Omar Cides, productor, en su chacra donde desarrolla el engorde a corral de chivitos.
Omar Cides diseñó un sistema con recursos propios para comprar chivitos flacos a los crianceros, engordarlos y dar respuesta a la crisis por la sequía.
Omar Cides se define como chacarero y productor. Desde su chacra de La Salada -departamento de Chos Malal- lleva adelante una experiencia de engorde a corral de chivitos, una alternativa productiva que le permite generar un ingreso extra, mantenerse activo y, al mismo tiempo, aprovechar una categoría de animales que, en determinadas condiciones, tiene pocas posibilidades de llegar a la comercialización.
"Siempre trabajé y estoy acostumbrado a trabajar. Hoy la situación económica también lleva a buscar un ingreso extra, y esto es una posibilidad", cuenta Omar, quien además considera que este tipo de actividades puede convertirse en una oportunidad para los jóvenes.
"Hay muchos jóvenes que están trabajando por sueldos bajos, siendo capaces e inteligentes. En el campo también hay posibilidades de emprender, pero hay que encararlo con fuerza, responsabilidad y constancia", sostiene.
El engorde a corral permite mejorar la condición corporal de chivitos que, por su bajo peso, no pueden ser destinados directamente al consumo o a la venta. En el campo, estos animales tienen mayores probabilidades de sufrir pérdidas por falta de forraje, temporales o predación.
En ese escenario, Omar construyó una alternativa que beneficia tanto al productor como a los crianceros. Compra chivitos flacos directamente a productores de campo o los intercambia por forraje. De esta manera, el criancero puede recuperar parte del valor de un animal que, de permanecer en el campo, podría perderse por el ataque de pumas y zorros o por las condiciones climáticas.
"Al criancero le sirve porque salva un animal que quizás pierde en el campo, y a mí me sirve porque lo puedo engordar y después venderlo. Se arma una cadena", explica.
Omar comenzó el ciclo con 102 chivitos, entre animales propios y comprados. Logró comercializar prácticamente la totalidad e, incorporó recientemente, un nuevo lote de diez animales. También mantiene chivas bajo acuerdos de trabajo con otro productor de la zona.
Una de las características de la experiencia es que buena parte de la infraestructura fue construida por el propio productor, reutilizando materiales y madera disponibles en su chacra.
Omar cuenta que aprovecha la luna menguante de mayo para cortar madera, que luego deja estacionar y utiliza para obtener los tirantes necesarios para construir sus instalaciones.
También diseñó sus propios comederos para reducir el desperdicio de alimento. Incorporó mallitas de alambre que impiden que los chivos se metan dentro de los comederos, evitando que pisen, ensucien y desperdicien la comida.
Los comederos instalados permiten alimentar entre 97 y 100 animales, distribuidos en diferentes espacios. "No necesitan comer todos juntos", explica, y destaca que el diseño le permite organizar la alimentación de manera eficiente.
El productor explica que el engorde no consiste simplemente en aumentar rápidamente la cantidad de alimento: el proceso requiere adaptación y un manejo cuidadoso.
Durante los primeros días, los chivitos reciben principalmente pasto para acostumbrarse al corral y aprender a comer en los comederos. Una vez que están adaptados, se incorpora progresivamente maíz o alimento balanceado.
El período promedio para obtener un chivito gordo es de unos 40 días, aunque Omar advierte que intentar acelerar el proceso puede resultar contraproducente.
"No hay que querer sacarlo en 30 días dándole de comer de golpe, porque se empacha. En el campo le decimos que se pone 'calcio' y, en vez de ganar peso, se atrasa", explica.
Una vez que los animales están adaptados, maneja una ración aproximada de medio tarrito duraznero de maíz o alimento por chivo por día. Además, destaca como cuidados indispensables la disponibilidad permanente de agua limpia y sal, junto con las vacunas y tratamientos correspondientes al momento del ingreso al corral.
Una alternativa al alcance de los productores
Para Omar, el engorde a corral es una herramienta que puede adaptarse a diferentes escalas y que no requiere necesariamente grandes inversiones iniciales. Su propia experiencia se basa en el aprovechamiento de recursos disponibles, la construcción casera de las instalaciones y un manejo que prioriza la eficiencia en la alimentación.
La comercialización también representa una oportunidad. "El chivo es un animal liviano, fácil de manejar y de carnear, comparado con un vacuno", señala.
Además, destaca la diferencia de precios como uno de los factores que favorecen su demanda. Según su experiencia, mientras una pierna de carne vacuna puede superar los 200 mil pesos, un chivo gordo de buen porte ronda los 130 mil pesos. Se trata, además, de una carne con demanda para preparaciones y comidas cotidianas.
La experiencia se vincula con los objetivos del Programa de Refugos, impulsado por la Secretaría de Producción e Industria para mitigar los efectos de la variabilidad climática y, especialmente, de la disminución de la oferta forrajera que afecta a la ganadería extensiva, y que en los próximos días se reeditaría.
El programa se implementó en el marco de la emergencia y/o desastre agrario declarado por sequía, y contempló distintas etapas vinculadas al manejo de la hacienda durante el ciclo de veranadas, con el objetivo de reducir cargas y fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos.
Con una primera etapa que contó con un presupuesto estimado de 315 millones de pesos, el programa estuvo destinado a productores ganaderos bovinos, ovinos y caprinos afectados por la emergencia, además de asociaciones de pequeños productores, comunidades mapuches y otros actores vinculados a la actividad que cumplen con los requisitos establecidos. La Secretaría de Producción e Industria tiene a su cargo la gestión integral del programa, mientras que el IADEP interviene como organismo financiero.
En este contexto, alternativas como el engorde a corral permiten complementar las estrategias de manejo y contribuir al aprovechamiento de animales que, por su baja condición corporal, presentan mayores riesgos de pérdida en el campo.
FUENTE: Prensa gobierno de Neuquén con aportes de Redacción +P.
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