Manzana

La revancha de la manzana chilena: crece fuerte y conquista nuevos mercados

Las exportaciones de manzana de Chile saltan 46% y superan las 60 mil toneladas en 2026, con India emergiendo como nuevo mercado clave.

Por años, la industria de la manzana en Chile ha sido un termómetro clave del desempeño exportador del sector frutícola. Hoy, los datos más recientes muestran una señal clara: el negocio está recuperando dinamismo, aunque no sin transformaciones profundas. Las cifras del primer trimestre de 2026 revelan un crecimiento contundente en volúmenes y valores, consolidando un proceso de reconversión que comenzó hace varios años y que ahora empieza a rendir frutos.

Según estadísticas oficiales de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), las exportaciones de manzanas chilenas superaron las 60.000 toneladas en los primeros tres meses del año. Se trata de un salto del 46% en términos interanuales y un incremento del 27% respecto del promedio de los últimos cinco trimestres comprendidos entre 2021 y 2025.

Este crecimiento no es menor. Marca una recuperación significativa desde el piso registrado en el primer trimestre de 2024, cuando los envíos apenas superaban las 36.500 toneladas. Desde entonces, la curva ha sido ascendente: cerca de 41.000 toneladas en 2025 y más de 60.000 en el arranque de 2026. Una tendencia que, si bien todavía no alcanza los máximos históricos, sí confirma un cambio de ciclo.

Un rebote que no es récord, pero sí estructural

A pesar del entusiasmo que generan estos números, un análisis más amplio obliga a ponerlos en perspectiva. El nivel actual aún se encuentra por debajo de los registros previos a 2020. En particular, el primer trimestre de 2017 marcó un hito con más de 91.000 toneladas exportadas, un volumen que todavía parece lejano.

Sin embargo, el foco no está únicamente en la cantidad. Lo que está en juego es la calidad del crecimiento. La industria chilena ha atravesado en los últimos años un proceso de transformación estructural, impulsado por cambios en las preferencias del consumidor global, mayores exigencias de calidad y una competencia internacional cada vez más intensa.

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Los productores y exportadores han respondido con una reconversión profunda: renovación varietal, mejora en los estándares productivos y una estrategia comercial más selectiva. Ya no se trata simplemente de exportar más, sino de exportar mejor.

El salto en valor: una señal aún más contundente

El crecimiento en volumen viene acompañado de un dato aún más relevante: el aumento en los valores de exportación. Tal como se observa en la gráfica presentada, durante el primer trimestre de 2026, las colocaciones externas de manzana chilena alcanzaron más de 67 millones de dólares, lo que representa un incremento superior al 50% respecto al mismo período del año anterior.

Este dato cobra especial importancia si se considera que en 2024 el sector había tocado un piso cercano a los 39 millones de dólares. Desde entonces, el repunte ha sido sostenido y significativo.

La clave de este fenómeno radica en el comportamiento del valor FOB (Free On Board), es decir, el precio declarado por los exportadores en el puerto de origen. En la presente campaña, el valor FOB promedio alcanzó los 1,11 dólares por kilogramo, lo que implica un crecimiento del 8% respecto a 2025 y del 14% en comparación con el promedio de las campañas entre 2021 y 2025.

Para dimensionar este avance, basta recordar que en el primer trimestre de 2020 el valor FOB había caído a 0,83 dólares por kilo. Desde entonces, el incremento ha sido prácticamente ininterrumpido.

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Este fenómeno refleja un cambio cualitativo en la oferta exportable: mejores variedades, mayor uniformidad, mejor poscosecha y una estrategia orientada a mercados dispuestos a pagar más por calidad.

Reconversión varietal: el motor silencioso

Detrás de estos números hay una transformación silenciosa pero decisiva. La industria chilena ha venido reemplazando variedades tradicionales por otras más demandadas en el comercio internacional. Este proceso, que implica inversiones significativas y varios años de transición, está empezando a consolidarse.

