El resurgimiento de la cepa Tamarugal, el milagro de la vitivinicultura del desierto de Atacama
¿Es posible producir vino de clase mundial en el lugar más árido de la Tierra? La cepa Tamarugal desafía la lógica climática en el desierto de Atacama.
El desierto de Atacama, situado al norte de Chile, ostenta el título de la región más árida de todo el planeta. En este entorno aparentemente hostil, donde la vida vegetal enfrenta desafíos monumentales, surge una propuesta vitivinícola sin precedentes bajo el nombre de "Vino del desierto". Esta iniciativa técnica y científica rescata una variedad que los expertos consideran un milagro de la naturaleza y la perseverancia humana.
La historia de este renacimiento comenzó formalmente en el año 2003, cuando la investigadora Ingrid Poblete inició una búsqueda exhaustiva de especies locales antiguas. Durante su exploración en la región de Tarapacá, Poblete encontró plantas que sobrevivieron durante 100 años bajo el inclemente sol y la carencia extrema de agua.
Tras realizar análisis genéticos rigurosos y contrastar la información con las bases de datos vinícolas internacionales, la científica confirmó la ausencia de registros previos para esta variedad. Por tal motivo, la bautizó como Tamarugal, una cepa con una identidad genética única en el mundo.
Bombas en el desierto
El cultivo exitoso de esta vid exige una infraestructura precisa y un conocimiento profundo del terreno. Celestino Cruz, uno de los productores que apostó por este proyecto hace un año, estableció su viña en La Guaica, un sector caracterizado por la vacuidad absoluta del paisaje.
Para garantizar la hidratación de las plantas, Cruz emplea un sistema de riego por goteo alimentado por un sondaje que alcanza los 50 metros de profundidad. Una bomba extrae el recurso hídrico desde las capas subterráneas para distribuirlo mediante cañerías especializadas.
El cuidado constante de los ejemplares resulta vital, pues el entorno carece de nutrientes básicos y presenta desafíos constantes para cualquier agricultor.
Desde una perspectiva técnica, el ingeniero agrónomo Marcelo Lanino detalla los factores ambientales que moldean el carácter único de esta uva. El desierto de Atacama impone una alta radiación luminosa, una baja humedad relativa y un contenido de humedad mínimo en el suelo. A esto se suma la presencia de suelos con altos niveles de salinidad.
Estas condiciones extremas obligaron a la cepa Tamarugal a desarrollar mecanismos de defensa y adaptación fisiológica superiores a los de las plantas que crecen en regiones vitivinícolas tradicionales. Esta resistencia genética se expresa directamente en las propiedades del vino, otorgándole un perfil que lo diferencia de cualquier otro producto del mercado global.
El futuro
La relevancia de este hallazgo trasciende el ámbito local y adquiere importancia internacional. En un contexto de incertidumbre climática global, el material genético de la cepa Tamarugal ofrece claves valiosas para el futuro de la industria.
La capacidad de la vid para prosperar en escenarios de escasez hídrica y alta salinidad representa una ventaja competitiva frente al calentamiento global. El éxito en Tarapacá demuestra que la innovación técnica y el rescate de la biodiversidad local transforman paisajes desérticos en polos de producción de alta calidad, desafiando los límites de la agricultura moderna en el lugar más seco de la Tierra.
Fuente: France24 y El País con aportes de Redacción +P
En esta nota
Dejá tu comentario
Te puede interesar











