La Patagonia pierde un negocio histórico: las exportaciones de carne equina se desplomaron 67% en cinco años
Las ventas al exterior retrocedieron 17% en el último año y acumulan una caída del 67% respecto del promedio de los últimos cinco años, mientras las exportaciones argentinas muestran una recuperación.
La Patagonia, una región que durante años ocupó un lugar de relevancia en las exportaciones argentinas de carne equina, atraviesa un marcado proceso de retracción que contrasta con la recuperación que muestra el resto del país. Mientras la Argentina incrementó sus ventas externas durante el primer semestre de 2026 y consolidó su posición como segundo mayor exportador mundial detrás de Mongolia, los envíos patagónicos continúan en franco descenso.
Los datos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) muestran que durante 2025 las exportaciones de carne equina provenientes de la Patagonia totalizaron apenas 660 toneladas. La cifra representa una caída del 17% respecto del año anterior y se ubica un 67% por debajo del promedio registrado durante el período 2020-2024, reflejando un deterioro sostenido de una actividad que supo tener un peso significativo en la región.
Lejos de revertirse, la tendencia continúa durante los primeros meses de 2026. Los datos preliminares difundidos por el organismo sanitario nacional indican que los embarques siguen mostrando un comportamiento descendente, profundizando un escenario de pérdida de participación de la Patagonia dentro del negocio exportador.
La Unión Europea continúa siendo el principal comprador de carne equina patagónica. Durante el último año absorbió poco más de 594 toneladas, equivalentes al 90% de las exportaciones regionales. El restante 10%, unas 66 toneladas, tuvo como destino Japón, un mercado considerado estratégico por su alto nivel de exigencia sanitaria y comercial.
En cuanto a la composición de los embarques, 222 toneladas correspondieron a carne sin hueso enfriada, otras 284 toneladas a carne sin hueso congelada y 154 toneladas a menudencias congeladas, productos que encuentran demanda principalmente en mercados asiáticos y europeos.
Un contraste con la realidad nacional
El escenario patagónico contrasta claramente con el desempeño general de la Argentina. A pesar de que el comercio mundial de carne equina viene reduciéndose desde hace casi dos décadas, el país logró mantener un lugar destacado dentro del mercado internacional y durante el primer semestre de este año registró una recuperación tanto en volumen como en valor de sus exportaciones.
Entre enero y junio de 2026 la Argentina exportó 7070 toneladas de carne equina, un crecimiento del 10% respecto de las 6418 toneladas enviadas durante el mismo período de 2025. La mejora estuvo impulsada principalmente por los incrementos registrados en enero, marzo, abril y mayo, mientras que junio mostró apenas una leve baja interanual del 2%.
Más importante aún fue el crecimiento en términos económicos. Durante el primer semestre las exportaciones generaron ingresos por US$29,6 millones FOB, frente a los US$20,9 millones obtenidos durante igual período del año pasado. Esto representa un incremento del 42%, favorecido tanto por un mayor volumen exportado como por mejores precios internacionales.
El valor promedio de exportación alcanzó los US$3450 por tonelada, consolidando una recuperación que fortalece la posición argentina en un mercado internacional cada vez más reducido y competitivo.
Un mercado mundial cada vez más pequeño
De acuerdo con un informe elaborado por la Coordinación de Equinos de la Secretaría de Agricultura sobre la base de datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y estadísticas internacionales de Trade Map, el comercio mundial de carne equina experimentó una fuerte retracción durante las últimas dos décadas.
En 2006 se comercializaban alrededor de 157.238 toneladas a nivel mundial. En cambio, durante 2025 el volumen descendió hasta 93.689 toneladas, lo que representa una reducción cercana al 40%. El punto más bajo de la serie se registró en 2022, cuando apenas se comercializaron unas 73.900 toneladas.
La Argentina acompañó esa tendencia descendente. Sus exportaciones pasaron de 35.097 toneladas en 2006 a 11.542 toneladas durante 2025. Sin embargo, el país consiguió sostenerse entre los principales proveedores mundiales gracias a una estructura exportadora especializada y a los elevados estándares sanitarios exigidos por los principales mercados compradores.
Actualmente Mongolia ocupa el primer lugar entre los exportadores mundiales con 34.021 toneladas comercializadas durante el año pasado. Argentina se mantiene en el segundo puesto con 11.542 toneladas, seguida por Bélgica (8643 toneladas), Polonia (8620), Uruguay (5935) y España (5726).
