Huerta

La huerta como respuesta a la crisis: producir alimentos, ahorrar y cuidar el ambiente

La propuesta impulsada por Mundo Huertas busca que más familias, escuelas y comunidades recuperen el vínculo con la tierra a través de la producción de alimentos, la capacitación y prácticas sustentables al alcance de todos.

Nacido en plena pandemia, cuando el aislamiento obligó a millones de personas a replantear sus hábitos cotidianos, Mundo Huertas se consolidó como una propuesta que va mucho más allá de la venta de semillas. Con una mirada que combina producción familiar, educación ambiental, sustentabilidad y desarrollo comunitario, el proyecto busca acercar herramientas concretas para que cada vez más personas puedan cultivar sus propios alimentos y recuperar el vínculo con la tierra.

Al frente de la iniciativa se encuentra el Dr. Fernando Guevara, abogado de profesión y con una extensa trayectoria vinculada a las políticas sociales, el desarrollo comunitario y las problemáticas ambientales. Según explicó, la idea surgió en un contexto excepcional, pero rápidamente encontró un propósito que trascendió aquella coyuntura.

“Este proyecto es una pequeña empresa que nació en el año 2020, en plena pandemia. Justamente nos propusimos en aquel momento de encierro poder hacer accesible la semilla y todos los insumos y conocimientos necesarios para poder hacer una huerta a escala familiar o comunitaria desde cualquier lugar del país”, señaló.

La propuesta de Mundo Huertas se resume en una consigna simple pero poderosa: “En cada casa una huerta”. Detrás de esa frase existe una convicción profunda: la posibilidad de producir una parte de los alimentos que consume una familia no solo representa un ahorro económico, sino también una oportunidad para mejorar la calidad de vida, fortalecer la autonomía y promover hábitos más saludables.

Para Guevara, la inspiración también proviene de experiencias familiares que marcaron a generaciones anteriores. Recuerda especialmente a sus abuelos, quienes atravesaron distintas crisis económicas en Argentina manteniendo siempre una huerta y un pequeño espacio de producción doméstica.

“Me acuerdo mucho de mis abuelos, que pasaron miles de días de crisis económica en Argentina y siempre tuvieron su gallinero, su huerta. Me parece una experiencia muy valiosa para poder rescatar”, afirmó.

Mucho más que semillas

Sin embargo, el objetivo de Mundo Huertas no es únicamente entregar semillas. La iniciativa trabaja sobre una concepción integral que incluye capacitación, acompañamiento, materiales educativos, talleres, manuales y kits adaptados a diferentes realidades. Existen propuestas para viviendas con espacios reducidos, huertas familiares de distintos tamaños, establecimientos educativos y proyectos comunitarios.

“Lo que nos proponemos es justamente hacer accesible todo lo necesario para tener una huerta a escala familiar o comunitaria. Y eso incluye no solo las semillas, sino también todo lo que está alrededor de eso: la capacitación, instructivos, manuales y kits de siembra”, explicó Guevara.

Dentro de esa mirada integral, el compostaje ocupa un lugar central. Para la organización, aprender a separar los residuos orgánicos y transformarlos en abono constituye una práctica fundamental que complementa el trabajo de la huerta. Además de reducir desperdicios, permite generar fertilidad de manera económica y fomentar hábitos de cuidado ambiental.

Semillas, acompañamiento y educación ambiental forman parte de una iniciativa que invita a transformar patios y pequeños espacios en fuentes de alimentos saludables y aprendizaje comunitario.

Semillas, acompañamiento y educación ambiental forman parte de una iniciativa que invita a transformar patios y pequeños espacios en fuentes de alimentos saludables y aprendizaje comunitario.

“Promovemos mucho lo que es el compostaje de residuos orgánicos, porque es una forma de obtener abono a bajo costo y, a la vez, hacer algo que tiene que ver con el cuidado del ambiente”, sostuvo.

Más allá de la producción de alimentos, Guevara considera que la huerta genera transformaciones que no siempre pueden medirse en cantidad de cosecha. El contacto con la tierra, el trabajo compartido y la observación de los ciclos naturales producen experiencias educativas y humanas difíciles de reemplazar.

