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Se expande el conejo en Neuquén y analizan herramientas de control

Aseguran que en breve el conejo ingresará a Río Negro. No descartan una legislación específica. Compiten con chivos, vacas y ovejas por el pasto.

Pequeño, peludo y simpático, el conejo se propaga en Neuquén y Río Negro y ya se ha convertido en un problema de Estado. Profesionales del Centro de Ecología Aplicada de Neuquén (CEAN), de la Secretaría de Producción e Industria y de la Dirección Provincial de Fauna trabajan para diseñar mecanismos de control. En 10 años se incrementó un 32 % la expansión territorial de este herbívoro que cava madrigueras de múltiples galerías y que se come los pastos más tiernos de los campos ganaderos y también los rebrotes de los bosques.

En Chile le inocularon un virus que les causa la muerte para reducir su presencia, un método no autorizado en Argentina. Lo cierto es que se propaga de manera muy veloz a fuerza de su famosa capacidad de reproducción. La madurez reproductiva la logran entre los 3 y los 6 meses de vida, y tienen entre 5 y 7 pariciones al año, de unos 5 individuos cada una.

El subsecretario de Planeamiento del Municipio de Bariloche, Alfredo Allen, fue quien la semana pasada puso otra vez en agenda al conejo. En medios locales habló de una “invasión que viene de Neuquén”. Aseguró que “implican un riesgo para la vegetación local”, como las frutas finas. “Estamos haciendo tareas de prevención, porque se comen los renovales (los brotes que surgen, por ejemplo, luego de los incendios), principalmente de especies nativas”.

Una expansión sin remedio

Desde la sede del CEAN en Junín de los Andes, la doctora en Biología y directora de Ecosistemas Terrestres, Luciana Piudo, asegura que “lo que estamos viendo es que esa expansión se está haciendo hacia el sur, y es verdad que van a llegar a Río Negro”.

Los estudios dan cuenta de que estos animales “se están expandiendo hacia el sureste, principalmente por el río Neuquén, porque el río ofrece lugares un poco más húmedos, donde el conejo puede instalarse, porque obtiene plantas mucho más afines a sus dietas”.

O sea, avanzan hacia el sur y hacia el este, luego de haber ingresado a la provincia desde Chile entre los años 1945 y 1950, por la zona de Andacollo. Luego de 70 años, comenzaron a competir con la ganadería por los pastizales (como ocurre en Santa Cruz, donde ovejas y guanacos compiten por el alimento), y comenzó a incrementarse la presión de los ruralistas sobre los funcionarios de gobierno.

Es que los investigadores tienen probado que, cuando entra el conejo a un campo, este “cambia muchísimo, porque disminuye muchísimo la capacidad de carga (cantidad de hacienda) de ese lugar”, sostiene Piudo.

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Luciana Piudo es una de las técnicas que trabaja en un manejo integrado para frenar una invasión que afecta campos, bosques y economías regionales.

Luciana Piudo es una de las técnicas que trabaja en un manejo integrado para frenar una invasión que afecta campos, bosques y economías regionales.

Detalló que “es otro herbívoro que está alimentándose de todos esos pastos que quizás vos estás utilizando para ganadería”, y a eso se agrega la destrucción del suelo, “porque, al hacer madrigueras, ese suelo empieza a quedar agujereado e inclusive pueden lastimarse los animales”.

En esas madrigueras conviven comunidades que van de los 7 a los 10 ejemplares, y tienen galerías y múltiples bocas de salida. “Y no siempre usan la misma para salir”, dice la investigadora consultada.

El conejo se especializa en comer “los brotes más tiernos” de algunas especies vegetales, “entonces cambia la estructura de la vegetación natural, lo que hace empobrecer las especies que están presentes en esos ambientes”.

Estrategias de control

La única herramienta vigente para su control en la provincia es la Ley de Fauna y sus decretos reglamentarios, que se actualizan cada año. Solo existe la caza deportiva para el aprovechamiento de la carne como herramienta más efectiva. Está habilitada todo el año y no hay cupo de capturas.

“Lo que pasa es que con eso solo no alcanza”, admite Piudo y reconoce que “hay que implementar estrategias diferentes”. Ante esa necesidad trabajan por estos días junto a la Secretaría de Producción e Industria y la Dirección de Fauna “para organizar algún plan para el control, y ahí veremos cuál es la mejor opción”, y no descarta que todo termine en una “norma legal específica”, donde se pueda plasmar “algún tipo de protocolo”.

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Su alta capacidad reproductiva y el daño a pastizales y renovales obligan a las autoridades a diseñar un plan de control específico.

Su alta capacidad reproductiva y el daño a pastizales y renovales obligan a las autoridades a diseñar un plan de control específico.

