Crisis en Vassalli: trabajadores sin pago y rumores sobre posible venta de la fábrica
La fábrica de cosechadoras Vassalli volvió a detenerse en medio de deudas, tensiones gremiales y versiones de un nuevo cambio de propietarios.
La crisis volvió a golpear a Vassalli, la tradicional fábrica de cosechadoras de Firmat, en el departamento General López, ubicada a 270 kilómetros al sur de la capital santafesina. A pesar de los intentos de reactivación y de los acuerdos firmados apenas dos meses atrás, la planta atraviesa una nueva paralización productiva, motivada por incumplimientos salariales que derivaron en asambleas, reclamos gremiales y un clima de profunda incertidumbre entre los trabajadores.
Desde la semana pasada, las tareas están completamente frenadas. La UOM local asegura que la empresa —controlada por la familia Marsó, de Entre Ríos— no cumplió con las obligaciones asumidas durante la reapertura de octubre, especialmente en lo referido al pago de salarios. La situación se agravó aún más tras trascender, en una audiencia en el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, que la firma estaría evaluando vender la empresa, una posibilidad que encendió las alarmas entre el personal.
Según confirmaron fuentes sindicales, en la reunión realizada en la cartera laboral la semana anterior, los propios propietarios admitieron que existen gestiones preliminares vinculadas a un posible traspaso accionario. Aunque desde el entorno empresario relativizaron ese escenario y aseguraron que “no hay nada concreto”, la sola mención de una venta generó zozobra entre los operarios, para quienes cualquier movimiento corporativo suele implicar riesgos laborales.
Aun durante el feriado nacional del martes, los trabajadores se reunieron en asamblea en la puerta de la planta. Allí, el secretario general de la UOM Firmat, Diego Romero, fue contundente: “La empresa no tiene plata para pagarle a la gente. Está incumpliendo el acuerdo que posibilitó su reapertura en octubre y, ante esta situación, pedimos al Ministerio que declare caído ese convenio”. Para los empleados, que solo percibieron alrededor de 900.000 pesos en los últimos cuatro meses, el panorama es insostenible.
Romero relató que el conflicto tomó un giro inesperado cuando, en plena reunión en el Ministerio de Trabajo, Mateo Marsó reconoció que el grupo familiar estaría “en tratativas y dispuesto a vender la empresa”. Esa frase, asegura el gremio, fue la que instaló el tema en el debate interno y desencadenó especulaciones sobre un nuevo cambio de dueños. Desde la cartera laboral provincial, en tanto, confirmaron que hubo efectivamente una referencia empresarial a una eventual operación de venta.
Mientras tanto, la planta permaneció abierta este martes, aunque sin actividad productiva. “Es día a día. No sabemos qué puede pasar en las próximas semanas”, advirtió Romero. Según explicó, por ahora no existe ninguna gestión orientada a destrabar el conflicto: “No hay audiencia pactada. ¿Para qué vamos a ir si los empresarios no se presentan y el Ministerio no toma medidas? Sería mirarnos entre nosotros; no tiene sentido”.
Desde la reapertura parcial de octubre, los trabajadores realizaban únicamente tareas de mantenimiento y algunos procesos industriales menores. Aunque trascendió la posibilidad de que la empresa hubiera recibido pedidos por nuevas unidades, los propios operarios aclararon que no se estaba fabricando ninguna cosechadora. La paralización actual, por lo tanto, se suma a un cuadro que ya era endeble y en el que la producción se encontraba prácticamente detenida.
Un gigante en declive
La historia de Vassalli es inseparable de la industria nacional de maquinaria agrícola. Fundada por Roque Vassalli en 1949, la firma llegó a fabricar más de 1.000 cosechadoras por año y se consolidó como un emblema del sector con sus reconocidas marcas Don Roque y Vassalli. Sin embargo, desde hace más de una década enlaza crisis, cierres temporales, reaperturas y sucesivos cambios de propietarios.
En 2020 quedó en manos de Esteban Eskenazi y Matías Carballo, pero el deterioro macroeconómico y, sobre todo, la sequía histórica de 2023 —que golpeó duramente al mercado agrícola— precipitaron un nuevo traspaso. A comienzos de 2024, la familia Marsó adquirió la compañía por unos 8 millones de dólares, con un pago inicial menor al 10% y un plazo de cinco años para cancelar el resto. Pese a las expectativas generadas, la combinación de caída de ventas, competencia de maquinaria importada, falta de financiamiento y las propias dificultades financieras de la firma no tardaron en profundizar la crisis.
Hoy, la histórica planta de Firmat vuelve a estar envuelta en un escenario incierto. Con salarios adeudados, sin actividad y con rumores de una nueva venta, los trabajadores temen que el ciclo de inestabilidad que caracteriza a Vassalli desde hace años no solo se repita, sino que se profundice.
La fábrica que alguna vez fue orgullo de la industria nacional enfrenta otra vez un punto crítico. El futuro inmediato dependerá de la capacidad de la empresa para cumplir sus compromisos, de la intervención del Estado y, eventualmente, de la aparición de un nuevo actor que esté dispuesto a sostener la operación. Mientras tanto, en la entrada de la planta, sobre la ruta 33, los obreros mantienen su vigilia, conscientes de que su lucha es también la defensa de una marca que marcó a fuego la historia industrial de la región.
Fuente: La Nación con aportes de la Redacción +P.
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