El dato que preocupa al mercado: la salida de terneros cayó a la mitad
La oferta de terneros tocó mínimos históricos en enero y refuerza el escenario de escasez que impulsa los precios en el mercado ganadero.
A pocas semanas de iniciado el año, las tendencias del mercado parecen confirmarse. La escasez de terneros comienza a reflejarse en la limitada oferta que llega al mercado, lo que, consecuentemente, se traduce en un aumento de los precios. Un reflejo contundente de esta situación se observó en el segundo remate del año de ROSGAN. Con una oferta de poco más de 6.000 terneros/as, los valores de referencia se incrementaron en promedio más de un 10% respecto a enero. El indicador de precios del ternero ROSGAN para febrero se ubicó en $6.222 por animal, frente a los $5.662 registrados en enero.
Medido en términos reales —ajustado por el IPIM—, el valor actual del ternero resulta un 48% superior a los $4.239 equivalentes registrados hace un año, y supera en un 74% los $3.609 que representan el promedio histórico de la serie, iniciada en 2010.
Lógicamente, los altos valores que hoy registra el ternero se trasladan al resto de la hacienda, especialmente a las categorías de cría, cuyos precios también comienzan a afirmarse tempranamente.
Como referencia, el indicador surgido del último remate de ROSGAN muestra un Índice de Precios para la Cría (PIRC) que, medido en moneda constante, refleja un incremento interanual del 66%. Es decir que los vientres vienen acompañando de cerca la suba de los terneros. Actualmente, reponer una vaquillona preñada sigue requiriendo la venta de aproximadamente dos terneros, relación que se mantiene dentro de sus promedios históricos.
No obstante, a partir de marzo/abril —cuando el productor comienza a descartar los vientres vacíos y menos productivos tras los destetes— es probable que se observe un mayor interés por la reposición, con valores aún más firmes tanto para la vaquillona como para la vaca preñada o con cría.
Por el momento, los altos valores del ternero comprimen los márgenes para los eslabones intermedios, tanto para el invernador tradicional como para el engorde. Si bien los precios del novillo gordo también se mantienen firmes, los márgenes para la reposición resultan ajustados. En febrero, la relación ternero/novillito se ubica en torno a 1,36, mientras que un año atrás estaba por debajo de 1,20, en línea con el promedio histórico para ese mes (1,18). Esto significa que reponer un ternero tras la venta del gordo cuesta entre un 10% y un 15% más caro.
En cambio, en el caso del feedlot, existe una mejora proveniente de la relación con el grano. Actualmente, por cada kilo de novillo gordo que sale a faena ($4.600/kg), el feedlot puede reponer cerca de 18 kilos de grano ($260/kg), unos 5 kilos más que en febrero del año pasado. La relación histórica para este mes es de aproximadamente 12,5 kilos, lo que evidencia que el poder de compra del novillo gordo sobre el cereal es un 40% superior al promedio histórico.
Aun así, la fuerte puja que ejercen tanto invernadores como engordadores no alcanza para impulsar una salida fluida de terneros desde los campos. En efecto, semanas atrás se mostrábamos que, durante enero -según las estadísticas de traslados del SENASA-, la salida de terneros y terneras con destino a cría o invernada alcanzó el nivel más bajo para ese mes en los últimos años: 346.426 cabezas, prácticamente la mitad de lo registrado en enero del año pasado.
En lo que va de febrero, el ritmo de traslados continúa siendo lento. Comparando la salida de terneros en base diaria, se aprecia un incremento de apenas el 14% respecto a enero, cuando habitualmente el salto cuantitativo entre el primer y el segundo mes del año ronda el 50%.
Tal como mencionábamos en el Lote anterior, desde el punto de vista climático, si bien algunas zonas atraviesan déficits significativos de lluvias, la seca no afecta a todas por igual. En las regiones con precipitaciones adecuadas, los productores retienen la hacienda, lo que se refleja en las estadísticas de traslados. En cambio, en zonas del centro-sur de Buenos Aires, La Pampa, San Luis y el sur de Córdoba, donde la falta de agua limita de manera significativa la capacidad de carga de los campos, la salida al mercado puede acelerarse. No obstante, el fenómeno sigue estando relativamente sectorizado, a diferencia de secas anteriores, cuando la generalización del evento obligaba a muchos productores al encierre anticipado y a faena liviana.
De todos modos, hacia adelante y, más allá del ritmo de salida, el balance general estará determinado por la cantidad efectiva de terneros obtenidos. Preliminarmente, comenzaron a difundirse datos parciales de vacunación por zonas que, a priori, no evidenciarían la recuperación esperada. Si bien será necesario esperar la confirmación oficial a nivel nacional, a medida que avance la zafra, el mismo mercado comenzará a reflejar con mayor claridad el nivel de escasez que perciba en relación con la demanda.
Si a esto se suman otras zonas de Santa Fe y Entre Ríos, donde —aunque con porcentajes de afectación significativamente menores— también se registran déficits hídricos considerables, el impacto potencial sobre la producción ganadera se amplía.
De hecho, al ponderar este 9% del área total afectada a nivel nacional según el stock ganadero por provincia publicado por el SENASA al 31 de diciembre de 2024 (último dato disponible), se estima que aproximadamente el 15% del rodeo nacional se encuentra en zonas bajo algún grado de riesgo por sequía, lo que equivale a unas 7,5 millones de cabezas.
Si bien la cifra es significativa, en términos relativos representa menos de un tercio de la hacienda afectada durante la sequía 2022-23, cuando prácticamente el 50% del territorio nacional estuvo bajo riesgo severo, afectando a más de 26 millones de cabezas de ganado.
Por otra parte, a diferencia de años anteriores, los principales modelos climáticos que monitorean el fenómeno ENSO, indican que las condiciones de La Niña continúan debilitándose, y se espera que se disipen hacia el mes de marzo. Aunque sus efectos todavía se registran tanto en el océano como en la atmósfera, la probabilidad de que persista durante el resto del verano se ha reducido al 20%. En cambio, aumenta la probabilidad de transición hacia condiciones neutrales a partir del trimestre febrero-abril, que se mantendrían hasta mediados del invierno.
Por el momento, existe una alta expectativa respecto de los pronósticos de lluvia para las próximas dos semanas. Aunque se prevé que las precipitaciones se concentren principalmente en la franja este del país, podrían brindar un alivio oportuno a varias zonas de Córdoba, el oeste de Buenos Aires, La Pampa y San Luis, donde hoy se concentra el mayor riesgo climático.
Ahora bien, si estas previsiones no se cumplen o resultan deficitarias, en las próximas semanas podrían observarse salidas de hacienda más rápidas de los campos. Sin embargo, a diferencia de otros años en que las condiciones adversas se extendían de manera generalizada, esto no implicaría necesariamente un encierre anticipado ni un aumento de remisiones a faena. Por el contrario, el fenómeno debería considerarse como un evento transitorio y territorialmente limitado, que en principio no alteraría de manera significativa las tendencias que se vienen consolidando en los sistemas productivos y que posicionan a la ganadería argentina en el sendero correcto para el crecimiento del sector.
Fuente: Rosgan.







