Oportunidades en acuicultura: cómo Argentina puede alcanzar los 2.500 millones de dólares
¿Puede Argentina liderar la producción de proteínas acuáticas mundiales? La genética emerge como el motor de una industria que ya proyecta ingresos millonarios.
La acuicultura se posiciona como uno de los sistemas de producción con mayor crecimiento en todo el planeta. Naciones tan diversas como China, Noruega, Estados Unidos y Chile convergen en una estrategia común: expandir el cultivo de especies acuáticas bajo estándares de sostenibilidad ambiental y complementariedad con la pesca extractiva. Organismos internacionales como la FAO y el Banco Mundial señalan que esta actividad constituye un pilar fundamental para lograr sistemas alimentarios resilientes basados en el conocimiento.
Los datos de las Naciones Unidas confirman esta tendencia global. Actualmente, el 60% de las proteínas acuáticas destinadas al consumo humano provienen del cultivo, y más del 51% de los peces se producen ya en estos sistemas controlados.
Guillermo Abdala Bertiche, es exdirector Nacional de Acuicultura,y asesor actual del Consejo Federal de Inversiones y Consultor del Banco Mundial, hizo un paneo por el sector y, en una columna de opinión publicada en La Nación. Aseguró que esta industria ofrece una ventaja estructural frente a otras producciones cárnicas debido a sus mejores índices de conversión alimenticia. Además, el avance en cultivos multitróficos integrados, donde interactúan peces, moluscos y algas, eleva significativamente la eficiencia biológica, ambiental y económica del sistema.
El despegue estadístico y la ventaja de la contraestación
Según Abdala Bertiche, Argentina posee un potencial extraordinario para el desarrollo de esta actividad. Durante décadas, el país acumuló un capital científico y tecnológico valioso en áreas de sanidad, nutrición y genética acuícola. No obstante, ciertas asincronías entre la generación de conocimiento y su implementación productiva limitaron el escalamiento histórico del sector.
A partir del año 2020, un proceso de ordenamiento y planificación estratégica permitió ecualizar estas capacidades. Los resultados estadísticos reflejan este cambio de paradigma: la producción nacional pasó de 1.900 toneladas en 2020 a una proyección cercana a las 16.000 toneladas para 2026.
Esta evolución explica por qué los organismos internacionales identifican a la Argentina como un actor con un margen de crecimiento inmenso. El país cuenta con recursos hídricos de calidad, un estatus sanitario privilegiado y una ubicación geográfica estratégica. La combinación de latitudes y climas permite la producción de semilla (huevos y larvas) y genética competitiva en contraestación.
Esta capacidad asegura el abastecimiento a regiones del hemisferio norte con ciclos de continuidad biológica, lo cual incrementa las posibilidades de expansión del comercio internacional.
La propiedad intelectual: El valor de la semilla
En este nuevo escenario, Abdala Bertichela afirma que la genética no funciona como un simple commodity. Se trata de un activo estratégico protegido por patentes y derechos de propiedad intelectual. Al igual que sucede con la genética bovina, donde el país es un referente mundial, el valor real de la acuicultura se concentra en la semilla. La calidad genética define aspectos críticos como el desempeño productivo, la sanidad de las poblaciones y el acceso a los mercados globales más exigentes.
Bajo supuestos de expansión realistas y consolidación sanitaria, el mercado específico de la genética en Argentina alcanzaría un volumen cercano a los 1.000 millones de dólares. Por su parte, la producción acuícola total del país podría situarse entre los 2.000 y 2.500 millones de dólares anuales sin renunciar a los criterios de sustentabilidad. El espejo regional de Chile resulta ilustrativo; su complejo acuícola genera cerca de 7.000 millones de dólares al año apoyado en la excelencia sanitaria y genética del salmón.
Diversidad territorial y casos de éxito regional
El desarrollo de la industria argentina muestra una gran diversidad territorial. En el sur patagónico, Tierra del Fuego sancionó una ley de acuicultura que actualiza su marco institucional y fortalece su potencial de bioseguridad. En la zona marítima de Chubut, la maricultura abre puertas mediante el cultivo de pez limón, donde empresas como Aquagrow impulsan programas de capitalización genética. Mientras tanto, en el noreste del país, el cultivo de pacú representa un hito de diversificación regional con exportaciones activas hacia mercados externos.
En conclusión, la acuicultura y su base genética se presentan como vectores concretos para diversificar la matriz productiva nacional. Esta actividad escala el uso del conocimiento científico, genera empleo calificado y permite a las provincias diseñar estrategias de convergencia productiva. La integración entre la pesca y el cultivo garantiza un desarrollo basado en la excelencia operacional y la eficiencia económica.
Fuente: La Nación con aportes de Redacción +P
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