Chile

Chile innova con recubrimiento comestible para extender la vida de la fruta en exportación

La innovación, desarrollada por científicos de Chile, utiliza residuos agroindustriales para proteger la fruta durante el transporte.

La industria frutícola de Chile, uno de los pilares de la economía nacional, enfrenta uno de sus mayores desafíos después de la cosecha: la contaminación microbiológica durante el transporte y el almacenamiento. Las frutas destinadas a exportación deben recorrer largas distancias —entre 30 y 60 días— para llegar a mercados internacionales, quedando expuestas a hongos y bacterias que aceleran su deterioro, provocan pérdidas económicas y obligan al uso intensivo de insumos químicos para su conservación. Un escenario crítico, considerando que Chile es uno de los mayores exportadores de fruta fresca del mundo.

“Muchas veces, el problema no está en la cosecha, sino en todo lo que ocurre después. Basta con un retraso logístico o una huelga portuaria para que una fruta llegue en malas condiciones, y eso significa pérdidas millonarias”, explicó el Dr. Cristian Valdés, director del proyecto.

Un desafío postcosecha con impacto económico millonario

Frente a esta problemática, un equipo de investigadores de la Universidad Católica del Maule (UCM) desarrolló una solución innovadora que busca cambiar la forma en que se protege la fruta durante su viaje a los mercados internacionales. Se trata de un recubrimiento comestible, transparente y antimicrobiano que se aplica directamente sobre la superficie del fruto, actuando como una barrera protectora frente a microorganismos y retrasando la descomposición natural.

“La idea fue pensar el problema desde otra lógica: no agregar más envases, sino proteger directamente el fruto con algo seguro, comestible y sustentable”, explicó el investigador, quien lidera esta iniciativa financiada por el Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del Gobierno Regional del Maule.

Del residuo al recubrimiento: economía circular aplicada a la fruticultura

El corazón de esta innovación es el kefirano, un biopolímero natural extraído del kéfir, también conocido como yogurt de pajaritos. Este compuesto se obtiene mediante un proceso biotecnológico que utiliza dos residuos abundantes en las regiones frutícolas del país: los descartes de fruta y el suero lácteo, subproducto de la industria quesera.

Ambos residuos, tradicionalmente considerados un problema ambiental por su compleja gestión, se convierten en insumos para el crecimiento de consorcios microbianos a partir de gránulos de kéfir. “Estamos trabajando con residuos que hoy no tienen un destino claro y los estamos transformando en materia prima de alto valor. Eso es economía circular aplicada”, enfatizó Valdés.

cerezas empaque atmosfera
La investigación, liderada por la Universidad Católica del Maule, busca proyectar una solución regional hacia los mercados globales.

La investigación, liderada por la Universidad Católica del Maule, busca proyectar una solución regional hacia los mercados globales.

A partir de este proceso se obtiene una lámina delgada, similar a un bioplástico, que se adhiere directamente a la fruta sin necesidad de bolsas ni embalajes adicionales. El recubrimiento es 100 % biodegradable, no altera de manera significativa el sabor ni la apariencia del fruto y puede consumirse junto con él sin riesgos para la salud.

Más vida útil, menor impacto ambiental y valor sanitario agregado

Además de reemplazar ceras y recubrimientos sintéticos utilizados actualmente en frutas como manzanas o cerezas, esta innovación permitiría extender la vida útil del producto durante el transporte. Las estimaciones preliminares del equipo proyectan hasta 20 días adicionales de conservación, un margen clave para enfrentar retrasos logísticos y contingencias portuarias.

“Si logramos ganar incluso dos o tres semanas de vida postcosecha, el impacto exportador es enorme, especialmente para un país como Chile que depende fuertemente de este sector”, señaló el Dr. Valdés.

El kefirano, además, posee propiedades bioactivas respaldadas por evidencia científica, entre ellas efectos antimicrobianos, antiinflamatorios e incluso potenciales propiedades anticancerígenas, lo que abre la puerta a alimentos con valor funcional agregado.

Actualmente, el proyecto se encuentra en una etapa avanzada de investigación y desarrollo. Las próximas fases consideran pruebas piloto en fruta, evaluaciones sensoriales y el escalamiento tecnológico necesario para su futura transferencia o licenciamiento industrial.

“Nuestra meta es dejar esta tecnología en un punto en el que pueda ser transferida a la industria. Queremos que tenga impacto real y que nazca desde el Maule hacia el mundo”, concluyó el Dr. Cristian Valdés.

Fuente: Mundoagro con aportes de Redacción +P.

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