Década perdida: se derrumbó 11% la superficie cultivada de vid en 10 años
El Instituto Nacional de Vitivinicultura publicó su “Anuario de Superficie 2024” y los datos muestran un retroceso muy fuerte en todas las regiones vitivinícolas del país.
En una suerte de radiografía de un sector en retroceso, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) publicó su “Anuario de Superficie 2024” y los datos son contundentes. “La superficie de vid de la República Argentina registrada al 31 de diciembre de 2024 alcanza las 199.946 ha. distribuidas en 22.039 viñedos. Se registra una disminución del 11% en superficie total (-24.762 ha) en los últimos 10 años y del 12% en la cantidad de viñedos (-3.010)”, detalla el informe.
Los datos se desprenden del operativo de verificación de viñedos que llevo a cabo el INV durante todo el año, el cual ha sido llevado a cabo por profesionales del organismo y tiene por objetivo mantener actualizado el Censo Vitícola.
En este operativo se verificaron 23.365 has que corresponden a 3.163 viñedos, dándole fundamental importancia a las verificaciones de aquellos que no registran cosecha en los últimos 5 años, lo que permitió que se dieran de baja 1.251 viñedos que corresponden a 7.346 ha en todo el país.
El informe detalla que la mayor pérdida se dio previsiblemente en la provincia de Mendoza, que concentra el 71,4% de la producción nacional. Al final de 2024, en esa provincia, había 535 viñedos menos que en 2023; en San Juan cerraron sus puertas 308 y en el resto del país (donde está incluida nuestra región), 408 viñedos dejaron de existir. En total, se trata de 7346 hectáreas que ya no producirán uvas para vivificar.
Concentración
Además de la caída general, el informe permite vislumbrar otra tendencia clara: la concentración de los proyectos productivos. “El tamaño de los viñedos (tmv) se ha incrementado, llegando en 2024 a 9,1 ha. El tmv en el año 1990 era de 5,8 ha; en el año 2000 de 8,0 ha; en 2010 de 8,8 ha y en el año 2024 de 9,1 ha”, detalla el reporte.
El tmv del país es de 9,1 ha. Dentro de las principales 7 provincias más cultivadas, la que tiene viñedos más extensos es Neuquén (17,2 ha), seguida por Salta (14,5 ha), Mendoza (9,8 ha) y San Juan (9,4 ha), siendo Catamarca la de viñedos más pequeños (2,2 ha).
Respecto al año 2015 (10 años), han disminuido las hectáreas de vid en 5 de las 7 provincias con mayor superficie: Mendoza (-10,6%, -16.864 ha), San Juan (-16,3%, -7.711 ha), La Rioja (-5,9%, -439 ha), Neuquén (-14,4%, -253 ha) y Río Negro (-23,2%, -389 ha); mientras crecieron Salta (+17,7%, +556 ha) y Catamarca (+0,6%, +15 ha).
Respecto a las otras 13 provincias vitivinícolas del país, en la última década se registra aumento de superficie en 11 de ellas, solo disminuyeron Córdoba y Misiones.
De acuerdo al informe del INV, el 58,7% de los viñedos del país son menores a 5 ha y concentran el 14% de la superficie cultivada de vid. En el otro extremo, se observa que el 7,4% de los viñedos y el 44,7% de la superficie cultivada corresponden a superficies de más de 25 ha.
Respecto al año 2015, principalmente han disminuido los viñedos de menos de 10 ha y especialmente los comprendidos entre 1 y 5 ha.
Tierra arrasada
La erradicación de viñedos es una tendencia que lleva años y las razones que la explican son muchas. Se habla de la productividad por la variedad o los kilos que no se traduce en la rentabilidad que requiere el negocio.
También es cierto que hay muchos productores que han ido erradicando y cambiando de variedades o de actividad. Se venden algunas fincas que estaban en mal estado y se convierten en chacras, frutales o frutos secos.
Más allá de este escenario, la superficie de viñedos ha tenido una baja en cuanto a hectáreas cultivadas, pero la producción no ha caído, lo que indica también que hay viñedos que mejoraron su rendimiento, con una tendencia lenta en Argentina a la concentración: propiedades con más superficies y más productivas.
A todo este escenario, se suma otro condimento extra, que reporta serios efectos colaterales. Así, los especialistas de la industria aseguran que el abandono es más peligroso que la erradicación.
¿Por qué? Porque cuando se erradica, se arranca lo abandonado. Pero el abandono, sin erradicar, genera que se siga produciendo uva, que no se cosecha, lo que complica el control de plagas, como la Lobesia botrana.
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