Calor

Olas de calor récord ponen en jaque la seguridad alimentaria mundial

Un informe de la ONU advierte que el calor extremo ya afecta a cultivos, ganado y pesca en todo el planeta, con riesgos crecientes para la producción de alimentos.

Los episodios de calor extremo se están consolidando como una de las amenazas más serias para el futuro inmediato del sistema agroalimentario global. No se trata ya de un fenómeno excepcional, sino de una realidad cada vez más frecuente que compromete simultáneamente la salud de los trabajadores, la productividad de los cultivos y la estabilidad de los ecosistemas de los que depende la alimentación de miles de millones de personas.

Así lo advierte un nuevo informe conjunto de la Organización Meteorológica Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicado en el contexto del Día de la Tierra, que pone cifras y evidencia científica a una tendencia que ya se percibe en el terreno: el calor extremo está reconfigurando el trabajo en el sector primario.

El calor extremo como amenaza estructural

El estudio traza un diagnóstico amplio y preocupante. Según sus conclusiones, los trabajadores agrícolas y los sistemas agroalimentarios se encuentran entre los principales damnificados por las olas de calor, que no solo son más intensas, sino también más prolongadas y frecuentes.

El informe subraya que el calor extremo “multiplica los riesgos y ejerce creciente presión sobre cultivos, ganado, pesca, bosques y las comunidades que dependen de ellos”, en palabras del director general de la FAO, Qu Dongyu. Esta presión no es abstracta: se traduce en pérdidas de productividad, deterioro de la salud humana y animal, y mayor vulnerabilidad de sistemas ya frágiles.

Uno de los aspectos más alarmantes del informe es la forma en que el calor afecta a la ganadería. A partir de los 25 grados centígrados, muchas especies comienzan a experimentar niveles de estrés térmico que comprometen su bienestar y productividad.

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Más del 90 % de los océanos ha registrado olas de calor marinas recientes, mientras los cultivos empiezan a perder productividad por encima de los 30 °C.

Más del 90 % de los océanos ha registrado olas de calor marinas recientes, mientras los cultivos empiezan a perder productividad por encima de los 30 °C.

En el caso de aves de corral como pollos, así como en cerdos, el impacto es aún más temprano y severo, debido a su limitada capacidad para regular la temperatura corporal mediante mecanismos como la sudoración. Este umbral relativamente bajo implica que amplias regiones del planeta pasan buena parte del año en condiciones potencialmente adversas para la producción ganadera eficiente.

Océanos más calientes, cultivos más vulnerables

El informe también pone el foco en los ecosistemas acuáticos, donde el aumento de la temperatura del agua está generando consecuencias preocupantes. Los peces, por ejemplo, pueden sufrir fallos cardíacos durante episodios de calor extremo en los océanos y mares.

Este fenómeno se vuelve especialmente crítico en un contexto en el que, según datos de la OMM citados en el informe, más del 90 % de los océanos globales experimentaron olas de calor marinas durante 2025. Este dato refleja una transformación profunda del sistema climático oceánico, con efectos en cascada sobre la pesca, la biodiversidad y la seguridad alimentaria de comunidades costeras en todo el mundo.

En el ámbito agrícola, el impacto del calor extremo se manifiesta en la reducción directa de los rendimientos. El informe señala que muchos cultivos comienzan a perder productividad cuando las temperaturas superan los 30 grados centígrados, aunque en especies particularmente sensibles como la patata o la cebada, el umbral de tolerancia es incluso menor. Esto supone un riesgo significativo para la estabilidad de los sistemas alimentarios, especialmente en regiones donde la agricultura depende en gran medida de condiciones climáticas relativamente estables.

Más allá de los cultivos y los animales, el informe introduce un elemento crucial: el impacto humano. En regiones como Asia, África o América Latina, los trabajadores agrícolas ya pueden enfrentarse a más de 250 días al año en los que las condiciones térmicas hacen inseguro el trabajo al aire libre. Esto no solo reduce la productividad, sino que incrementa el riesgo de golpes de calor, deshidratación y otras afecciones potencialmente graves. El calor extremo, en este sentido, se convierte también en un problema laboral y de salud pública de primer orden.

La dimensión del problema se amplía aún más cuando se consideran los efectos indirectos del aumento de las temperaturas. El calor extremo actúa como un catalizador de otros riesgos climáticos: favorece la aparición de incendios forestales, intensifica las sequías repentinas y facilita la propagación de plagas y enfermedades que afectan tanto a cultivos como a ganado. En conjunto, estos factores configuran un escenario de creciente inestabilidad para el sector primario, donde los impactos ya no son aislados sino interconectados.

Adaptación, alerta temprana y cooperación internacional

Ante este panorama, el informe insiste en la necesidad urgente de adoptar medidas de adaptación. Entre las estrategias propuestas se incluyen la mejora genética selectiva de especies agrícolas y ganaderas, la diversificación de cultivos, la elección de variedades más resistentes al calor y la modificación de los calendarios de siembra para adaptarse a nuevas condiciones climáticas. Estas medidas, aunque técnicas, implican también transformaciones estructurales en la forma en que se concibe la producción de alimentos.

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El informe advierte que el calor extremo ya supera los límites seguros de trabajo en el campo en Asia, África y América Latina durante gran parte del año.

El informe advierte que el calor extremo ya supera los límites seguros de trabajo en el campo en Asia, África y América Latina durante gran parte del año.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, subraya además la importancia de extender y fortalecer los sistemas de alerta temprana. Estos sistemas son fundamentales para que agricultores, ganaderos y pescadores puedan anticiparse a episodios de calor extremo y tomar decisiones preventivas que reduzcan los riesgos. Sin embargo, el informe advierte que la tecnología por sí sola no es suficiente.

El documento concluye con un mensaje que trasciende lo técnico para entrar en el terreno político y ético. Proteger el futuro de la agricultura y garantizar la seguridad alimentaria mundial exigirá, según el informe, no solo reforzar la resiliencia de las explotaciones agrícolas, sino también avanzar hacia una mayor solidaridad internacional y una voluntad política compartida para gestionar los riesgos climáticos. En otras palabras, el calor extremo no es únicamente un desafío ambiental: es también una prueba de cooperación global.

En un mundo donde la temperatura media continúa en ascenso y los fenómenos extremos se vuelven más frecuentes, el informe de la FAO y la OMM funciona como una advertencia clara: el sistema agroalimentario global se encuentra en una fase de transformación forzada por el clima. Y el tiempo para adaptarse, aunque aún existe, se está acortando rápidamente.

Fuente: FAO, OMM y aportes de Redacción +P.

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