El informe oficial destaca que, si bien las exportaciones argentinas acompañaron la caída del mercado global, "su desempeño se mantiene relativamente estable dentro del grupo de países relevantes", aunque con variaciones tanto en los volúmenes comercializados como en los precios internacionales.
Una actividad cada vez más concentrada
Durante la última década, entre 2016 y 2025, la Argentina exportó un promedio anual de 15.613 toneladas por un valor FOB cercano a los US$52,6 millones.
El mayor volumen del período se registró en 2018 con 18.312 toneladas, mientras que en 2025 las ventas externas alcanzaron 12.903 toneladas. A pesar de esa reducción, el precio promedio de exportación ascendió hasta US$3570 por tonelada, superando el promedio histórico de la serie, ubicado en US$3373.
La producción destinada al mercado externo se encuentra actualmente concentrada en apenas tres establecimientos habilitados para elaborar carne equina: Frigorífico Lamar, Infriba S.A. y Land L S.A., perteneciente al grupo empresario de la familia Lowenstein.
Europa continúa liderando la demanda
Bélgica se mantiene como el principal comprador de carne equina argentina. Entre enero y junio concentró el 47% del volumen exportado y el 48% del valor FOB, con adquisiciones por US$14,1 millones.
Le siguieron los Países Bajos, que representaron el 16% del volumen exportado y compras por US$3,97 millones, mientras que Japón concentró el 4% de las toneladas enviadas al exterior y operaciones por US$1,4 millones.
En conjunto, estos tres mercados explicaron aproximadamente dos tercios de todas las exportaciones argentinas durante el primer semestre de 2026.
Una actividad residual pero estratégica
En dialogo con La Nación, Ernesto "Tito" Lowenstein, referente histórico del sector frigorífico equino, aseguró la mejora observada en los últimos años responde al fortalecimiento de la demanda internacional de proteínas animales y al encarecimiento de la carne vacuna, factores que favorecieron el consumo de carne equina en distintos mercados.
El empresario explicó que se trata de una actividad residual, ya que los caballos no son criados específicamente para la producción de carne, sino que provienen mayoritariamente del ámbito rural una vez finalizada su vida útil para tareas de trabajo u otras actividades.
También recordó que la Argentina exporta carne equina desde la década de 1940 y que durante los años setenta llegaron a operar entre 20 y 21 frigoríficos especializados. Con el avance de la mecanización agrícola y la menor utilización de caballos en el campo, esa estructura productiva se redujo considerablemente hasta quedar limitada a unos pocos establecimientos.
Trazabilidad y exigencias sanitarias
Uno de los principales desafíos del sector continúa siendo el cumplimiento de los exigentes requisitos sanitarios impuestos por la Unión Europea, principal destino de las exportaciones.
Entre las exigencias figura la prohibición de comercializar carne proveniente de animales tratados con fenilbutazona, un antiinflamatorio de uso frecuente en caballos deportivos.
Para cumplir con esas condiciones, el SENASA implementó un sistema de identificación individual mediante microchips, receta veterinaria electrónica y registros digitales de tratamientos, buscando garantizar la trazabilidad completa de los animales destinados a faena.
Según Lowenstein, desde 2016 la industria viene incorporando mejoras en materia de trazabilidad, inocuidad, bienestar animal, infraestructura y tecnología, muchas de ellas desarrolladas junto con instituciones europeas.
Asimismo, el sector participa en programas internacionales de investigación sobre bienestar animal junto con Respectful Life, la Universidad de Gante y representantes de la Fundación Zorba, iniciativas que buscan fortalecer las condiciones de producción y responder a las crecientes exigencias de los consumidores internacionales.
Mientras la Argentina logra aprovechar esa mayor demanda internacional para recuperar exportaciones y consolidar su posición entre los principales abastecedores mundiales, la Patagonia enfrenta una realidad muy distinta. La fuerte caída de sus embarques, la pérdida de volumen respecto de los últimos años y la continuidad de esa tendencia durante 2026 reflejan el retroceso de una actividad que alguna vez tuvo un papel destacado en la economía regional y que hoy busca recuperar competitividad en un mercado cada vez más exigente.
FUENTE: Redacción +P con aportes de La Nación.
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