Descarta esta investigadora métodos como los utilizados en Chile, donde se introdujo un virus específico que solo ataca a los conejos. Aclara que ese método “acá no está habilitado”, aunque en algún momento se lo aplicó en Tierra del Fuego. Se trata de una infección que afecta las mucosas del animal, pero considera que “faltan estudios” para medir su efectividad.

Y da razones biológicas para descartarlo como primera opción, porque, como explica, “cuando uno libera un virus a una población, parte de esa población es resistente al virus naturalmente, y se estima que en general es un cinco por ciento”.

Entonces es posible que exista una primera disminución de la población, “pero te va a quedar un cinco por ciento que va a ser resistente al virus, y ese cinco por ciento, que parece que no existe porque casi no lo vas a ver, porque es una cantidad pequeña, a lo largo del tiempo se va a seguir reproduciendo, y en unos años vas a tener otra vez un montón de conejos, pero quizás más resistentes”.

El camino que se analiza en Neuquén es primero realizar un diagnóstico para saber dónde están los conejos. “Se trabaja en un manejo integrado y adaptativo”, y una de las acciones en análisis es la destrucción de las madrigueras, porque “de esa manera no se pueden reproducir”.

Pasto para las fieras

Y además el conejo genera un ambiente propicio para que se incremente el número de los predadores más temidos por los ganaderos, como el puma y el zorro. Los conejos “se volvieron presa de muchos de los carnívoros nativos”, y esa disponibilidad de alimento para los carnívoros “también está causando problemas en algunos lugares, porque donde hay mucho conejo también puede aumentar la abundancia de puma, y eso puede tener consecuencias para la producción”. Ocurre que “si el puma tiene más para comer, entonces se reproduce mejor, y puede ser que aumente la abundancia”, lo que deriva en un incremento en el conflicto que plantean los crianceros dedicados al ganado menor, como chivos y ovejas.

Un estudio comparativo, que tomó investigaciones efectuadas en 2008 y otras del año 2016 sobre la distribución del conejo en la provincia de Neuquén, permitió apreciar que “había aumentado la expansión en un treinta y dos por ciento de ocupación del territorio”.

A pesar de sus similitudes visibles, al conejo no se lo puede comparar con la liebre. En principio, porque “son dos especies distintas”. Primero, el conejo es más chico que la liebre, tiene las orejas más cortas y la liebre en general es de color marrón. Y el conejo se destaca por su “gran potencial reproductivo”. Llegan a la madurez sexual entre los 3 y los 6 meses, pueden tener entre cinco y siete pariciones anuales de cinco crías cada una.

La liebre logra su madurez sexual más tarde y suelen tener entre dos y tres pariciones anuales de dos o tres individuos.

Alimento de colonos

Piudo recordó que el conejo fue introducido en la Argentina en torno al año 1700 en Tierra del Fuego, porque los colonos que llegaban en los barcos “iban llevando alimento a nuevos lugares, porque tenían miedo de llegar y no tener nada para comer”. Pero, como era una isla, fue plaga, pero no se propagó al continente.

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La explosión de conejos en Neuquén no solo afecta a la ganadería: también altera la cadena alimentaria y podría favorecer el aumento del puma, intensificando el conflicto con crianceros de la región.

La explosión de conejos en Neuquén no solo afecta a la ganadería: también altera la cadena alimentaria y podría favorecer el aumento del puma, intensificando el conflicto con crianceros de la región.

A Chile, sostiene la bióloga, llegan a fines de 1880, y por la misma razón: traídos por colonos que tenían miedo de pasar hambre. Su origen es europeo, “más que nada de la península Ibérica, oeste de Francia y norte de África”. Lo cierto es que a Neuquén “entran por Andacollo, entre los años 1945 y 1950”. “O sea que vienen de no hace tanto”, y desde ese punto comienzan a expandirse.

Hoy, el conejo está categorizado a nivel mundial como una de las cien especies invasoras más dañinas del mundo, y para Argentina “es una especie exótica invasora”; por lo tanto, “invade otros espacios, y es probable que invada un espacio dentro de Río Negro, como también lo hizo hacia Mendoza”.

Su distribución en Neuquén está definida por una tendencia marcada por registros de daños, y es en Junín de los Andes, San Martín de los Andes, Cuyín Manzano y Villa Traful donde surgen más reportes. También en el eje que va de Zapala a Las Lajas.

“Nosotros nos basamos un poco en encuestas, y estas encuestas están basadas en la percepción de las personas, y lo que nos resultó notorio, porque si bien la mayoría percibe un aumento, hay unos cuantos que lo ven estable”, y ahí surge otra particularidad, de reportes de “daños puntuales”.

“Es como una característica que tiene el conejo, que se expande como en parches y no como algo continuo”, dice esta doctora en Ecología sobre estos animales que prefieren lugares con pastizales, con arbustos, con humedad y con suelos que no sean arenosos, para que no se derrumben sus madrigueras.

Fuente: Redacción +P.

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