Las nuevas variedades no solo ofrecen mejor sabor y apariencia, sino también mayor vida útil y resistencia al transporte, factores clave para competir en mercados lejanos.

Este cambio ha permitido mejorar el posicionamiento de la manzana chilena en segmentos de mayor valor, compensando en parte la caída en volumen respecto a años anteriores.

Los mercados: continuidad regional y nuevas apuestas

En cuanto a los destinos, el mapa exportador mantiene algunas constantes, pero también muestra novedades interesantes.

Durante el primer trimestre de 2026, el principal destino fue Colombia, con 17.400 toneladas, seguido por Ecuador con 9.400 toneladas. Ambos mercados han sido históricamente socios clave para la manzana chilena, gracias a su cercanía geográfica y a relaciones comerciales consolidadas.

La gran novedad es la irrupción de India como tercer destino, con 6.100 toneladas. Se trata de un mercado emergente que está ganando relevancia rápidamente, impulsado por el crecimiento de su clase media y la apertura a importaciones de fruta fresca.

En este mercado, Chile compite directamente con Estados Unidos, en una disputa que no solo se define por precio, sino también por calidad y logística.

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La comparación con 2017 permite observar con claridad la evolución del comercio. En aquel entonces, el tercer destino en importancia era Arabia Saudita, con 10.900 toneladas. Hoy, ese lugar ha sido ocupado por India, reflejando un cambio en la geografía del consumo.

Este desplazamiento no es casual. Responde a cambios en la demanda global, acuerdos comerciales y estrategias de diversificación por parte de los exportadores.

Menos destinos, pero aún diversificados

Otro dato relevante es la reducción en la cantidad de países de destino. En el primer trimestre de 2017, la manzana chilena llegaba a 49 mercados. En 2026, ese número se redujo a 40.

A primera vista, esto podría interpretarse como una pérdida de diversificación. Sin embargo, el análisis más profundo sugiere lo contrario: una mayor concentración en mercados más rentables y estratégicos.

En 2017, el grupo de “otros destinos” representaba cerca del 60% del total exportado. En 2026, esa proporción cayó al 40%, lo que indica una mayor focalización en mercados principales.

A pesar de esta reducción, la diversificación sigue siendo alta en comparación con otros países exportadores, lo que constituye una fortaleza estructural para Chile.

Perspectivas: un inicio prometedor

El balance del primer trimestre de 2026 es claramente positivo. Tanto los volúmenes como los valores muestran una tendencia ascendente, respaldada por un proceso de transformación estructural que parece estar dando resultados.

La consolidación de India como mercado emergente, el fortalecimiento de los destinos tradicionales y la mejora en los precios FOB configuran un escenario alentador.

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Colombia y Ecuador lideran las compras, pero Asia empieza a reposicionarse en la definición el negocio exportador chileno.

Colombia y Ecuador lideran las compras, pero Asia empieza a reposicionarse en la definición el negocio exportador chileno.

Sin embargo, el año recién comienza. Quedan tres trimestres por delante que serán determinantes para confirmar si esta tendencia se sostiene.

Factores como las condiciones climáticas, la logística internacional, la evolución de la demanda y la competencia global jugarán un papel clave en el desempeño final de la campaña.

Conclusión: más calidad que cantidad

La historia reciente de la manzana chilena es la de una industria que ha sabido adaptarse. De un modelo basado en volumen, ha evolucionado hacia uno centrado en valor.

El crecimiento actual no alcanza los niveles récord del pasado, pero es más sólido en términos cualitativos. Mejores precios, productos más competitivos y una estrategia comercial más sofisticada son las bases de esta nueva etapa.

Si las condiciones acompañan, 2026 podría marcar no solo una recuperación, sino la consolidación de un nuevo paradigma para la fruticultura chilena. Una etapa en la que la clave no será cuánto se exporta, sino cómo y a qué precio.

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