La preocupante realidad de los jabalíes con carne azul de California
Cerdos con carne azul brillante en California revelan un problema mayor: ¿cómo afectan los rodenticidas a la fauna y la economía agrícola?
En marzo de 2025, el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California (CDFW) reportó un fenómeno alarmante: jabalíes con carne de un azul neón, descrito como "azul arándano" por Dan Burton, propietario de Urban Trapping Wildlife Control.
Este inusual hallazgo, detectado en el condado de Monterrey, no es un capricho de la naturaleza, sino una señal de contaminación por difacinona, un rodenticida anticoagulante que impide la coagulación de la sangre, causando hemorragias internas fatales en roedores y, accidentalmente, en fauna no objetivo como jabalíes, ciervos, osos y aves.
Este incidente, que repite un caso similar de 2015, plantea serias preguntas sobre las implicaciones económicas y ambientales del uso de rodenticidas en áreas agrícolas y residenciales.
Impacto en la economía agrícola
Los cerdos salvajes, aunque considerados una plaga por su capacidad de destruir cultivos y jardines, son también un recurso para cazadores y comunidades rurales. La contaminación de su carne no solo representa un riesgo sanitario, sino que afecta directamente a la economía local.
En California, la caza de cerdos salvajes genera ingresos significativos, con un mercado que incluye carne de caza, trofeos y actividades recreativas. Un estudio de la Universidad de Nebraska de 2018 encontró residuos de rodenticidas en el 8.3% de las muestras de tejido de cerdos salvajes y en el 83% de las muestras de osos, lo que sugiere una contaminación generalizada en zonas agrícolas donde los rodenticidas son comunes.
La presencia de carne no apta para el consumo podría reducir la confianza en este mercado, afectando a los cazadores y a las empresas que procesan carne de caza, un sector que en California mueve millones de dólares anualmente.
Además, los rodenticidas como la difacinona, utilizados ampliamente para proteger cultivos de roedores, representan un costo económico indirecto. La fauna silvestre no objetivo, como aves rapaces y pumas, desempeña un papel crucial en el control natural de plagas. Un informe de 2023 del CDFW reveló que el 88% de las aves rapaces y el 90% de los pumas analizados estaban expuestos a rodenticidas, lo que debilita estos ecosistemas y puede incrementar la dependencia de pesticidas químicos, elevando los costos para los agricultores.
La prohibición de rodenticidas anticoagulantes de segunda generación en California, firmada en 2020 y ampliada en 2024, busca mitigar este impacto, pero la transición a métodos alternativos de control de plagas requiere inversiones significativas en investigación y adopción de tecnologías.
Riesgos para la salud pública y costos asociados
La contaminación de la fauna silvestre también plantea riesgos para la salud humana, especialmente para comunidades que consumen carne de caza. El CDFW ha instado a los cazadores a evitar consumir animales con tejidos anómalos y a reportar hallazgos al Laboratorio de Salud de Vida Silvestre. Este llamado no solo busca proteger a los consumidores, sino también evitar posibles demandas legales y costos asociados a brotes sanitarios.
Por ejemplo, un brote de Salmonella en California entre 2023 y 2024, ligado al consumo de leche cruda, afectó a más de 170 personas, demostrando cómo los problemas sanitarios en el sector agropecuario pueden escalar rápidamente, generando gastos en atención médica y pérdidas de confianza en los productos locales.
Perspectivas regulatorias y soluciones sostenibles
La legislación de California avanzó hacia la restricción de rodenticidas, con la ley AB 1788 (2020) limitando los anticoagulantes de segunda generación y una nueva normativa en 2024 que prohíbe todos los rodenticidas anticoagulantes, salvo excepciones por salud pública. Sin embargo, la industria de control de plagas, representada por asociaciones como Responsible Industry for a Sound Environment, argumenta que estas restricciones podrían aumentar los riesgos de plagas en áreas urbanas y agrícolas, elevando los costos de producción.
Por otro lado, defensores de la vida silvestre, como Lisa Owens Vianney, destacan que la prohibición es un paso crucial para proteger ecosistemas y reducir los costos a largo plazo asociados con la pérdida de biodiversidad.
Una solución viable podría ser la adopción de métodos de control de plagas no químicos, como trampas mecánicas o el uso de depredadores naturales, aunque estos requieren una inversión inicial significativa. Proyectos de investigación, como los financiados por el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) en 2025, están explorando alternativas como la aversión química condicionada para reducir la depredación sin dañar la fauna. Estas iniciativas podrían ofrecer un equilibrio entre la protección ambiental y la sostenibilidad económica, pero su implementación a gran escala dependerá de incentivos gubernamentales y la colaboración del sector privado.
Fuente: Independent
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