Presidenciales en Brasil: Lula habló del aumento del precio de la carne en plena campaña.
En Porto Alegre, el presidente brasileño reconoció la suba del costo de vida y recomendó comer huevo si no hay carne, o volver al arroz con frijoles de su juventud si no hay ninguna de las dos cosas.
Cuando faltan menos de 20 días para las elecciones generales en Brasil, el Presidente Luiz Inácio “Lula” Da Silva se metió de lleno en uno de los temas más sensibles de la campaña: el aumento en los precios de la carne que acumula más del 10% de incremento en lo que va del año, un salto considerable frente a la inflación anual del 2025 que fue del 4,26%.
"Nos encanta el huevo muchísimo. Si no hay carne, comemos huevo; si no hay huevo, comemos carne", dijo el presidente da Silva, el viernes 11 de septiembre, durante un acto de campaña en el Largo Glênio Peres, en el centro histórico de Porto Alegre. Pero fue más allá: "Pero cuando no hay ninguna de las dos cosas, comemos como yo comía cuando llevaba la vianda a la fábrica: arroz y frijoles solos, porque no había 'mistura'" —el término coloquial brasileño para el acompañamiento de carne— en referencia a su época de tornero mecánico.
Lejos estuvo de apuntar y culpar por esta situación a los productores o a la industria cárnica, sino que se plantó en un andarivel pragmático y atado a las reglas del mercado: Si un producto está caro, no se compra y se come arroz con frijoles.
El fenómeno de los precios altos de la carne, que explica también lo que pasa en Argentina en ese rubro, está vinculado a los “saldos exportables”: Brasil está batiendo récords de exportación de carne vacuna en el mismo año en que sus propios ganaderos entran en la fase más restrictiva del ciclo pecuario.
Mientras, desde la semana pasada se reactivaron los memes sobre una vieja promesa del Presidente, de la "picanha para todos". Lula reconoció el problema sin vueltas: "Sé que el costo de vida está caro. Sé que ustedes van al supermercado y las cosas están caras (...) La carne está cara, el café está caro. El año pasado, el huevo estaba por las nubes."
La frase generó polémica en las redes por lo que muchos leyeron como una minimización del problema. Pero detrás del exabrupto hay un dato real: la carne, está más cara que nunca en Brasil, y no por falta de producción sino por una combinación de fenómenos.
El ciclo ganadero cambió de fase: ahora Brasil, que es el principal exportador de carnes del mundo, retiene vientres en lugar de mandarlos a faena.
Esto ocurre porque Brasil viene de dos años —2024 y 2025— de faena muy alta, en parte porque muchos productores usaron el ganado como caja rápida ante dificultades en otras actividades agrícolas. Ese proceso licuó parte del stock reproductivo: según la Confederação da Agricultura e Pecuária do Brasil (CNA), las hembras representaron el 49,9% de los animales faenados en 2025, una proporción que compromete la disponibilidad de terneros futuros. Ahora el país entra en la fase inversa del ciclo pecuario: los productores retienen vientres para reconstruir el rodeo en lugar de enviarlos a faena, lo que reduce la oferta de animales terminados en el corto plazo.
Un analista del banco Itaú BBA lo resumió así: "Estamos saliendo de la fase de exceso, y la fase de escasez ni siquiera ha comenzado", con una proyección de varios años en ese sentido. La consultora Datagro estima una caída del 5,3% en la faena de ganado para el año próximo, tras dos ejercicios consecutivos de crecimiento; Rabobank calcula una baja de entre 5% y 6%.
La propia CNA proyecta una contracción del 4,5% en la producción de carne bovina para 2026 y anticipa que la menor disponibilidad "debe elevar los precios en el mercado interno y aumentar la competitividad de carnes sustitutas, como pollo y cerdo". Como señal típica de esta fase de recomposición, el precio del ternero ya subió 24,23% en doce meses.
Mientras el rodeo se contrae, las ventas al exterior no paran de crecer. Según el Beef Report 2026 de la Associação Brasileira das Indústrias Exportadoras de Carnes (ABIEC), Brasil exportó 3,5 millones de toneladas de carne bovina a 177 países en 2025, con una facturación récord de USD 18.000 millones: un salto de 20,6% en volumen y de 40% en ingresos respecto de 2024, la mejor marca de la historia del sector.
Ese impulso exportador no es parejo ni garantizado. Tres mercados concentran cerca del 65% de las colocaciones brasileñas y los tres atraviesan tensiones propias: Estados Unidos, tras levantar un arancel temporal del 50%, disparó sus compras 24% en el año y ya sumaba 210.000 toneladas hacia mitad de 2026; China redujo en 24% la cuota asignada a Brasil respecto de 2025 (1,106 millones de toneladas contra 1,458 millones) y hacia fines de julio el país ya había consumido el 80% de ese cupo anual; y la Unión Europea excluyó a Brasil en mayo por controles antimicrobianos, con una posible reincorporación que podría demorar hasta dos años por los tiempos biológicos de la producción. A esa demanda se suma un apetito creciente de Medio Oriente y África.
La lectura de que exportar más encarece la mesa de los brasileños no es unánime. Roberto Perosa, presidente de ABIEC, sostiene una versión casi inversa: para la industria frigorífica, es la exportación la que evita que el consumidor interno sufra un shock de precios mayor.
"La exportación complementa y crea un mix que evita la necesidad de una elevación aguda de precios en el mercado interno", planteó Perosa. El problema, para él, es que ese equilibrio se está rompiendo por las restricciones externas antes descriptas: "Ese mix, que antes traía la garantía de una remuneración mejor en el mercado externo, hoy no existe, principalmente por la situación con China."
El propio sector exportador dice atravesar un momento de rentabilidad ajustada, no de bonanza: "Estamos viendo a varias industrias con mucha dificultad, sea económica o de compra de animales, y la mayoría está trabajando en rojo", admitió, en referencia a medidas como vacaciones colectivas y reducción del ritmo de faena que ya aplican varios frigoríficos ante la menor demanda asiática y la eventual pérdida del mercado europeo.
Los números de reparto le dan sustento parcial a ese argumento: según el mismo Beef Report, el mercado interno absorbió 7,87 millones de toneladas equivalente carcasa en 2025, el 63,3% de la producción nacional, con un consumo per cápita estimado en 37,04 kilos por habitante al año. Es decir que, pese al récord exportador, casi dos tercios de la carne vacuna que produce Brasil se queda en el país. El faltante no es de volumen total sino de ritmo: la oferta de animales para faena cae más rápido de lo que crece el consumo, y ese desajuste es el que empuja el precio, tanto para el mercado interno como para el externo.
FUENTE: Redacción +P
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