Sociedad Industrial de Aysén: la empresa que unió a Chile con la Patagonia argentina
Tras el laudo de 1902, la Sociedad Industrial de Aysén transformó la Patagonia con ganadería, incendios forestales y un imperio empresarial sin fronteras.
Cuenta la historia que allá por 1902, el rey Eduardo VII de Gran Bretaña firmó el Laudo Arbitral que fijó el límite entre Chile y Argentina en el sur del continente. La línea quedó trazada sobre el papel, pero el territorio permanecía prácticamente vacío. Para Chile, ocupar esa tierra dejó de ser una opción y se convirtió en una urgencia geopolítica. La respuesta del Estado fue entregar concesiones a privados, con una condición: quien recibiera la tierra debía poblarla y producirla.
Así fue cómo en 1903, el gobierno chileno arrendó por veinte años los valles de los ríos Coyhaique, Mañihuales y Ñirehuao a Luis Aguirre, un residente de Punta Arenas. Aguirre no trabajó solo: se asoció con Mauricio Braun, empresario ya consolidado en el negocio ganadero magallánico, y juntos fundaron la Sociedad Industrial de Aysén (S.I.A.). El cálculo inicial estimaba la concesión en 100.000 hectáreas; con el tiempo, los agrimensores comprobaron que el terreno real multiplicaba ese número varias veces, hasta alcanzar las 800.000 hectáreas.
En noviembre de 1903 desembarcó en Puerto Chacabuco el administrador John Dun, acompañado de su asistente Angus Macphail, con la misión de levantar la futura estancia desde cero. Entre 1904 y 1905, la compañía compró cerca de 20.000 ovinos y más de 2.000 vacunos en Punta Arenas y en la Patagonia austral, mientras sus trabajadores construían corrales, viviendas y caminos. El casco central se instaló en la confluencia de los ríos Simpson y Coyhaique, y hacia 1914 la estancia ya producía a pleno.
El precio del progreso
Detrás de cada hectárea productiva hubo fuego. Para despejar terreno de pastoreo, la S.I.A. quemó extensiones enormes de bosque nativo, un proceso que en algunos sectores se extendió durante años. Aquel incendio deliberado transformó el paisaje de Aysén de forma irreversible y hoy los especialistas lo señalan como una de las causas centrales de la degradación ecológica que todavía enfrenta la región.
La concesión original no solo hablaba de ganado: exigía a la sociedad construir un camino a través del valle Simpson hasta la frontera argentina y habilitar rutas terrestres entre la costa del fiordo de Aysén y los valles cordilleranos. La conexión con el país vecino formaba parte del plan desde el primer día.
Y no fue solo infraestructura: buena parte de los colonos que poblaron la zona ingresaron cruzando primero la Patagonia argentina, desde la Araucanía hacia los valles de Aysén, Simpson y Cisnes. Con los años, cuando Puerto Aysén se convirtió en el centro comercial de la región, llegaron también mercancías provenientes de Argentina, en un flujo que corría en ambos sentidos de la cordillera.
Mauricio Braun, el hombre de las dos Patagonias
Ningún actor explica mejor ese vínculo binacional que su propio fundador. Braun, casado con Josefina Menéndez Behety, fundó en 1908 —junto a su suegro José Menéndez— la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, hoy conocida como "La Anónima", con oficinas en Trelew, Comodoro Rivadavia y Puerto Santa Cruz.
Hacia la década de 1920, el entramado familiar de los Braun, los Menéndez y los Nogueira concentraba cerca de dos millones y medio de hectáreas en territorio patagónico, repartidas a ambos lados de la cordillera. La S.I.A. de Aysén, vista en ese contexto, funcionó como una pieza más dentro de una red empresarial que cruzaba fronteras con la misma naturalidad con la que cruzaba el ganado.
Un legado que sigue en pie
En 1929 nació el pueblo de Baquedano, luego rebautizado Coyhaique, justo en el lugar que la S.I.A. conocía como "Pampa del Corral". Hacia 1930, las grandes compañías ganaderas iniciaron su repliegue y dejaron paso a la colonización estatal y a los colonos individuales. Las antiguas instalaciones de la sociedad, construidas entre 1906 y 1907, recibieron en 2009 la categoría de Monumento Histórico Nacional, y desde 2018 albergan al Museo Regional de Aysén.
La historia de la S.I.A. no es solo un capítulo de la ganadería chilena. Es la crónica de un capitalismo trasandino que, hace más de un siglo, entendió a la Patagonia como un espacio único, sin fronteras que valieran demasiado frente al negocio de la lana y la carne. Esa lógica de redes familiares y empresariales que operaban a ambos lados de la cordillera sigue explicando, en buena medida, por qué la estructura de la tierra patagónica todavía concentra el poder en pocas manos.
FUENTE: Biblioteca Nacional de Chile, Museo Regional de Aysén, Historia de la Patagonia -de Susana Bandieri-, Archivo Nacional de Chile con aportes de Redacción +P.
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