Añelo antes de Vaca Muerta: El origen del aceite de oliva que brotó en el corazón del desierto
Se trata de unos de los proyectos pioneros en el rubro, ubicados en la zona de La Calera en Añelo. Su historia marcó un rumbo y mostró una nueva posibilidad productiva para el Alto Valle.
Transcurría el año 2005 cuando René Retamal Jara, se puso manos a la obra para comenzar con un nuevo proyecto, totalmente diferente a la actividad en RJ Ingeniería, su empresa dedicada a la proyección y construcción de obras civiles. Una corazonada certera, lo llevó a adquirir varias hectáreas en la localidad de Añelo, en medio de la meseta desértica, donde los zorritos y cuises salvajes caminan entre jarillales y coirones.
Allí, donde el tiempo parece detenerse y el horizonte no tiene fin, el viento patagónico golpea con fuerza y la escasez de lluvias anticipa la aridez del clima. Así y todo, en estas tierras ubicadas en el centro Oeste de la provincia de Neuquén, sucedió la magia y un proyecto productivo emergió de los suelos, gracias a la fé y al trabajo árduo de sus creadores.
A mediados de abril recibimos la triste noticia del fallecimiento de Don René a sus 90 años, quién dejó un extenso legado de obras en la región del Alto Valle. Su hijo Giulio Retamal Jara y uno de sus colaboradores, el ingeniero Patricio Peña, comparten con +P, parte de la historia de Olivares del Neuquén con los sentimientos a flor de piel.
Una apuesta por el olivo
“No había nada de nada” recuerda Giulio Retamal Jara cuando rememora el paisaje de las tierras de Añelo, donde luego se plantaron los olivares. Primero trazaron las picadas y los alambrados perimetrales, luego comenzó el desmonte y la construcción de la primera casa. Además, entre 2006 y 2007 pudieron colocar las primeras alamedas para delimitar y proteger las plantaciones.
Patricio Peña recuerda esos comienzos como “algo irracionales, porque no teníamos electricidad y teníamos que regar con un grupo electrógeno… era antieconómico”, dijo. Pero la convicción de don René era más fuerte: “Él desde el inicio tenía ese sueño de poner olivares acá”, afirmó.
Don René, que es de origen chileno, tenía a sus padres que trabajaban en el campo, por eso lo envolvía un gran amor por la agroindustria. Giulio explica que “tiempo antes de comenzar con el emprendimiento, “la provincia hace una licitación de tierras en función de que habían hecho el canal de riego y entonces se pusieron a evaluar qué tipo de cultivo se podía hacer en esa zona”.
Dentro de las posibilidades estaban las vides y los olivos, pero para producir vinos se necesitaban otro tipo de inversiones. En ese entonces, René decidió viajar a Chile para evaluar las posibilidades de plantar olivos en el sur y “la idea era ver hasta dónde llegaban los campos de olivos, que es donde podía haber una referencia” detalló su hijo.
El “No” y el “Sí”
La apuesta por los olivos era toda una novedad. Giulio aseguró que “no había en ese momento plantaciones en Neuquén” y en ese sentido “hubo muchas personas que auguraron el fracaso” como aquel ingeniero que trajeron de Mendoza y que les dijo que el proyecto era inviable. “Este super experto, dijo: ‘no va a andar’”.
Pero Patricio Peña, que en ese momento estudiaba ingeniería en la Facultad de Cinco Saltos, decidió confiar en su trabajo a pesar de los malos augurios, y tomaron la decisión de seguir adelante junto a René. La plantación comenzó en el 2007 y dos años después tuvieron su primera cosecha “se sacaron 50 kilos (de frutos)”, recordó Patricio con una sonrisa.
La variedad de olivo que usaron fue la Arbequina, originaria de Cataluña, España. Muy valorada por su pequeño tamaño, alta productividad y adaptación a cultivos intensivos y, sobre todo, resistente a los vientos de la Patagonia.
“Muchos años después vino una gente de unos viveros españoles, que habían venido a visitar el vivero de Rosauer… nos dijeron: ‘esto es de libro, el suelo, no tenés agua, el clima tiene una gran variación térmica’, eso es una gran ventaja para este cultivo” detalló Giulio. “Con eso tomamos un poco más de impulso y seguimos plantando”, resumió.
Salir a escena
En el 2011 Olivares del Neuquén salió al mercado, lograron la habilitación del establecimiento y así comenzaron a prensar y a realizar el envasado en origen. “Fuimos a hablar con los dueños de Topsy y ellos nos dieron la oportunidad de ponerlo en las góndolas… al poquito tiempo también hablamos con Capriolo”, que confió en ellos.
A partir de ahí, Giulio reconoce que vino el desafío de “darle escala al proyecto”. A través del gobierno provincial, llegó el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) al campo a analizar los cultivos y terminó de confirmar que los olivos eran aptos para estas tierras. Con este aval, comenzaron a aparecer otros productores, impulsados por los créditos que dio la provincia.
René tuvo que ir a buscar gente de otras localidades para el trabajo en el campo y alquilar las máquinas para el servicio de cosecha “fue todo un aprendizaje”, relató su hijo. Las plantaciones de olivares se fueron extendiendo con el tiempo y hoy ya ocupan unas 100 hectáreas.
Entre pozos y olivares
La vista actual desde el aire de las tierras de Olivares del Neuquén, es la de un oasis verde en medio de la estepa. Giulio recordó que cuando comenzaron “no existía Vaca Muerta, Añelo era un pueblito muy chiquito y la actividad petrolera era muy incipiente en esos días”.
A través de los años los pozos petroleros de Vaca Muerta se empezaron a instalar, aunque no son vecinos inmediatos del predio. “Están lejos”. Las tierras de La Calera son manejadas por la empresa Pluspetrol. “La relación con ellos es buena, ellos fueron muy respetuosos con nosotros” aseguró Giulio.
Con el tiempo el aceite de oliva, que antes tenía un consumo menor en la Argentina, comenzó a ser recomendado por los especialistas en nutrición y se empezó a consumir más. “El análisis nuestro era bueno, aunque siempre apuntamos al mercado interno”.
“De a poco fuimos ampliando la planta, comprando más tanques, buscando tipos de envases. Nos dimos cuenta que la gente aprendía a cocinar con el aceite entonces salimos con un envase acorde” detalló.
Los estudios sobre la calidad del aceite que pudieron hacer dieron muy buenos resultados. “Eso es debido en parte al suelo, pero mayormente por el factor climático” dijo el empresario a días de comenzar con la cosecha del fruto. Se planta en septiembre y se cosecha en abril.
Hoy, Olivares del Neuquén ofrece al mercado una única variedad de aceite extra virgen de primera prensión en frío en dos presentaciones, de dos litros en bidón y de un litro en botella de vidrio. La comercialización se hace mayormente por canales digitales y en las góndolas de algunos supermercados locales.
Al consultar a los entrevistados cuál es el mensaje final que les gustaría dejar sobre esta experiencia, Giulio toma la posta y dice: “Que nadie te diga que no es posible” con una expresión de profunda emoción. Patricio lo mira cómplice y se une al sentimiento.
El color dorado y brillante del aceite de oliva nos recuerda a los días de sol y las tibias tardes de otoño en el Alto Valle, donde la actividad petrolera y la agricultura conviven, a veces en tensión y otras, como en este caso, en franco equilibrio; una muestra de que esta simultaneidad productiva es posible.
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