Nació la "Mesa de Bodegas Fraccionadoras", ¿la unión hace la fuerza?
¿Transformará la Mesa de Bodegas Fraccionadoras el futuro del vino en San Juan? Nueva alianza público-privada impulsa competitividad.
La reciente formalización de la Mesa de Bodegas Fraccionadoras en San Juan, bajo el Programa de Desarrollo Vitícola, marca un hito estratégico para una de las industrias más emblemáticas de la región. Este espacio, que reúne a actores clave del sector público y privado, busca consolidar un diálogo estructurado para abordar los desafíos y potenciar las oportunidades de las bodegas fraccionadoras, un eslabón crítico en la cadena de valor vitivinícola.
El encuentro fundacional congregó a 13 representantes presenciales y cuatro bodegas de Calingasta de manera virtual, incluyendo a la Cámara de Bodegueros, la Asociación de Elaboradores de Vinos Artesanales (AEVA) y bodegas independientes. Esta diversidad asegura una representación amplia, abarcando desde pequeños productores hasta actores consolidados, lo que fortalece la legitimidad de la iniciativa. La Secretaría de Desarrollo Vitivinícola, a través de su Dirección especializada, lideró la coordinación, enfatizando la necesidad de políticas públicas que respondan a las demandas reales del sector.
La creación de esta mesa se suma a las ya existentes de uva en fresco y pasas, completando un trípode estratégico que aborda integralmente los principales segmentos de la vitivinicultura sanjuanina. Entre los objetivos destacados está la mejora de la competitividad en el mercado nacional e internacional, un desafío clave en un contexto de creciente competencia global y fluctuaciones en los costos de producción. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), San Juan aportó en 2024 el 25% de la producción nacional de vinos, pero enfrenta retos como la concentración del mercado y la necesidad de innovación en procesos y productos.
La Mesa de Bodegas Fraccionadoras no solo facilitará la articulación de políticas públicas, sino que también promoverá la innovación, como la adopción de tecnologías para la eficiencia hídrica o la certificación de sostenibilidad, aspectos críticos en un mercado global cada vez más exigente. Además, la inclusión de bodegas artesanales abre la puerta a la valorización de productos de nicho, que podrían captar segmentos premium en mercados internacionales.
Sin embargo, el éxito de esta iniciativa dependerá de la continuidad del diálogo y de la capacidad de traducir las necesidades identificadas en acciones concretas. Los productores han señalado históricamente obstáculos como el acceso al financiamiento, la presión fiscal y las barreras logísticas para la exportación. Resolver estos puntos será crucial para que la mesa no quede en un mero espacio de discusión, sino que se convierta en un motor de transformación.
En un contexto económico donde la vitivinicultura representa una fuente clave de divisas y empleo para San Juan, esta alianza público-privada es un paso hacia un modelo de desarrollo más inclusivo y competitivo. La pregunta ahora es si logrará alinear los intereses de todos los actores para posicionar a San Juan como un referente global del vino.
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