La brecha de ingresos globales y la crisis del vino: qué consumen los mercados hoy
Un análisis sobre cómo la desigualdad global de ingresos redibuja el mercado del vino: caen las gamas medias y crecen los segmentos premium y populares.
La creciente polarización en el consumo de vino encuentra su explicación central en las disparidades de ingresos mundiales. Un informe de la consultora Del Rey AWM expuso cómo la distribución de la renta condiciona las tendencias actuales del sector, determinando el éxito de ciertas categorías frente al desplome severo de otras.
El análisis revela un panorama fragmentado en tres grandes comportamientos de consumo. Por un lado, los segmentos premium y super-premium mantienen una notable resistencia ante la coyuntura adversa, destacándose en el mercado francés la mayor estabilidad de las etiquetas de la región de Borgoña en comparación con las producciones de Burdeos.
Por otro lado, la categoría de vinos de consumo masivo y populares ostenta un desempeño favorable. Este grupo abarca vinos blancos, espumosos, estilos frescos o dulces, opciones con bajo contenido alcohólico o sin alcohol (alcohol-free), mostos parcialmente fermentados y cócteles como el spritz. En líneas generales, las variedades blancas superan a las tintas, los vinos espumosos aventajan a las opciones tranquilas y el Prosecco registra una demanda superior respecto al Cava español.
En el extremo opuesto se ubican los vinos tradicionales de gama media, sufriendo la contracción más pronunciada, especialmente en las opciones tintas de regiones consolidadas. Este desplome impacta con severidad en áreas con altos costos operativos como Europa y Estados Unidos, donde las autoridades han debido aplicar medidas extraordinarias como la destilación de crisis y planes oficiales de arranque de viñedos. La expansión comercial de los segmentos premium y populares no logra compensar esta caída de la gama media, lo que genera una reducción generalizada del volumen consumido a nivel global.
Factores estructurales y la "curva del elefante"
Desde el periodo pospandemia, la industria vitivinícola atraviesa una fase persistente de retroceso. Si bien influyen factores coyunturales como conflictos geopolíticos, barreras al comercio y presiones inflacionarias, prevalecen tendencias de carácter estructural como el proceso de desglobalización, la consolidación de hábitos de consumo locales en plazas clave como China, el endurecimiento de normativas institucionales hacia el consumo de alcohol y la clara preferencia social por bebidas más ligeras y de menor graduación.
Esta dinámica comercial responde a un patrón macroeconómico explicado por la curva de Lakner-Milanovic, conocida popularmente como la curva del elefante. Dicho modelo expone la distribución del crecimiento del ingreso global entre 1988 y 2008. En ese período, el grupo correspondiente al 0,5% superior y al 15% superior de la población mundial captó un incremento extraordinario en sus ingresos, sosteniendo la demanda actual de vinos super-premium. En contraste, las poblaciones situadas entre los percentiles 30 y 60 —que representan a la clase media global emergente en países como China e India— registran avances económicos sostenidos e ingresan al mercado del vino mediante estilos frescos o la incorporación gradual de tipologías tradicionales.
Por el contrario, las personas pertenecientes a los percentiles 60 al 80, correspondientes a las clases medias tradicionales de naciones desarrolladas, experimentaron un estancamiento salarial prolongado. El deterioro directo en su poder de compra las lleva a abandonar la adquisición de caldos de gama media.
Reconfiguración estratégica para las bodegas
Esta redistribución del ingreso condiciona de forma directa el futuro del negocio vitivinícola. Ante un consumidor de clase media tradicional en retroceso dentro de las economías desarrolladas, la categoría media —que históricamente representó el motor en volumen y valor para muchas regiones— carece de sustentabilidad bajo el modelo clásico.
En este escenario, las empresas del sector deben redefinir su posicionamiento comercial con agilidad: la adaptación requiere concentrar recursos en nichos de alta rentabilidad o diversificar los portafolios para captar a las nuevas audiencias globales y alinearse con la nueva realidad macroeconómica.
FUENTE: Del Rey AWM con aportes de Redacción +P.
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