El vino argentino obtiene el mayor número de reconocimientos entre las 50 mejores bodegas del mundo.
Argentina es la capital mundial del vino: 17 bodegas nacionales (34%) lideran el ranking Forbes, con 4 en el Top 10, pese a la peor caída de ventas internas en 23 años.
La revista estadounidense Forbes acaba de publicar The World’s 50 Best Wineries 2025, un listado que evalúa no solo la calidad del vino, sino también innovación, sostenibilidad, enoturismo y legado cultural. El resultado es contundente: Argentina lidera con el 34 % de las distinciones (17 bodegas), triplicando al segundo país (10 %) y colocando cuatro etiquetas en el Top 10. Mientras Chile se llevó el primer puesto con Santa Rita, nuestro país consolidó su hegemonía cualitativa en un año récord de caída de ventas internas: la peor performance comercial en 23 años.
Los números que explican el fenómeno argentino
Este reconocimiento llega apenas días después de los Wine Star Awards 2025 de Wine Enthusiast, donde Alejandro Vigil fue nominado Enólogo del Año, Alejandro Bulgheroni recibió el Lifetime Achievement Award y Luigi Bosca se coronó Mejor Bodega del Nuevo Mundo.
El proceso de selección combinó postulaciones globales con evaluación independiente de especialistas de Virgin Wines y un modelo comparativo basado en datos objetivos:
Historia y longevidad Prácticas sustentables certificadas Responsabilidad social corporativa Innovación en viñedos y bodega Formación de nuevas generaciones Transparencia ESG y packaging responsable.
Las bodegas argentinas que conquistaron el mundo
Completan la nómina argentina: Doña Paula (13), Colomé – Salta (15), Huarpe Riglos (20), Bianchi (21), Trivento (22), Sophenia (23), Susana Balbo (28), Zuccardi Valle de Uco (30), Salentein (40), Alta Vista (41), Finca Decero (43), Fincas Patagónicas – Wapisa (44) y DiamAndes (45).
En un 2025 de consumo interno en caída libre, estos premios funcionan como oxígeno. Demuestran que la evolución cualitativa de los últimos 15 años —terruño, altura, sostenibilidad, enoturismo de lujo— es irreversible. Mientras el mercado interno se contrae, la imagen global del vino argentino nunca estuvo tan alta.
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