Gripe aviar

Gripe aviar: ¿por qué los científicos hablan de "locura total"?

La gripe aviar ya afectó a millones cientos de millones de aves, contagió a más de 40 especies de mamíferos y ahora, llegó a la Antártida.

Sin lugar a dudas, 2020 pasó a la historia como el año de la pandemia que golpeó a todos los países del mundo, con diversos grados de dramatismo. Y, en menor escala, también será recordado por el año en el que la gripe aviar pasó de ser una infección viral que afectaba principalmente a las aves a contagiar a mamíferos.

Este cambio, que técnicamente se conoce como la variación “H5N1 2.3.4.4b”, ha matado cientos de millones de aves por todo el mundo, ya afectó a más de 40 especies de mamíferos y se está expandiendo tanto que llegó a la Antártida. Este hallazgo enciende alertas sobre el riesgo que enfrentarían algunas especies en peligro de extinción que habitan el remoto continente austral.

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Cuando la gripe aviar llega a un mamífero suele ser un callejón sin salida.

Cuando la gripe aviar llega a un mamífero suele ser un callejón sin salida.

“Vimos 80 vivos y 50 muertos. Eso es una locura”, advirtió el virólogo español Antonio Alcamí, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC). Recién llegado a Ushuaia, explicó que en la isla Beak fue testigo de “un brote masivo” en una colonia de pájaros.

El investigador, junto a la bióloga Begoña Aguado, estaba a bordo de un velero con el que recorrió durante un mes el mar de Weddell y la península antártica. Los científicos encontraron cadáveres de pájaros antárticos —unas aves marinas migratorias parecidas a gaviotas— con gripe en cuatro de las 10 áreas analizadas.

Alerta global por la gripe

Este hallazgo levanta todas las banderas de alerta y hay quienes hablan de la peor crisis de gripe aviar jamás registrada. Y los números del subtipo H5N1 2.3.4.4b fundamentan esta sentencia: ha provocado el sacrificio de cientos de millones de aves de granja y la muerte de millones de aves silvestres; y la enfermedad se expandió a los cinco continentes.

En este punto, los expertos en conservación contenían el aliento ante la posibilidad de que saltara al virginal territorio antártico. El 24 de febrero, el propio Alcamí y su colega Ángela Vázquez confirmaron por primera vez la presencia del virus en el continente blanco, en dos págalos muertos hallados por científicos argentinos y analizados en la base antártica española Gabriel de Castilla, en la Isla Decepción.

“Dejamos de contar”

La expedición, formada por 11 personas, encontró algunos cadáveres de págalos en Bahía Esperanza y en las islas del Diablo y Paulet, además del medio centenar observado en el brote masivo de la isla Beak. Los investigadores analizaron 10 de los 50 y todos ellos dieron positivo. Científicos del Instituto Antártico Chileno (INACH) también anunciaron el 14 de marzo que habían detectado el virus en cinco págalos en la isla Ross.

El velero también desembarcó en la isla Heroína, habitada por una colonia de pingüinos de Adelia, que deben su nombre a Adèle Pépin, esposa del explorador francés Jules Dumont d’Urville, que descubrió estas aves en 1840. La expedición de Alcamí y Aguado encontró “una mortalidad masiva” de estos pingüinos. “Contamos 500 cadáveres y dejamos de contar”, recuerda el virólogo, que calcula que podría haber miles. Su equipo, sin embargo, no detectó virus de la gripe aviar altamente patogénico, pese a analizar incluso el cerebro y los pulmones de los pingüinos muertos.

Embed - Gripe Aviar en la Antártida, con Antonio Alcamí

En este contexto, corre un escalofrío con solo pensar que el virus aprenda a pasar eficazmente de mamífero a mamífero. Esa posibilidad no se ha cumplido, al menos de momento. El patógeno sigue saltando fácilmente de ave en ave, pero cuando llega a un mamífero suele ser un callejón sin salida.

Sin embargo, entre los científicos se habla de una espada de Damocles. El epidemiólogo indio Vijay Dhanasekaran, de la Universidad de Hong Kong, explicaba en octubre el diario El País que hay que permanecer alerta. “Existe una amenaza perpetua de que el virus salte a los humanos. Esto se debe principalmente a la capacidad del virus para evolucionar rápidamente. Puede adquirir mutaciones que le ayuden a adherirse mejor a los receptores de las células humanas, o puede adquirir la capacidad de transmitirse por aerosoles”, advirtió Dhanasekaran.

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