“La huerta es un poco la excusa para que pasen otras cosas, que van desde encontrarnos en familia, compartiendo un rato en el patio, metiendo la mano en la tierra o separando los residuos”, expresó.

Una respuesta a los desafíos del presente

En un contexto atravesado por la hiperconectividad, el consumo acelerado y la vida digital, muchas personas encuentran en la huerta una forma de desacelerar y reconectarse con actividades más simples. Para Guevara, esa búsqueda responde a una necesidad cada vez más presente en la sociedad.

“Vivimos en un mundo de hiperconsumo, hiperactividad y tecnología. Estamos todo el tiempo conectados con el celular y con lo digital. Y a mucha gente esto nos hace ruido como personas, como seres humanos”, reflexionó.

Además del aspecto emocional y educativo, el titular de Mundo Huertas destaca el valor práctico de la producción familiar de alimentos. En un país donde amplios sectores enfrentan dificultades económicas, cultivar una parte de los alimentos consumidos en el hogar puede representar una herramienta concreta para mejorar la alimentación.

“Con poquitos recursos nos podemos garantizar, aunque sea una parte de nuestra alimentación, y que esa comida sea sana, donde sabemos qué producto tiene o no tiene. Es una experiencia muy valiosa”, aseguró.

Durante la entrevista, Guevara también reivindicó el papel histórico de programas públicos como ProHuerta, impulsado durante años para promover la agricultura familiar y las huertas comunitarias en todo el país. Aunque valoró sus logros, señaló que uno de los desafíos fue sostener el acompañamiento territorial permanente.

“Creo que fue un programa muy valioso. Es una lástima que en Argentina se haya perdido como política pública. Ojalá más temprano que tarde pueda volver a ponerse en funcionamiento”, sostuvo.

Según su análisis, el éxito de cualquier iniciativa vinculada a las huertas depende de algo más que la provisión de insumos. La capacitación, el seguimiento y el acompañamiento humano resultan determinantes para que los proyectos se mantengan en el tiempo.

En un contexto económico desafiante, cada vez más personas encuentran en la huerta una alternativa para producir parte de sus alimentos, generar hábitos sustentables y reconectarse con la naturaleza.

En un contexto económico desafiante, cada vez más personas encuentran en la huerta una alternativa para producir parte de sus alimentos, generar hábitos sustentables y reconectarse con la naturaleza.

“Cualquier programa similar tiene que tener esto en cuenta y no solo facilitar los insumos, sino sobre todo el lado humano: el acompañamiento y la capacitación”, remarcó.

La huerta como herramienta educativa y comunitaria

Las escuelas representan otro de los espacios estratégicos para la propuesta. Allí, la huerta se transforma en una herramienta pedagógica que permite abordar contenidos vinculados con la alimentación, el ambiente y los procesos productivos.

“Hay que partir de algo tan fundamental como compartir que los alimentos que ponemos en nuestra mesa no nacieron de una máquina en un supermercado, sino que vienen de la tierra y de las plantas”, explicó.

Actualmente, Mundo Huertas trabaja con familias, municipios, instituciones educativas, empresas y organizaciones comunitarias. Además de comercializar semillas y kits a través de su tienda online para cualquier punto del país, ofrece capacitaciones gratuitas para quienes desean iniciarse en la actividad y encuentros especializados sobre manejo de plagas, elaboración de insumos y otros temas vinculados con la producción agroecológica.

La propuesta combina sustentabilidad, educación, producción familiar y fortalecimiento comunitario. No pretende ofrecer soluciones mágicas, pero sí recuperar prácticas accesibles que permitan construir mayor autonomía y una relación más consciente con los alimentos.

En tiempos donde la velocidad parece imponerse sobre todo lo demás, la iniciativa impulsada por Fernando Guevara invita a detenerse un momento, volver a la tierra y redescubrir el valor de algo tan simple como sembrar una semilla. Porque, detrás de cada huerta, puede comenzar mucho más que una cosecha: una nueva forma de aprender, compartir y vivir mejor.

FUENTE: Portal Agropecuario con aportes de Redacción +P.

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