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La cereza chilena alcanza el 25% del mercado argentino: desafíos y oportunidades

Productores advierten que la mayor presencia de cereza chilena presiona los precios y complica la competitividad de la producción nacional.

La última temporada de cerezas dejó un sabor agridulce para el sector productivo argentino. Si bien la calidad de la fruta volvió a posicionarse como un diferencial en los mercados internacionales, el escenario estuvo marcado por una fuerte presión de oferta proveniente de Chile, una caída significativa en los volúmenes exportados y una merma de precios que impactó tanto en el mercado externo como en el interno.

Así lo analizó Aníbal Caminiti, gerente de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPCI), en una extensa entrevista en la que desmenuzó los principales números de la campaña, explicó las causas del deterioro de precios y advirtió sobre la creciente pérdida de competitividad estructural que enfrenta la producción nacional.

Caminiti remonta el punto de inflexión a la temporada 2024-2025, cuando se encendieron las primeras alarmas por el incremento inusual en el ingreso de cerezas chilenas al mercado argentino. “La temporada anterior marcó el inicio de la alerta”, señala. “Ya en 2024-25 tuvimos un incremento sobre la media histórica —que rondaba las 200 toneladas— del 175%. Y esta temporada, respecto de la anterior, volvió a crecer otro 149%”.

En términos concretos, la participación de la cereza chilena en el mercado interno argentino alcanza hoy alrededor del 25%. Para un mercado “chico y acotado”, como lo define el dirigente, esa proporción resulta determinante. “Esa oferta en un mercado estrecho impacta directamente en una sobreoferta, y eso, como es lógico, impacta en los precios”, explica.

El problema no es sólo cuantitativo. Según Caminiti, gran parte de la fruta que ingresa desde Chile es de “regular a mala condición”, una apreciación que, asegura, comenzó a ser compartida por consumidores y distribuidores locales durante enero y febrero. “Se empezó a priorizar la compra de cereza nacional por sobre la chilena”, afirma. Y destaca que en sobre el mes pasado se observó una reducción en el flujo de importaciones.

El factor China y la reconfiguración global

La menor presencia chilena en el mercado argentino durante febrero no responde exclusivamente a una mejora de condiciones internas. El calendario internacional también jugó su papel. “El mercado clave para Chile es el Año Nuevo chino”, explica Caminiti. En la última campaña, esa celebración —que moviliza grandes volúmenes de fruta— cayó el 17 de febrero, una fecha tardía en comparación con otros años.

Eso implicó que los envíos se priorizaran hacia Asia. Chile abasteció aproximadamente el 87% del mercado chino, aunque un 4% o 5% de la fruta que habitualmente tenía ese destino debió redireccionarse hacia otros mercados como Estados Unidos, Europa o Medio Oriente. “Hay una reconfiguración en los mercados externos respecto de la sobreoferta chilena”, describe.

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La sobreoferta mundial tras problemas de precios en China empujó más cerezas chilenas hacia Sudamérica, donde ya representan el 25% del mercado argentino.

La sobreoferta mundial tras problemas de precios en China empujó más cerezas chilenas hacia Sudamérica, donde ya representan el 25% del mercado argentino.

Esa sobreoferta global tiene un efecto cascada. La fruta que no logra cumplir los exigentes estándares del mercado chino —que castiga severamente los problemas de calidad— termina encontrando salida en destinos más cercanos o menos exigentes, como Argentina y Brasil. Cuando se observan las estadísticas de exportación chilena a Brasil, sostiene Caminiti, queda en evidencia que parte de la fruta que no tuvo destino en Asia se volcó a Sudamérica.

Precios: un 20% menos en el tramo más crítico

En el mercado interno argentino, la evolución de precios siguió un patrón particular. Tradicionalmente, la temporada comienza con valores altos en octubre, baja progresivamente hacia diciembre y luego se estabiliza hasta el final.

En la última campaña, los precios de octubre a diciembre fueron superiores a los de la temporada previa. Sin embargo, a partir de fines de diciembre y enero —cuando coincidieron mayores volúmenes chilenos— se produjo la mayor presión. “Podemos hablar de una merma de valores del 20% en relación con la campaña pasada, sobre todo en noviembre, diciembre y principios de enero”, afirma Caminiti.

El impacto no fue uniforme. Las empresas más grandes, que comercializan fruta de alta calidad en cadenas gourmet o canales directos, lograron defender mejor sus valores. Muchas de ellas ni siquiera operan en el Mercado Central de Buenos Aires (MCBA), que absorbe entre el 25% y el 30% del volumen interno y donde allí se observaron precios más estables pero en un nivel inferior los obtenidos en cadenas gourmet o canales directos.

En cambio, los productores más pequeños —que empacan en chacra y dependen del mercado mayorista tradicional— fueron los más afectados por la competencia chilena. “Son operadores que históricamente trabajaron muy bien el mercado interno, pero hoy son los que más sienten el ingreso de fruta importada”, explica.

