Crisis en la vitivinicultura: Bodega Casa Montes en default tras cheques rechazados
La cesación de pagos de una bodega clave del Valle de Tulum expone la profundidad de una crisis que atraviesa a toda la cadena del vino argentino.
La crisis que atraviesa la vitivinicultura argentina sumó en las últimas horas un nuevo y significativo episodio. La bodega sanjuanina Casa Montes, uno de los principales actores del Valle de Tulum y responsable de marcas como Ampakama, Fuego Negro, Alzamora, Baltazar y Casa Montes, ingresó en un proceso de cesación de pagos tras registrar cheques rechazados por un total de 467 millones de pesos. El caso volvió a encender las alarmas en un sector que atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas.
Se trata de la primera vez en su historia que la firma aparece en el registro de deudores del Banco Central de la República Argentina, donde llegó a figurar con 282 cheques rechazados. Desde la empresa explicaron que cerca del 80% de esos compromisos ya fueron cancelados, aunque la normalización aún no se refleja completamente en los informes oficiales, manteniendo visible un antecedente negativo que impacta sobre su operatoria financiera.
Casa Montes cuenta con una capacidad de almacenamiento superior a los 3 millones de litros en tanques de acero inoxidable, una línea de fraccionamiento de última generación de 2.500 botellas por hora y más de 150 hectáreas de viñedos propios implantados con variedades como Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Syrah, Chardonnay, Viognier, Tempranillo y Tannat. La empresa produce tanto con uva propia como de terceros y abastece distintos segmentos del mercado.
Según detallaron desde la bodega, el origen del conflicto fue administrativo. Una demora en el ingreso a un plan de pagos ante ARCA derivó en un embargo que inmovilizó las cuentas bancarias de la firma en todas las entidades con las que opera. Como consecuencia directa, se produjeron los rechazos de cheques. Si bien muchos valores fueron luego repuestos y abonados a los proveedores, la lentitud del sistema de recupero mantuvo los rechazos visibles en los registros oficiales durante varias semanas.
Esa situación impactó de lleno en la relación con los bancos, que decidieron no renovar los acuerdos de descubierto vigentes. A partir de allí, la empresa se vio imposibilitada de cubrir en tiempo y forma la totalidad de los compromisos financieros, profundizando de manera transitoria la tensión de caja. El episodio puntual se dio en un contexto general de crisis que amplificó sus efectos.
Una crisis que atraviesa toda la cadena vitivinícola
El caso de Casa Montes no es un hecho aislado. La industria del vino argentino atraviesa una crisis de carácter amplio, que golpea a todos los eslabones de la cadena productiva. En el inicio del proceso aparecen los viñateros, que desde hace meses advierten sobre una ecuación económica negativa. El fuerte incremento de los costos de producción —insumos, mano de obra, energía, transporte y servicios— contrasta con precios de la uva que no logran acompañar ese proceso.
En muchos casos, los valores que reciben los productores no alcanzan siquiera a cubrir los costos básicos, lo que derivó en protestas, manifestaciones al costado de las rutas y reclamos ante las autoridades. La falta de rentabilidad pone en jaque la continuidad de fincas familiares y medianas, y genera un efecto dominó sobre el resto del sector.
Del otro lado de la cadena, la industria vitivinícola enfrenta una verdadera tormenta perfecta. El consumo interno de vino se encuentra en niveles históricamente bajos, afectado por la caída del poder adquisitivo y cambios en los hábitos de consumo. A esto se suma un retroceso de las exportaciones, condicionadas por el atraso del tipo de cambio, la pérdida de competitividad frente a otros países productores y una menor demanda global de bebidas alcohólicas.
El resultado es una fuerte caída en los despachos, un aumento significativo de los stocks y márgenes de rentabilidad cada vez más ajustados. Fuentes del sector coinciden en que la actividad atraviesa su peor escenario en al menos una década.
Empresas emblemáticas bajo presión y sin señales de alivio
En Mendoza, bodegas históricas comenzaron a exhibir problemas financieros de magnitud. Bianchi registró un volumen elevado de cheques rechazados, por montos que superan los 1.000 millones de pesos, mientras avanza en un proceso de reordenamiento interno. Norton, por su parte, decidió presentarse en concurso preventivo de acreedores como herramienta para preservar la continuidad de la compañía y reestructurar pasivos.
La crisis también se siente fuera del núcleo mendocino. En el sur de La Pampa, Bodega del Desierto anunció una “parada obligada” de su producción, con suspensiones y despidos, como parte de un intento por atravesar el momento más crítico del sector.
Un reciente informe de la Fundación Mediterránea advierte que la vitivinicultura acumula desequilibrios profundos: sobreoferta de vino, stocks elevados, caída del consumo interno y pérdida de dinamismo exportador. Los costos, impulsados por insumos dolarizados, energía, logística y salarios, crecieron por encima de la inflación sectorial sin poder trasladarse a precios.
En este contexto, el acceso al financiamiento se volvió más restrictivo, los plazos de cobro se estiraron y las cadenas de pago comenzaron a mostrar fisuras. La crisis dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad concreta que ya impacta en el funcionamiento cotidiano de las bodegas, desde el viñedo hasta la góndola.
Fuente: IProfesional con aportes de Redacción +P.
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