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Merluza: ¿Se recuperó el stock del Golfo San Matías tras la emergencia pesquera?

Un buque recorrerá el Golfo San Matías para medir cuánta merluza hay y de qué tamaño. En 2024 se vio cierta recuperación, pero sin valor comercial.

25.706 toneladas. Ese es el último número firme que existe sobre las existencias de merluza del Golfo San Matías, un indicador que ya tiene dos años. Salió de la campaña REDE 2024 y, leído rápido, parecía una buena noticia: la biomasa se había duplicado respecto de 2022, el peor registro de toda la serie histórica. Leído completo el informe, decía otra cosa: el stock seguía en torno a la mitad de los valores históricos de referencia, y casi la mitad de esos peces, eran juveniles que todavía no llegan a tamaño comercial.

Desde este lunes, el buque Mar Argentino, del INIDEP, vuelve a recorrer el golfo para actualizar esa foto. Llegó a Puerto del Este contratado por el gobierno de Río Negro, y durante 12 días los investigadores del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos "Almirante Storni" (CIMAS) harán relevamientos de las poblaciones de peces y de las condiciones ambientales. La campaña se llama REDE 2026 y, en el fondo, intenta responder una sola pregunta: si el golfo se recuperó o no después de tres años y medio en emergencia pesquera.

Medir lo mismo, en el mismo lugar

El valor de la campaña no está en el número aislado que arroje, sino en la comparación y el patrón metodológico de la investigación. Es el mismo barco que hizo el relevamiento de 2024, y el diseño de muestreo se repite para que los datos sean comparables. Así lo planteó el subsecretario de Pesca y Producción Acuícola, Gustavo Gualtieri: “Lo importante es que no estamos mirando una fotografía aislada, sino cómo evoluciona el recurso a lo largo de los años. Vamos a medir abundancia, distribución, tamaños y condiciones reproductivas, además de estudiar el ambiente marino”.

El funcionario fue explícito sobre para qué sirve esa información: “Es la que necesitamos para evaluar las medidas que se vienen aplicando y establecer cuánto y cómo se puede pescar sin comprometer la recuperación de las poblaciones”.

El método ya lo había explicado a +P el investigador del CONICET Raúl González, con años de trabajo en el CIMAS de San Antonio Oeste: se mide la abundancia por área barrida, con entre 42 y 44 lances de pesca, “siempre en los mismos puntos”, y una duración estandarizada de entre 20 y 30 minutos. Además de la merluza, esta vez se estudiarán la anchoíta y el langostino, y se registrarán temperatura, salinidad, oxígeno y nutrientes del agua.

El punto de partida fue “tierra arrasada”

Para entender qué se busca medir hay que volver a 2022. Aquel relevamiento del CIMAS encendió todas las alarmas. “En el Instituto de Biología Marina hicimos una campaña de investigación y encontramos que el stock de merluza estaba reducido al 20% de sus valores históricos de biomasa”, recordó González. Un golfo que había sostenido entre 40.000 y 50.000 toneladas de merluza, y producciones de unas 10.000 toneladas anuales, había caído a una fracción de eso.

La causa estaba unos años antes, con la llegada del langostino. Desde 2012, por su alto precio, el descarte se volvió asombroso: por cada kilo de langostino que se subía a bordo, se tiraban al mar hasta cinco kilos de merluza. Los barcos autorizados para el crustáceo empezaron a usar redes con malla de 45 milímetros, cuando la pesca de merluza se hace con malla de 120. Hasta los ejemplares pequeños quedaban atrapados.

“Entre 2016 y 2021 hubo un descontrol: se dieron permisos de pesca sin ningún control para el langostino. Como al pescar langostino también sale merluza, la tiraban de nuevo al agua ya muerta. Así arruinaron todo el stock de merluza pescando langostino”, sintetizó el investigador.

El propio informe del CIMAS calificó esa situación de sobreexplotación como “un escenario inédito en la historia de la pesquería”. En mayo de 2023, mediante el Decreto 480/23, Río Negro declaró la emergencia pesquera en el Golfo San Matías. Nunca se levantó.

La recuperación fue en volumen, no en tamaño

La campaña REDE 2024, hecha entre el 2 y el 12 de noviembre de ese año, trajo la primera señal de cambio, pero con letra chica. El informe técnico registró “un incremento aproximado del 100% en la biomasa total”, aunque todavía un 50% por debajo de los valores históricos. El rendimiento promedio fue de 466 kilos por hora de arrastre, menor al de todas las campañas previas con idéntico diseño de muestreo: 2006, 2007, 2009, 2016 y 2018.

