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La cara oculta de la industria salmonera en Chile: testimonios que impactan

Familias, buzos y comunidades indígenas revelan el costo humano y ambiental de la industria del salmón más explosiva del continente.

La industria del salmón en Chile, una de las mayores del mundo y principal proveedora de Estados Unidos, enfrenta crecientes cuestionamientos por sus impactos laborales y ambientales. Así lo revela una extensa investigación del periódico británico The Guardian, que recoge testimonios de trabajadores, comunidades indígenas, pescadores artesanales, autoridades locales y organizaciones ambientalistas. El reportaje expone un modelo productivo que, pese a su enorme rentabilidad y acelerada expansión, ha generado un alto costo humano y ecológico que permanece mayormente invisible para los consumidores internacionales.

Uno de los casos más dramáticos presentados en la investigación es el de Ulia Cárcamo López, habitante del pequeño pueblo costero de Maullín. Su esposo, Arturo Vera, buzo de 59 años que trabajaba para la salmonera Taraba en Puerto Natales, murió en 2019 tras ser impactado por la hélice de una embarcación. La autopsia reveló graves lesiones en la cabeza, costillas y garganta. Otros buzos sostienen que el accidente ocurrió mientras el motor permanecía encendido, violando normas básicas de seguridad. La empresa recibió multas por infracciones laborales, pero declinó ofrecer declaraciones al periódico. Cárcamo y su familia consideran que la muerte fue consecuencia de negligencias que pudieron haberse evitado.

Según datos citados por The Guardian a partir de la ONG Ecoceanos, entre 2013 y 2025 fallecieron 83 trabajadores en faenas salmoneras en Chile, cifra que contrasta fuertemente con Noruega, primer productor mundial, donde solo se han registrado tres muertes en 34 años. Voces internas del sector afirman que los consumidores extranjeros desconocen la dimensión humana del problema, señalando que quienes comen salmón chileno “no imaginan cuánta sangre humana lleva consigo”.

Crecimiento acelerado y uso masivo de antibióticos

El reportaje recuerda que el salmón no es una especie nativa de Chile: comenzó a importar-se desde Noruega hace poco más de 40 años, durante la dictadura militar. Desde entonces, la industria ha crecido de manera explosiva. Entre 1990 y 2017, la producción aumentó casi un 3.000%, y hoy Chile exporta más de 750.000 toneladas de salmón a más de 80 países. En el primer trimestre de 2025, por ejemplo, se enviaron 56.474 toneladas a Estados Unidos por un valor de 760 millones de dólares. Europa también ha incrementado su consumo: las importaciones desde Chile crecieron de 56 millones de dólares en 2003 a 204 millones en 2024.

Este crecimiento, señala The Guardian, ha sido impulsado en parte por prácticas poco reguladas y peligrosas. El abuso de antibióticos es uno de los aspectos más preocupantes. Mientras Noruega afirmó no haber usado prácticamente ninguno en 2024, Chile aplicó más de 351 toneladas ese mismo año, aunque la cifra ha disminuido desde el peak de 563 toneladas en 2014. Investigaciones científicas citadas en el reportaje estiman que entre el 70% y 80% de los antibióticos administrados al salmón terminan en el ambiente, afectando ecosistemas marinos, generando potencial resistencia antimicrobiana y amenazando tanto a especies locales como a la salud humana.

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Una investigación internacional expone los graves estragos ambientales de las salmoneras en Chile.

Una investigación internacional expone los graves estragos ambientales de las salmoneras en Chile.

Los pescadores artesanales entrevistados denuncian una caída drástica de especies como erizos y mejillones, recurso clave para su sustento. Aseguran que la proliferación de centros de cultivo y la contaminación asociada han deteriorado los fondos marinos, afectando irreversiblemente la pesca local.

El artículo también destaca la falta de fiscalización estatal. Jorge Ampuero González, jefe de la Inspección Provincial del Trabajo en Puerto Natales, admite que su equipo —solo siete personas— está a cargo de supervisar 30 centros salmoneros dispersos en zonas de difícil acceso, algunos a más de 12 horas de navegación. Sin embarcaciones propias ni helicópteros, afirma que apenas pueden visitar cada granja una o dos veces al año, lo que limita seriamente su capacidad para detectar irregularidades. A su juicio, la industria aún no comprende que la sostenibilidad depende tanto de los volúmenes de producción como de las condiciones laborales y ambientales que la sostienen.

Comunidades indígenas y ríos contaminados

El impacto de la salmonicultura no se limita al mar. The Guardian también documenta problemas en las etapas de agua dulce, donde se incuban y crían los salmones jóvenes antes de ser trasladados al océano. Las regiones de La Araucanía y Los Ríos concentran muchos de estos centros, y en varias de estas zonas las comunidades acusan contaminación y daños extensos.

Un caso emblemático ocurre en la comunidad mapuche de Chesque Alto, donde Angélica Urrutia, machi y lideresa local, describe un ecosistema profundamente alterado desde que una empresa salmonera se instaló en el área en 1998. Según Urrutia, los peces desaparecieron del río Chesque, algunos tramos se tornaron rojizos y espesos, y en 2005 cuatro vacas murieron tras beber agua presuntamente contaminada con formalina, un compuesto químico utilizado para eliminar parásitos en la industria y asociado a riesgos cancerígenos. La comunidad inició acciones legales que obligaron a paralizar temporalmente la actividad en 2021; durante esa pausa, afirma Urrutia, la fauna comenzó a retornar, lo que reforzó sus sospechas sobre el origen de la contaminación.

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Testimonios desgarradores revelan cómo un producto estrella de exportación se ha convertido en tragedia para muchos chilenos.

Testimonios desgarradores revelan cómo un producto estrella de exportación se ha convertido en tragedia para muchos chilenos.

La lideresa denuncia también prácticas de presión o incentivos económicos destinados a ganar apoyo vecinal, así como la alteración de espacios sagrados donde la comunidad realizaba ceremonias ancestrales. Asegura que ya no puede recolectar hierbas medicinales debido al deterioro del entorno y que la contaminación ha afectado directamente aspectos espirituales esenciales para su pueblo.

Este panorama, expuesto por la investigación de The Guardian, muestra una industria altamente rentable pero acompañada de impactos profundos: trabajadores expuestos a riesgos mortales, comunidades indígenas y pescadores artesanales afectados por la degradación de sus territorios, y un Estado cuya capacidad fiscalizadora es insuficiente. Todo esto contrasta con la imagen internacional de un producto saludable y sostenible, ocultando los costos humanos y ecológicos que lo sostienen.

Rechazan acusaciones

La principal asociación de productores de la industria salmonera chilena rechazó la descripción del sector en un reciente artículo de The Guardian sobre el llamado “salmón sangre” , argumentando que el informe no refleja las condiciones actuales de los estándares agrícolas, laborales y operacionales del país.

En declaraciones a Radio La Clave, Loreto Seguel, presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón de Chile, afirmó que la publicación combina estadísticas de salud animal, episodios históricos y acusaciones no verificadas de manera tal que distorsiona la realidad de la industria.

Señaló que el consejo, que representa cerca del 60 por ciento de la producción chilena, no fue contactado para verificar la información y cuestionó las fuentes de los datos citados en la nota periodística.

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Fuente: The Guardian y Radio La Clave.

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