Una especia de 3.000 años de historia llega al valle inferior de Río Negro
El INTA Valle Inferior ensaya el cultivo de azafrán en el IDEVI. La apuesta busca diversificar la producción familiar en una época del año en que los campos descansan.
Considerada la especia más cara del mundo, el azafrán acumula más de 3.500 años de historia. Se obtiene de los estigmas y estilos de la flor del Crocus sativus, una planta que la mayoría de los historiadores sitúan en Irán como lugar de domesticación original, aunque las islas griegas del suroeste también son candidatas fuertes. Desde allí, comerciantes y conquistadores la llevaron a China, India y Oriente Medio, y luego a la Europa mediterránea. Hoy, Irán, Grecia, Marruecos, India, España e Italia concentran la producción mundial.
Nada de eso ocurre —todavía— en el Valle Inferior del Río Negro. Pero el INTA quiere cambiar esa realidad con un primer ensayo.
En diálogo con Radio Nacional Viedma, la técnica María Teresa Doñate, referente del proyecto en la Estación Experimental Valle Inferior, confirmó que junto al apoyo de la Estación de Bariloche pusieron en marcha un ensayo piloto para evaluar la viabilidad del cultivo en la zona de chacras de la capital rionegrina. "Nuestro objetivo principal es conocer cómo se adapta este cultivo a las condiciones climáticas y, fundamentalmente, a las características de nuestros suelos", explicó.
El primer obstáculo está en la tierra misma. El azafrán prefiere suelos sueltos, arenosos, con drenaje eficiente. Los del IDEVI son arcillosos y pesados. Por eso, Doñate plantea el ensayo como una etapa de aprendizaje antes que como una apuesta productiva definitiva: "Es un desafío porque es un cultivo que no conocemos en la zona. Más allá de la teoría, necesitamos experimentar en el terreno para determinar rendimientos y comportamientos reales". Si los resultados acompañan, la idea es replicar la experiencia en áreas con suelos más livianos, como Guardia Mitre o Patagones.
El proceso arranca con cormos —los bulbos del Crocus sativus— que se plantan a fines de febrero o principios de marzo. A los 45 días florece la planta. De cada flor se extraen tres hebras rojizas: el estigma, la parte femenina. Esa recolección es manual, y las hebras deben deshidratarse para obtener la especia. El modelo experimental que el INTA sugirió a una familia agricultora contempla 1.000 metros cuadrados y proyecta un kilo de producto cosechado recién a partir del tercer año.
Lo que hace atractivo al cultivo en esta latitud no es solo su valor de mercado, sino el momento del año en que ocurre. "El azafrán es un cultivo que se desarrolla en otoño e invierno, que es una época en que hay escasa actividad agrícola, que para nuestra zona es genial", señaló Doñate. Requiere suelos de mediana fertilidad, poco riego y herramientas simples: ningún insumo externo complejo.
En cuanto al frío —una preocupación lógica para una región patagónica—, la técnica fue taxativa: "Se adapta perfectamente. El frío no le estaría haciendo daño para nada, de hecho, en la zona cordillerana se lleva adelante. En ese sentido es comparable con un ajo, un cultivo hortícola que se desarrolla en la primavera". El equipo toma como referencia las experiencias de Mendoza, provincia pionera en el sistema dentro del país, para ajustar las técnicas al Valle Inferior.
Si el ensayo confirma la hipótesis, el azafrán podría abrir una nueva ventana económica para los productores del IDEVI y, de paso, sumar un ingrediente de alta gama a la identidad gastronómica de la región. Una especia con siglos de historia en Oriente Medio y el Mediterráneo que, quizás, empiece a escribir sus primeras páginas patagónicas.
FUENTE: Redacción +P
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