Menos producción y menos exportaciones

La temporada también estuvo marcada por una merma productiva, especialmente en Río Negro y Neuquén. Argentina exportó 4.985 toneladas de cerezas, lo que representa una caída del 38% respecto de la campaña anterior, que había sido récord. Sin embargo, Caminiti introduce un matiz: cuando se analiza la serie histórica desde 2017-2018, la media se ubica en 5.116 toneladas. “Estamos en valores promedio”, aclara. “La temporada anterior fue excepcional, con clima ideal en todas las regiones. Esta caída es significativa en la comparación interanual, pero está dentro de lo previsible cuando se mira la serie”, completa su concepto.

La región de Río Negro y Neuquén, que en la campaña récord había aportado el 56% del total exportado, sufrió una merma considerable por factores climáticos. Aun así, la calidad de exportación fue muy buena.

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Especialistas del sector alertan que el ingreso de cerezas chilenas está cambiando el equilibrio del mercado interno.

Especialistas del sector alertan que el ingreso de cerezas chilenas está cambiando el equilibrio del mercado interno.

A diferencia del modelo chileno, basado en grandes volúmenes y envíos marítimos en contenedores, Argentina opera mayormente con cargas aéreas y volúmenes más acotados. “El productor argentino es un operador de pallets aéreos”, grafica Caminiti. Esa escala permite trabajar más cerca de los distribuidores y evitar los remates mayoristas en mercados como Guangzhou o Shanghai, donde la sobreoferta puede derrumbar cotizaciones.

“La fruta argentina no pasó por los remates, se manejó directamente con distribuidores para evitar quedar atrapada por el comportamiento del mercado”, explica. El reconocimiento de calidad construido durante años fue clave para sostener precios en destinos exigentes, incluso en un contexto de sobreoferta global.

Competitividad: el problema estructural

Más allá de la coyuntura de esta temporada, el gerente de CAPCI insiste en que el problema de fondo es estructural. “El productor puede trabajar su eficiencia tranqueras adentro, pero no puede manejar los costos exógenos”, señala.

Entre los principales factores que erosionan la competitividad menciona:

-Costos laborales estructurales: no el salario en sí, sino las cargas y rigideces asociadas.

-Presión impositiva: sin cambios sustanciales en los últimos años.

-Costo energético: elevado para toda la fruticultura.

-Aranceles y barreras externas.

En la Unión Europea, el sector frutícola enfrenta un arancel del 12%, que podría reducirse a cero si se implementa plenamente el acuerdo entre el Mercosur y la UE. En Estados Unidos, el arancel para la fruta argentina ronda el 10%, y los avances recientes apenas lo reducirían al 9%, un cambio que “no mueve la aguja”.

Además, por kilo exportado a Estados Unidos paga 21 centavos de dólar al programa Copexeu (que financia inspecciones del USDA), 16 centavos al canon de Funbapa, más los costos de servicios de SENASA y de la Terminal de Carga Aérea. “El costo país es altísimo”, resume. Por otra parte remarca que en mercados como India, donde el arancel llega al 30%, las negociaciones comerciales llevan más de dos décadas sin resultados concretos.

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Productores advierten que los altos costos internos y la presión de importaciones hacen cada vez más difícil competir en el propio mercado argentino.

Productores advierten que los altos costos internos y la presión de importaciones hacen cada vez más difícil competir en el propio mercado argentino.

Pero en este punto, la novedad más inquietante para el sector es que la presión ya no proviene sólo del exterior. La importación de cerezas chilenas introduce una competencia directa en el mercado doméstico. “Nos cambian las condiciones no sólo en los mercados externos, sino también en el mercado interno”, advierte Caminiti. En otras palabras, el productor argentino enfrenta precios internacionales deprimidos por sobreoferta y, al mismo tiempo, competencia importada en su propio país.

Un sector resiliente, pero bajo presión

Pese a todo, la cereza argentina mantiene una tendencia de crecimiento en el mediano plazo, interrumpida coyunturalmente por factores climáticos y comerciales. “La producción a cielo abierto siempre está expuesta”, reconoce Caminiti. “Pero seguimos dentro de los valores medios históricos y con una tendencia creciente”. El desafío será sostener la diferenciación por calidad mientras se avanza en reformas estructurales que reduzcan costos y mejoren el acceso a mercados.

Porque, como sintetiza el gerente de CAPCI, el problema no es competir: “Podemos competir bárbaro con fruta de buena condición. Lo que es muy difícil es competir cuando las reglas estructurales nos dejan en desventaja”.

La temporada dejó claro que el mercado global de cerezas se vuelve cada vez más dinámico y competitivo. Para Argentina, la clave estará en consolidar su reputación de calidad y, al mismo tiempo, resolver las trabas que exceden la tranqueras del productor. Solo así podrá transformar su potencial en crecimiento sostenido y rentable.

Fuente: Redacción +P.

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