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"Nos comimos todas las vacas": la frase que explica la crisis de la carne en la Patagonia

La falta de stock ganadero, la sequía y el auge exportador explican por qué la carne sigue subiendo por encima de la inflación en la Patagonia.

Cuando se observan las estadísticas oficiales, el diagnóstico es contundente: los precios de los cortes de carne continúan aumentando por encima de las tasas de inflación. Para Leonardo Claps, especialista del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en mercados de carne de la región, esta dinámica no es casual ni coyuntural, sino el resultado de un problema estructural de baja capacidad de oferta que se arrastra desde hace casi una década.

“En los últimos ocho o diez años nos comimos todas las vacas”, sintetiza el especialista en una charla que mantuvo con +P. Con esa frase gráfica, Claps explica que durante mucho tiempo el negocio ganadero dejó de ser rentable, lo que provocó una liquidación sostenida del stock, especialmente de vientres. Esa decisión productiva, que en su momento fue una respuesta racional a la falta de incentivos, hoy tiene consecuencias directas sobre la disponibilidad de carne.

Según detalla, la vaca es la base del sistema porque es la que produce el ternero, que luego se transforma en novillo. Al haberse reducido drásticamente esa base productiva, la capacidad de oferta quedó severamente limitada. “Ahora que el negocio vuelve a ser negocio, nos encontramos con menos stock y con un proceso técnico que se llama retención de vientres. Eso implica menos animales disponibles para faena y, como resultado directo, precios más altos”, explica.

A este escenario se suma un fuerte impulso exportador. Claps habla directamente de una “fiebre del oro” en torno a las exportaciones de carne, que compite con el mercado interno por una oferta cada vez más escasa. La combinación de retención de vientres y mayor demanda externa profundiza la tensión sobre los precios en los mercados regionales.

La sequía acelera la liquidación

En la Patagonia, el problema se agrava por una variable clave: el clima. La sequía persistente está alterando por completo los ciclos productivos tradicionales. Habitualmente, los terneros se comercializan a partir de marzo, cuando comienza la zafra de la invernada. Sin embargo, este año muchos productores de Río Negro, Neuquén y otras zonas de la Patagonia Norte e incluso del sur de la región se vieron obligados a vender antes de tiempo.

“No hay campos por la sequía. Se están vendiendo animales sin tener la cría, la recría o incluso el engorde terminado”, señala Claps. La falta de pasto obliga a liquidar hacienda de manera anticipada, lo que genera una caída del stock en el corto y mediano plazo y, a futuro, una menor productividad de carne por hectárea.

El impacto es doble. Por un lado, se reduce la cantidad total de animales disponibles. Por otro, los animales se venden con menos peso. “En vez de terminar un ternero en 180 o 200 kilos, lo terminás vendiendo en 120 o 140 kilos porque no llegás a completarlo”, explica. Mantener animales en el campo sin pasto no solo compromete su estado corporal, sino también la capacidad reproductiva y productiva de los rodeos para la siguiente campaña.

Menos faena y frigoríficos en crisis

Las estadísticas oficiales reflejan con claridad este proceso. En Río Negro, la faena se desplomó cerca de un 10%, una caída incluso más pronunciada que el promedio nacional. Para Claps, uno de los factores que explica esta situación es el cambio de la denominada “barrera sanitaria”, que terminó de golpear a los frigoríficos y mataderos de la provincia.

“Los animales estaban, así que en algún lugar se venden”, plantea. Y la respuesta es clara: muchos animales están saliendo hacia el norte de la barrera sanitaria o hacia la Patagonia Sur, ya sea para faena o para engorde. Esto deja a los frigoríficos rionegrinos con menos volumen y mayores costos operativos.

Hoy, según el especialista, no existe una posibilidad concreta de habilitar un corredor sanitario que permita el ingreso de hacienda del norte para faena en Río Negro. Claps relata que el tema fue planteado en una reciente reunión institucional con la autoridades del SENASA en Junín de los Andes, donde se analizó la posibilidad de autorizar el ingreso de una cantidad limitada de animales grandes para faena regional.

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La Patagonia enfrenta una combinación crítica de sequía, caída de stock y presión exportadora que tensiona toda la cadena de la carne.

La Patagonia enfrenta una combinación crítica de sequía, caída de stock y presión exportadora que tensiona toda la cadena de la carne.

La lógica económica detrás de esa propuesta es clara: no cuesta lo mismo faenar un animal de 550 kilos que uno de 380. El primero puede aportar más de 200 kilos de carne, mientras que el segundo apenas ronda los 160. “Es economía de escala pura: menor costo operativo por kilo faenado”, resume.

Además, contar con animales más pesados permitiría abastecer mejor el mercado interno regional con cortes como el asado y, al mismo tiempo, exportar cortes de alto valor a destinos como Estados Unidos, la Unión Europea o incluso Japón, mercado al que hoy solo accede el frigorífico Fridevi.

Un horizonte complicado hacia 2026

La situación actual, sin embargo, dista de ser alentadora. La industria frigorífica atraviesa un momento crítico y, en el corto plazo, las alternativas son limitadas. Claps señala que una posible salida sería apostar a más engordes o a sistemas de escala, pero eso requiere financiamiento significativo, algo difícil de conseguir en el contexto actual.

El impacto no se limita a un solo eslabón. “El productor, la industria, toda la cadena de valor de la carne en la Patagonia está afectada”, advierte. Y el panorama hacia 2026 no muestra señales de mejora. La recuperación productiva depende no solo de lluvias, sino también de temperaturas adecuadas, algo que en la región recién ocurre en primavera y principios del verano.

“En febrero, marzo, abril e incluso mayo hay poca agua. Después puede haber agua, pero no temperatura. En el corto plazo no va a haber pasto”, explica. Los relevamientos meteorológicos refuerzan esta mirada: la perspectiva climática sigue siendo negativa.

Todo indica que tanto la actividad primaria como la industrial enfrentarán un ajuste aún mayor. Menos productividad de carne por hectárea, menos kilos por cabeza faenada y mayores costos logísticos por kilo transportado son parte de un combo que afecta la productividad integral de toda la cadena cárnica patagónica.

Si bien existe la posibilidad de que un mayor ingreso de carne desde el norte de la barrera compense parcialmente la situación, Claps es claro: en el corto y mediano plazo la tendencia es a una disminución del stock, de la producción y de la productividad global del sistema. Un escenario desafiante que explica, en buena medida, por qué la carne sigue siendo cada vez más cara en la Patagonia.

Fuente: Redacción +P.

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