El 55% de los fruticultores reside en su unidad productiva, fortaleciendo el vínculo local.
El 46% de la superficie plantada en el Alto Valle Este está en manos de productores locales que tienen entre 20 y 100 hectáreas. Existe el doble de productores de menos de 40 años que en el resto del Alto Valle.
Un relevamiento realizado desde la Agencia de Extensión Rural de Villa Regina (AER) del INTA, que se basa en información primaria que se obtuvo en los últimos 5 años, demuestran que en la zona productiva del Alto Valle Este (AVE), que abarca desde Huego hasta Valle Azul, asoman indicios de una nueva fruticultura regional, basada en capitales locales, familiares, con fuerte arraigo en las chacras (el 55% de los encuestados viven en sus unidades productivas), y con una tasa de productores menores de 40 años que duplica a la que se registra en el resto de la región del Alto Valle.
Si bien existen las mismas debilidades que en el resto del Alto Valle, por rentabilidades acotadas o nulas según los casos, este conglomerado bajo estudio presenta al menos 4 fortalezas distintivas:
Dice el informe, sobre ese núcleo de establecimientos que tienen entre 20 y 100 hectáreas, que “los productores jóvenes se distinguen por ser, en su mayoría, la tercera generación dentro de familias frutícolas, con establecimientos que cuentan con infraestructura propia de empaque y/o frío. Presentan una marcada apertura hacia la innovación tecnológica y la gestión empresarial, y muchos de ellos poseen formación universitaria, lo que les permite conducir la unidad productiva con una visión de negocio. En conjunto, agrupan 133 productores que administran 4.650 hectáreas, constituyendo un segmento con alto potencial para el recambio generacional en la fruticultura regional”.
Por otro lado, el relevamiento indica que la superficie media por explotación asciende a 39 hectáreas, mientras que la media provincial se ubica en 21,2 hectáreas según datos de Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGYP) del año 2022. Entonces surge el dato preocupante luego de analizar los datos de los 229 productores que fueron objeto de las mediciones. Se pudo precisar que el 28% de los productores tiene hasta 10 hectáreas, “una superficie que suele considerarse de baja sostenibilidad en el corto y mediano plazo, en términos de rentabilidad y eficiencia”, según una conclusión de Catoira en un artículo del año 2023).
“Podría inducirse que, de no mediar estrategias estatales o privadas, esa cantidad de productores (63) corren el riesgo de salir del sistema frutícola regional en los próximos años y acrecentar la concentración productiva”, se advirtió. Vale aclarar que el muestreo del INTA, si bien contempla la existencia en AVE de 463 productores que administran 10.000 hectáreas (el 27% del total del Alto Valle), se hizo consultando al 49% de ese universo (229), con los que la institución tiene un trato habitual.
En el segmento de los que tienen entre 10 y 20 hectáreas, y que tampoco tienen su rentabilidad asegurada, se encuentran 121 productores, que representan el 53% del total de los chacareros, pero que en conjunto manejan apenas el 15% de la tierra cultivada. La concentración es palpable si se tiene en cuenta que el 6% de los más grandes (más de 100 hectáreas) controla el 39% de la superficie total.
Cansados de esperar que los números del negocio se reviertan para cosechar algunos beneficios, al menos el 31% de los productores “han incorporado otras actividades agropecuarias, principalmente alfalfa (el 50%) y maíz forrajero (el 19%), además de la ganadería, horticultura y agroindustrias artesanales”. ¿Qué buscan? “Alternativas de menor riesgo y menor demanda laboral”, es la respuesta concluyente plasmada en el documento.
Valle Azul, con sus actuales 2.000 hectáreas bajo riego y la posibilidad de sumar otras 3.000 en el mediano plazo, “emerge como un espacio con una economía más diversificada, combinando cultivos frutales, forrajes y ganadería”.
Lo cierto es que hoy, de los casos relevados por la Agencia de Extensión Regina AER, “39 combinan actividad frutícola con ganadera-forrajera y 17 realizan solo actividades forrajeras y ganaderas”
“Algunos especialistas lo llaman un retorno a la era prefrutícola”, dice Catoira, en referencia a las dos primeras décadas del siglo pasado, cuando era momento de fijar los suelos con alfalfa y viña.
El estudio permitió poner al descubierto otras dos particularidades que pueden decir mucho de la evolución que tuvo la fruticultura en el Alto Valle Este. Por un lado, “la residencia en la chacra se mantiene en el 55% de los casos, lo que fortalece la vinculación con el territorio y la gestión de las explotaciones”.
Pero, además, si bien dentro del ejido de Villa Regina, se encuentra el 46% del total de unidades productivas, ese porcentaje que se eleva a más del 57% si se consideran aquellos residentes que tienen actividad productiva tanto en Regina como en otras localidades de la zona.
“Los datos evidencian la coexistencia de pequeños, medianos y grandes productores, con medianas explotaciones familiares consolidadas como eje central del sistema, con óptimos índices de relevo generacional”.
Fuente: Redacción +P
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