El 50% de los plaguicidas usados en Latinoamérica están prohibidos en Europa
Un informe advierte sobre el doble estándar en agroquímicos: la región utiliza sustancias rechazadas por la UE.
La gestión internacional de sustancias químicas enfrenta hoy una crisis de disparidad normativa sin precedentes. Una investigación reciente publicada en la prestigiosa revista científica Proceedings of the Royal Society B revela una realidad alarmante para el sector agropecuario de la región. El estudio confirma que el 48,9% de los ingredientes activos autorizados para los cultivos de mayor relevancia en ocho naciones de América Latina carecen de aprobación en la Unión Europea. Esta estadística representa un total de 256 sustancias de un universo de 523 ingredientes analizados que circulan libremente en los campos latinoamericanos bajo marcos legales permisivos.
La peligrosidad de estas sustancias constituye un factor crítico para la estabilidad de la salud pública regional. El análisis técnico identificó que el 47% de los compuestos aprobados en el territorio latinoamericano poseen la categoría de peligrosos según los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta brecha en las políticas de seguridad expone a los trabajadores rurales y a los ecosistemas locales a niveles de riesgo que el continente europeo descartó hace décadas por motivos de bioseguridad y protección ambiental.
Evolución del consumo y distribución geográfica del riesgo
El equipo de especialistas centró sus esfuerzos en la evaluación de la normativa vigente en ocho territorios estratégicos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay. El rastreo incluyó productos aplicados de forma sistemática en diez cultivos de alta importancia económica y territorial, entre los cuales destacan el maíz, la soja, el trigo, el arroz, el café y la palta.
La magnitud del fenómeno se observa con claridad en la evolución histórica del consumo de estos insumos químicos. Entre los años 1990 y 2019, el uso de plaguicidas registró un incremento exponencial del 500% en América Latina. Este dato genera un contraste violento frente al modesto aumento del 3% detectado en el territorio europeo durante el mismo periodo cronológico.
Impacto en la salud humana y la biodiversidad regional
La lista de compuestos aplicados habitualmente en los suelos regionales incluye sustancias con efectos devastadores para la vida. El informe resalta la presencia de insecticidas organofosforados como el acefato y el clorpirifos, elementos que la ciencia vincula directamente con una alta toxicidad humana a nivel neurotóxico y genotóxico. Asimismo, la aprobación regional abarca herbicidas de alta letalidad como el diquat y el paraquat.
La biodiversidad también sufre las consecuencias directas de estas políticas químicas, pues el uso frecuente de neonicotinoides y fipronil causa daños extremos a las poblaciones de polinizadores esenciales, especialmente las abejas.
En términos cuantitativos, la presión química varía según la jurisdicción nacional. Costa Rica encabeza la estadística regional con la mayor cantidad de ingredientes activos prohibidos en Europa, sumando un total de 140 sustancias. Le siguen en esta lista México con 135, Brasil con 115 y Argentina con 106 compuestos que operan fuera de los estándares de seguridad europeos.
Intereses comerciales frente a la seguridad agronómica
Los hallazgos sugieren que los intereses económicos y las demandas del comercio exterior dictan las reglas del juego por encima de los criterios agronómicos o la protección de los recursos naturales.
Los cultivos de gran escala destinados a la exportación masiva, especialmente las variedades modificadas genéticamente como la soja y el maíz, concentran el mayor volumen de ingredientes activos que el mercado europeo rechaza por su toxicidad.
Existe además una fragmentación interna preocupante dentro del bloque latinoamericano: 66 sustancias prohibidas en un país de la región mantienen su legalidad en naciones vecinas. Ante este escenario de vulnerabilidad, los investigadores instan a una prohibición mundial de los plaguicidas de alta peligrosidad para terminar definitivamente con esta desigualdad tóxica que afecta al sur global.
Fuente: Reporte Agrícola con aportes de Redacción +P
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