Vitivinicultura argentina en rojo: precios caen 5% mensual y rentabilidad se hunde
¿Por qué el vino argentino sigue en crisis? En noviembre 2025, el Semáforo de Coninagro mantuvo a la vitivinicultura en rojo, con precios al productor 5% más bajos que el mes anterior.
El Semáforo de Economías Regionales que elabora mensualmente Coninagro volvió a encender luces de alarma para la vitivinicultura argentina. Durante noviembre de 2025, la actividad vino y mosto se mantuvo en zona roja junto a otras cinco producciones: yerba mate, arroz, papa, hortalizas y algodón. Este color indica una situación crítica en al menos dos de los tres componentes analizados: negocio, productivo y mercado.
El sector vitivinícola acumula casi una década con indicadores predominantemente negativos. Según el histórico del índice (desde 2018), la vitivinicultura pasó cerca del 70% de los meses en rojo, lo que la convierte en una de las economías regionales más comprometidas del país, solo equiparable a los cítricos dulces.
Precios al productor en retroceso
El componente de negocio mostró el mayor deterioro. En noviembre de 2025, el precio promedio pagado al productor alcanzó $385 por litro, lo que representó una caída del 5% respecto del mes anterior. En la comparación interanual, el valor registró apenas un incremento del 11%, muy por debajo de la inflación acumulada en el período (31%). Este desfase erosiona el poder adquisitivo y la rentabilidad de los viñateros, ya que los costos operativos continúan creciendo a mayor ritmo que los ingresos por uva.
La debilidad en los precios percibidos explica en gran medida la persistencia del rojo. Los productores enfrentan una combinación letal: demanda interna estancada o en baja, presión de costos crecientes y una recuperación muy lenta de los márgenes.
Superficie en contracción, producción con leve repunte
El componente productivo presenta señales mixtas. El área destinada a la vitivinicultura se ubicó en 200 mil hectáreas durante 2025, lo que refleja una disminución del 2% respecto del período previo (205 mil hectáreas). Esta reducción de superficie evidencia la salida de productores ante la falta de rentabilidad sostenida.
Sin embargo, la campaña 2025 cerró con una producción de 19,9 millones de quintales, un incremento del 4% en comparación con la campaña anterior (19,1 millones de quintales). Este repunte productivo no alcanza para compensar la presión sobre los precios ni para revertir la tendencia negativa del semáforo.
Mercado interno débil y exportaciones con crecimiento moderado
En el frente de mercado, el consumo interno de vino se ubicó en 15,7 litros por habitante al año durante 2025, lo que implicó una caída del 4% respecto del año previo (16 litros). Esta contracción en el mercado doméstico —tradicionalmente el principal destino de la producción argentina— agrava la situación.
Por el lado externo, las exportaciones del complejo vitivinícola totalizaron 957 millones de dólares en los últimos doce meses, con un aumento del 15% interanual. Aunque positivo, este crecimiento resulta insuficiente para compensar la pérdida de rentabilidad interna. Las importaciones, en tanto, alcanzaron 44 millones, con una suba del 129% respecto del período anterior (1,3 millones), lo que añade presión competitiva.
Contexto general del semáforo y perspectivas
En noviembre de 2025, el semáforo registró 5 actividades en verde (bovinos, porcinos, ovinos, granos y miel), 8 en amarillo (incluyendo la avícola que bajó de verde) y 6 en rojo. El deterioro general se explica principalmente por precios que no acompañan la inflación ni los costos, demanda estable o débil y elevados gastos operativos.
Para la vitivinicultura, el rojo persistente refleja problemas estructurales: concentración en el mercado interno de bajo poder adquisitivo, alta sensibilidad a los costos energéticos y logísticos, y una lenta diversificación exportadora. A pesar del leve aumento productivo y del crecimiento moderado en ventas al exterior, la brecha entre ingresos y costos sigue ampliándose.
El sector requiere medidas urgentes para recuperar rentabilidad: acceso a financiamiento blando, promoción de exportaciones premium y estrategias para revitalizar el consumo doméstico. Sin cambios profundos, la vitivinicultura argentina arriesga profundizar una crisis que ya lleva casi diez años en zona roja.
Fuente: Redacción +P
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