Felipe Rocha Parra y el quipo de investigación del CONICET, quienes impulsan el desarrollo de un ingrediente funcional a partir del aprovechamiento del orujo de manzana del Alto Valle. Foto: Gentileza Conicet.
Un proyecto desarrollado por Felipe Rocha, del CIT Río Negro (CONICET-UNRN), recibió una mención especial en el Premio Alimentación del Futuro 2026.
En el Alto Valle de Río Negro, donde la producción de manzanas forma parte de la identidad económica y productiva, un subproducto de la actividad podría convertirse en una nueva oportunidad de agregado de valor. Se trata del orujo de manzana, integrado por cáscaras, semillas, pedúnculos y restos de pulpa que quedan después del procesamiento de la fruta.
La región genera unas 84.000 toneladas anuales de este material, que presenta un desafío para la industria: su elevada humedad dificulta el almacenamiento y limita su valor comercial. Frente a ese escenario, el proyecto de Felipe Rocha propone aprovechar ese recurso para desarrollar un ingrediente funcional destinado a la elaboración de alimentos.
La iniciativa obtuvo una mención especial en la categoría Sostenibilidad del Premio Alimentación del Futuro 2026 , -certamen organizado por el Centro de Investigación y Asistencia Técnica a la Industria ( CIATI) y la Fundación Ciencia para el Ser- un reconocimiento que pone en relieve el potencial de las innovaciones capaces de combinar ciencia, aprovechamiento de recursos y nuevas oportunidades productivas.
El desarrollo se basa en la extrusión termomecánica. En este caso, la tecnología permite valorizar el orujo y convertirlo en un ingrediente funcional en polvo, con la posibilidad de obtener también pellets según la aplicación buscada.
Uno de los resultados destacados por el equipo es el incremento superior al 40% de la fibra soluble. Esta característica mejora la dispersabilidad del ingrediente en líquidos y amplía sus posibilidades de incorporación en diferentes formulaciones, tanto sólidas como líquidas.
El producto también aporta fibra dietaria, polifenoles y ácidos orgánicos, componentes de interés para el desarrollo de alimentos con características nutricionales específicas. Además, la propuesta apunta a obtener un ingrediente de origen vegetal, sin aditivos agregados, en línea con la tendencia clean label, que busca simpleza y más transparencia hacia el consumidor
El proyecto ya alcanzó una etapa de validación a escala piloto. Estos avances constituyen una base tecnológica para evaluar los próximos pasos hacia el escalado industrial. Entre las fortalezas de la iniciativa se encuentran la experiencia en tecnología de extrusión y transferencia, así como la capacidad de identificar qué características del orujo resultan más convenientes según la aplicación prevista.
El desarrollo cuenta, además, con respaldo científico a través de una tesis doctoral en curso. Según la información del proyecto, también existe un antecedente regulatorio vinculado con su incorporación al Código Alimentario Argentino mediante la Resolución 39/2025, un aspecto relevante para avanzar en la evaluación de sus aplicaciones.
El autor de esta innovación alimentaria es Andrés Felipe Rocha Parra, investigador asistente del CONICET y docente de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), quien lleva más de una década investigando alternativas para aprovechar el orujo de manzana y transformarlo en ingredientes de mayor valor nutricional.
De origen colombiano, Andrés Rocha Parra llegó a la Argentina en 2010 para realizar una maestría en Ciencia y Tecnología de los Alimentos en la Universidad Nacional de La Plata, donde comenzó a estudiar el uso de este subproducto como fuente de fibra para panificados sin gluten.
Posteriormente se radicó en Río Negro, donde continuó su trabajo en la Planta Piloto de Alimentos Sociales de la UNRN, en Villa Regina. Su investigación forma parte de una línea de trabajo orientada a valorizar los subproductos de las industrias de jugos y sidras mediante el desarrollo de nuevos alimentos e ingredientes funcionales.
El reciente reconocimiento en el Premio Alimentación del Futuro representa un nuevo impulso para esta trayectoria, que busca conectar la investigación científica con las necesidades de la industria frutícola regional y generar alternativas de agregado de valor a partir de recursos del Alto Valle.
FUENTE: Conicet - CIATI con aportes de Redacción +P
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