El dato decisivo estuvo en la composición de ese crecimiento. La población de “Edad 1 (menores de 25 cm de largo total) y 2-3 (entre 25 y 40 cm de largo total)” creció un 400%. Es decir, el rebote lo explicaban los peces chicos. “Encontramos que casi el 47% de la biomasa se encuentra distribuida en tallas juveniles y no comercializables”, señalaron los científicos.

De ahí la conclusión, que fue doble. Por un lado, “un excelente escenario a futuro para el stock”. Por el otro, “un desafío para la producción pesquera a corto y mediano plazo”, porque “desde el punto de vista productivo, la recuperación de la población aún no estaría reflejándose en posibilidades de aumentar las capturas a corto plazo”.

Dos años después, González lo resumió en una línea: la biomasa se recuperó “pero no en tamaño, sino apenas un poco en volumen”. De unas 11.000 toneladas se pasó a unas 25.000, todavía lejos de las 40.000 o 50.000 históricas.

La biología de la merluza no se apura por decreto

La pregunta de si el golfo ya se recuperó choca con un límite biológico. La merluza vive entre siete y nueve años, y para llegar a un tamaño de 40 a 50 centímetros tarda como mínimo entre cinco y seis.

Hay un antecedente en el mismo golfo. Entre 1995 y 1999 hubo un deterioro similar por exceso de esfuerzo pesquero. En el año 2000 se aplicaron paradas biológicas, vedas y restricciones, y recién en 2008 aparecieron signos positivos de recuperación. “O sea, en ese momento se tardó 8 años en reparar aquellos excesos”, recordó el investigador.

En diciembre de 2024, el intendente de San Antonio Oeste, Adrián Casadei, admitió que la crisis de la pesca era “por responsabilidad de quienes tenemos la obligación de dirigir, porque nos equivocamos”.

Una emergencia que se renueva a falta de datos nuevos

Desde 2023, la emergencia se prorrogó una y otra vez. En junio de 2024, con el Decreto 551/24, se extendió por un año. En junio de 2025, al no observarse una recuperación de la merluza a niveles sustentables, se renovó por seis meses. En enero de 2026, el Decreto 15/2026 volvió a extenderla, con un argumento tomado de la REDE 2024: la biomasa había crecido, “pero el mismo representa un 50% de los valores promedios históricos de referencia considerados biológicamente sustentables a largo plazo”.

En julio llegó una nueva prórroga de seis meses, fundamentada en la falta de información científica actualizada y en la persistencia de la crisis. Los propios sectores industrial y artesanal advirtieron que atraviesan una situación crítica por la escasez de merluza y pidieron sostener la emergencia hasta contar con datos concluyentes.

Mientras tanto, la pesca funciona en régimen de subsistencia. Cada barco puede capturar el 75% del promedio desembarcado en 2021, 2022 y 2023, lo que fija un tope de 3.000 toneladas anuales para el sector industrial, con no más de 90 salidas al año. Las plantas procesadoras se fueron quedando sin materia prima, con quiebras y despidos.

A comienzos de 2026 hubo un repunte del langostino, con 30 lanchas y un barco artesanal que desembarcaron 67.500 kilos, pero la merluza, el principal recurso del golfo, siguió en niveles críticos.

Con estos datos se van a fijar los cupos

La campaña que arranca no es solo un diagnóstico. Sus resultados alimentarán los planes de manejo pesquero que la Provincia elabora junto al CIMAS, el Consejo Federal de Inversiones y representantes de los sectores artesanal e industrial. Según explicó Gualtieri en una entrevista previa, de esos estudios surgirá la captura máxima permisible del golfo, y sobre ese número se definirán los cupos para cada actor, empezando por la merluza.

En paralelo, la Provincia anunció una inversión de US$ 220.000, provenientes del VMOS, para incorporar maquinaria y una cámara de congelado en la Terminal Pesquera Artesanal de San Antonio Oeste, con el objetivo de mejorar la conservación de las capturas y reducir la dependencia de plantas de otras localidades. “Necesitamos cuidar lo que tenemos y lograr que una mayor parte del valor de la producción quede en nuestras comunidades”, dijo el ministro de Desarrollo Económico y Productivo, Carlos Banacloy.

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