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La historia del Tambo del 99 en Comodoro: el legado de José Güil en la Patagonia indómita

La historia del Tambo del 99, en Comodoro Rivadavia, es un legado de resiliencia. Del reparto a caballo a los olivos centenarios de José Güil en el corazón patagónico.

    Mucho antes de que el paisaje de Comodoro Rivadavia estuviera dominado por la industria petrolera, el sonido que despertaba a la ciudad no era sólo el del viento o de los motores, sino el de los cascos de caballos sobre la tierra seca. Este es el escenario de la historia de José Güil, un inmigrante español (de Málaga, para ser más exactos) que llegó el 25 de octubre de 1920 para trabajar en el ferrocarril de Valcheta (Río Negro) y en las torres de madera de Astra, a 20 kilometros de Comodoro Rivadavia.

    Su historia no terminó en Astra, ese emblemático barrio comodorense con ínlfulas de pueblo, sino que Guil decidió jugásesela y sembrar su propio destino en un cañadón resguardado entre los cerros Chenque y Viteau. En ese lugar indómito, allá por el año 1928, Güil apostó por lo que se conocería como el “Tambo del 99”.

    José Güil, inmigrante llegado a la Argentina en la década del 20, fundó el tambo tras desarrollar parte de su trayectoria laboral en el ferrocarril.

    José Güil, inmigrante llegado a la Argentina en la década del 20, fundó el tambo tras desarrollar parte de su trayectoria laboral en el ferrocarril.

    El nombre del proyecto unía dos mundos: la producción láctea y la fiebre del oro negro. El predio se encontraba junto a la "playa del 99", denominada así por una antigua instalación y perforación de YPF en la franja costera de Comodoro Rivadavia. Ese sitio es un hito en sí mismo: allí estaba el histórico Pozo N° 2, qte inauguró la producción petrolera en la zona cuando fue descubierto el 13 de diciembre de 1907.

    La vida en el tambo era un desafío al clima, gélido y tan diferente al de Málaga. Cada jornada comenzaba en la madrugada cuando el frío patagónico calaba los huesos. Desde La Rinconada, el nombre que recibió este rincón fértil salía el reparto diario. Primero en carros y luego en camionetas, la leche fresca llegaba a hogares y destinos críticos como el Hospital Alvear, convirtiéndose en un clásico para comenzar el día.

    El histórico "Tambo del 99" funcionó en el predio La Rinconada desde que José Guil lo fundara en 1928.

    El histórico "Tambo del 99" funcionó en el predio La Rinconada desde que José Guil lo fundara en 1928.

    "Se retiró a los 80 años de la tarea y administración tambera. Nos legó la cultura del trabajo con su ejemplo. En el tambo no existían sábados, domingos ni feriados. La Rinconada siempre recibía mucha gente amiga. Parecía un hotel restaurante", recuerda en redes sociales Leticia Mónica Oliván Güil, descendiente del pionero y quien abrió una sala histórica familiar en el lugar.

    El milagro de los olivos

    Si un tambo en el medio de dos cerros de Patagonia Sur, donde el clima es hostil y todo está por hacerse, es novedoso, lo que sigue lo es aún más. La Rinconada guardaba otra sorpresa. Diego María Piñero Molina, otro inmigrante de España, en este caso de Almería, encontró en este cañadón un microclima que le recordaba a su tierra natal.

    Los carros lecheros hacían el reparto a caballo.

    Los carros lecheros hacían el reparto a caballo.

    Decidió plantar semillas traídas de Europa, desafiando a quienes creían que nada podía crecer bajo el viento constante. Hoy, casi un siglo después, esos doce olivos centenarios siguen en pie y produciendo aceitunas, siendo objeto de estudio por su asombrosa adaptación.

    Hoy, el antiguo tambo ha mutado en un museo familiar dirigido por Leticia Mónica Oliván Güil, donde las herramientas oxidadas y las fotografías en sepia cuentan la historia de un Comodoro que se forjó con esfuerzo, arraigo y el sueño de los que llegaron de lejos para echar raíces.

    FUENTE: Comodoro Conocimiento, Museo Nacional del Petróleo, crónicas periodísticas y aportes de Redacción +P.

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