La dura realidad de Sudamericana de Lácteos: deudas y cierre que afectan a 78 trabajadores
La planta está paralizada, no entra leche y 78 trabajadores llevan tres meses sin cobrar en un pueblo que depende de la empresa.
La crisis que atraviesa el sector lácteo argentino suma un nuevo capítulo con el caso de Sudamericana de Lácteos, una empresa radicada en la localidad santafesina de Díaz que hoy se encuentra completamente paralizada, con graves problemas financieros y una deuda creciente tanto con sus trabajadores como con proveedores. El escenario no solo refleja la fragilidad de una firma en particular, sino también las tensiones estructurales que afectan a toda la cadena productiva.
Con 78 empleados que no perciben sus salarios desde hace aproximadamente tres meses, la situación social en Díaz —un pueblo de apenas 2.200 habitantes— es crítica. La empresa representa una de las principales fuentes de empleo local, por lo que su parálisis impacta directamente en la economía de la comunidad. La incertidumbre crece día a día entre los trabajadores, que continúan asistiendo a la planta únicamente para cumplir horario, sin tareas productivas que realizar.
Una planta paralizada y salarios adeudados
La planta industrial, única que posee la firma, se encuentra inactiva desde fines de enero. Según denunciaron desde el gremio, ya no ingresa materia prima: “no entra un litro de leche”, lo que evidencia la magnitud del parate. La decisión empresarial de frenar la producción responde, según explicaciones oficiales, a una ecuación económica negativa: resultaría más costoso procesar la leche que derivarla a terceros. Como consecuencia, la actividad quedó reducida a su mínima expresión, con apenas unos 20.000 kilos de queso duro almacenados en las instalaciones.
El deterioro de la empresa no es reciente, aunque se profundizó notablemente tras el cambio de manos ocurrido a mediados de 2025. La firma fue adquirida por el empresario Sergio Servio, vinculado a otra láctea con base en Villa María. Si bien en una primera etapa se registraban atrasos en el pago de salarios, estos finalmente se completaban. Sin embargo, con el correr de los meses la situación se agravó hasta desembocar en el incumplimiento total de las obligaciones salariales.
Actualmente, la deuda con los trabajadores incluye el 75% del salario de enero, la totalidad de febrero y, en breve, el mes de marzo. A esto se suman incumplimientos en cargas sociales, aportes jubilatorios y cobertura de salud, lo que agrava aún más el cuadro de vulnerabilidad de los empleados y sus familias.
Las gestiones realizadas ante el Ministerio de Trabajo no han dado resultados concretos. Según denuncian desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA), en las reuniones mantenidas con representantes de la empresa, la respuesta ha sido siempre la misma: falta de liquidez y búsqueda de alternativas. Sin embargo, esas alternativas no se han materializado hasta el momento.
Un problema que excede a una sola empresa
El conflicto laboral se inscribe en un contexto más amplio de crisis en la industria láctea, caracterizada por una combinación de factores adversos: aumento de costos productivos, caída del consumo interno, dificultades para exportar y una creciente concentración del mercado. Las pequeñas y medianas empresas, como Sudamericana de Lácteos, son las más expuestas a este escenario, ya que cuentan con menor capacidad financiera para absorber pérdidas o sostener períodos prolongados de inactividad.
A la deuda con los trabajadores se suma otro problema clave: los compromisos impagos con los tamberos proveedores de leche. Esta situación genera un efecto en cadena que impacta en toda la economía regional, debilitando a los productores primarios que dependen de la industria para colocar su producción.
En medio de este panorama, comienzan a barajarse posibles salidas. Desde la conducción de la empresa se mencionó la posibilidad de una venta o incluso la conformación de una cooperativa gestionada por los propios trabajadores. Esta última opción, si bien compleja, ha sido una alternativa en otros casos de empresas en crisis, permitiendo sostener fuentes de trabajo ante el retiro de capital privado.
En las últimas horas, trascendió la existencia de un posible interesado en adquirir la firma. Aunque no se dieron a conocer detalles sobre su identidad ni sobre las condiciones de la operación, la noticia generó una expectativa moderada entre los trabajadores. De concretarse, podría significar una oportunidad para reactivar la planta y comenzar un proceso de normalización.
No obstante, el tiempo juega en contra. La urgencia económica de los empleados es cada vez mayor, y la falta de ingresos durante tres meses consecutivos coloca a muchas familias en una situación límite. Desde el gremio reclaman al menos un pago parcial inmediato que permita aliviar la crisis social mientras se define el futuro de la empresa.
El caso de Sudamericana de Lácteos no es aislado. A pocos kilómetros, otra firma del sector atraviesa dificultades similares, lo que refuerza la percepción de una crisis estructural en la región. La concentración de problemas en un mismo polo productivo enciende señales de alarma sobre el futuro de la actividad y la necesidad de políticas públicas que acompañen y sostengan a la industria.
En definitiva, lo que ocurre en Díaz es una muestra concreta del delicado momento que vive el sector lácteo argentino. Entre deudas, plantas paralizadas y negociaciones inciertas, el desafío no solo es salvar una empresa, sino preservar un entramado productivo que resulta clave para el desarrollo económico y social del interior del país.
Fuente: Clarín Rural, ATILRA y aportes de Redacción +P.
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