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Chacra La Escondida, un paraíso frutal en la Colonia Agrícola de Senillosa

Omar Méndez, tras una carrera en la industria petrolera, impulsa en Senillosa un proyecto familiar de frutas y frutos secos, con planes para agregar valor a la producción y abrir sus puertas al turismo.

En paralelo a su actividad en la industria petrolera, Omar Méndez decidió adquirir tierras en la zona rural de Senillosa, en la provincia de Neuquén. Corría 2008 y tenía un propósito: recuperar el legado de su abuelo paterno, que había tenido una chacra en General Roca.

Su abuelo tuvo 12 hijos, pero ninguno continuó con la producción. Su padre, al igual que él, también trabajó en el sector petrolero. Sin embargo, aquella inquietud por la vida rural volvió a emerger en la tercera generación de los Méndez y hoy se extiende a su hijo Nicolás y a sus nietas.

Mecánico de profesión, Omar trabajó en distintas empresas del sector petrolero y gasífero. Se jubiló a los 53 años, aunque siguió vinculado a la industria hasta hace poco. Hoy dedica su tiempo al proyecto frutícola, donde cultivan distintas variedades de frutas y frutos secos bajo las pautas de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).

Junto al río Limay, “La Escondida” combina hileras de frutales, nogales y almendros en casi seis hectáreas de prolijo verde.

Junto al río Limay, “La Escondida” combina hileras de frutales, nogales y almendros en casi seis hectáreas de prolijo verde.

Un proyecto que nació junto al río Limay

“Siempre pensé en hacer algo a la par, pero que no tenga nada que ver con el petróleo”, cuenta Omar en una entrevista con +P, desde el sillón de su casa, ubicada junto al establecimiento. Fanático de la pesca, se enamoró de estas tierras que dan a un brazo del río Limay, cerca del camping El Cisne.

Al ingresar a La Escondida, llama la atención la prolijidad de las hileras de frutales, el cuidado del pasto y la vegetación. En cada rincón de las casi seis hectáreas se despliega un abanico de verdes, variedades de plantas y aromas que despiertan los sentidos.

La elección de los cultivos fue resultado de un proceso de prueba y error. En un primer momento, Omar evaluó la posibilidad de criar truchas, pero no pudo concretarlo. Finalmente, buscó asesoramiento del INTA y del Instituto Autárquico de Desarrollo Productivo (IADEP), con cuyos referentes realizó un viaje a Mendoza para conocer distintas alternativas frutícolas.

Omar Méndez recuperó en Senillosa el legado rural de su abuelo, más de 15 años después de que la chacra quedara abandonada.

Omar Méndez recuperó en Senillosa el legado rural de su abuelo, más de 15 años después de que la chacra quedara abandonada.

En 2010 incorporó los primeros árboles y comenzó a darle forma al emprendimiento. El establecimiento llevaba unos 15 años abandonado y era necesario empezar prácticamente desde cero. De aquella etapa quedaron los canales de riego, que volvieron a ponerse en funcionamiento, y las huellas de antiguas experiencias productivas vinculadas al ajo, las pasturas y la cría de animales.

“Arrancamos con nogales, cerezas y uvas”, recuerda Nicolás Méndez, hijo de Omar. También trabaja en la industria petrolera, en Plaza Huincul, pero viaja con frecuencia a Senillosa para colaborar con las tareas de la chacra.

Diversificar para sumar valor: duraznos, pelones, ciruelas, uvas de mesa y frutos secos se alternan en distintas temporadas.

Diversificar para sumar valor: duraznos, pelones, ciruelas, uvas de mesa y frutos secos se alternan en distintas temporadas.

Diversificar para agregar valor

Con el tiempo, la familia ajustó la estrategia productiva. Advirtieron que la cantidad de ciruelas era excesiva, especialmente porque una de las variedades daba mucha fruta, difícil de comercializar en fresco. Por eso, decidieron reemplazar parte de esos árboles por otras especies.

Actualmente, La Escondida cuenta con cuadros de duraznos, pelones, cerezas, ciruelas y uvas de mesa, además de nogales y almendros. La diversidad permite distribuir la producción entre distintas temporadas y explorar alternativas de comercialización.

Pero la apuesta de los Méndez no termina en la cosecha. Desde el comienzo, la idea fue construir una pequeña industria que les permitiera transformar parte de la fruta y sumar valor en origen.

De mecánico petrolero a productor frutícola: Omar se jubiló a los 53 y hoy dedica su tiempo a las Buenas Prácticas Agrícolas.

De mecánico petrolero a productor frutícola: Omar se jubiló a los 53 y hoy dedica su tiempo a las Buenas Prácticas Agrícolas.

En ese camino, Sandra, hermana de Omar, elabora dulces bajo su marca Dulce Marina. Además, la familia acaba de terminar un galpón que funcionará como sala de elaboración dentro del establecimiento. También incorporó un horno de secado y proyecta adquirir una juguera para ampliar las posibilidades de procesamiento.

Los productos llegan a clientes de distintas localidades cordilleranas y a comercios del Alto Valle. La demanda, sin embargo, presenta altibajos. Para conservar la fruta durante más tiempo y administrar mejor las ventas, incorporaron una cámara de frío.

“Esto no solo requiere mucho tiempo, sino también una ayuda económica”, explica Nicolás, que decidió involucrarse cada vez más en el proyecto. Su padre coincide: “Es mucho lo que se invierte, más que lo que se recibe”.

Sandra, hermana de Omar, elabora los dulces de la marca Dulce Marina, mientras la familia termina la sala de elaboración.

Sandra, hermana de Omar, elabora los dulces de la marca Dulce Marina, mientras la familia termina la sala de elaboración.

Buenas prácticas y una apuesta al turismo

La experiencia acumulada también les permitió trasladar conocimientos de la industria a la actividad agrícola. Durante la capacitación en Buenas Prácticas Agrícolas, descubrieron que muchas de las pautas de organización, prevención y manejo ya formaban parte de su forma de trabajar.

La Escondida recibió un incentivo del Gobierno provincial destinado a acompañar a productores que cumplen con estas prácticas. Para Omar, ese respaldo es importante para sostener el crecimiento del establecimiento.

El manejo busca reducir el uso de productos químicos y priorizar alternativas de intervención. “Si tuvimos alguna babosa en la cereza, la curamos con agua jabonosa”, cuenta el productor al describir algunas de las prácticas que implementan.

Nicolás Méndez, hijo de Omar, equilibra su trabajo en la industria de Plaza Huincul con las tareas de la chacra familiar.

Nicolás Méndez, hijo de Omar, equilibra su trabajo en la industria de Plaza Huincul con las tareas de la chacra familiar.

Después de casi 16 años de trabajo, la familia mantiene intactas las expectativas, incluso tras las heladas y el granizo que afectaron la producción este año. La mirada está puesta en la próxima temporada y en seguir consolidando una propuesta que combina fruticultura, elaboración y venta directa.

“Como dicen todos los chacareros: Diosito siempre deja algo”, resume Omar.

El próximo paso será terminar la casa de té que proyectan abrir al público. El espacio, completamente vidriado, ofrecerá vistas al río Limay y a los frutales, con la intención de convertir la chacra en un lugar de encuentro para quienes quieran conocer de cerca la producción regional.

Así, La Escondida busca ampliar su horizonte: de recuperar una historia familiar a construir un emprendimiento que integre producción, agregado de valor y turismo rural en el paisaje de Senillosa.

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