

Este directivo de Forestblock asegura que tienen más de cincuenta mil hectáreas “que ya están en marcha en la primera fase”, que representan unos 11 productores.

A su vez, es factible que la provincia pueda generar su propia plataforma de marca blanca para poder comercializar todos los proyectos de crédito de carbono de su provincia.

Las probabilidades de avanzar son altas para Farjat, porque sostiene que las empresas locales, como las de la industria minera o la industria petrolera, “podrán compensar sus emisiones de forma local. Y esto no implica que sea un impuesto, sino que es un acompañamiento”.

Fuente: Redacción +P.

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