¿Puede la sostenibilidad convertirse en el principal diferenciador del vino argentino en el mundo?
Con 26 bodegas certificadas en 14 provincias, el sector responde con hechos concretos y avanza hacia el PEVI 2030.
La Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) anunció un hito clave para el sector: 26 bodegas, que gestionan en conjunto 53 viñedos distribuidos en 14 provincias, completaron con éxito el proceso de validación y obtuvieron el Sello Vitivinicultura Argentina Sostenible. Esta certificación valida el cumplimiento integral de la Guía de Sustentabilidad, herramienta sectorial que abarca criterios ambientales, sociales y económicos.
El programa, impulsado por Coviar a través de su unidad de Pymes Exportadoras, contó con el respaldo financiero y técnico del Consejo Federal de Inversiones (CFI) y los gobiernos provinciales. Se desarrolló en dos convocatorias sucesivas que permitieron a las empresas adecuar procesos productivos, incorporar mejoras tecnológicas y ambientales, y demostrar el cumplimiento de estándares exigentes.
Esta expansión refleja el carácter federal de la iniciativa. Las bodegas certificadas operan en regiones tan diversas como Mendoza, La Rioja, Salta, Río Negro, Entre Ríos, La Pampa, Buenos Aires y otras provincias productoras, lo que demuestra la capacidad de adopción heterogénea en todo el territorio vitivinícola argentino.
Reconocimiento internacional y valor diferencial
La Guía de Sustentabilidad cuenta con el aval de organismos de prestigio nacional e internacional: IRAM, Bureau Veritas, Organización Internacional Agropecuaria (OIA), Letis, Food Safety, Lenor Group y Ecocert. Estos reconocimientos garantizan que los criterios aplicados alinean con normas globales aceptadas en los principales mercados de exportación.
Coviar, en colaboración con la Cancillería argentina, logró además que monopolios estatales e importadores clave en diversos países reconozcan el sello y su protocolo de certificación. Este respaldo institucional transforma la certificación en un atributo diferenciador real: las bodegas y sus distribuidores pueden exhibir el sello en etiquetas y materiales comerciales, respondiendo directamente a compradores que priorizan trazabilidad, bajo impacto ambiental y responsabilidad social.
En un contexto donde la sostenibilidad pasa de tendencia a requisito obligatorio en el comercio internacional de alimentos y bebidas, esta herramienta posiciona al vino argentino con mayor competitividad en mercados exigentes de Europa, Norteamérica y Asia.
Bodegas que lideran el cambio
Las empresas que alcanzaron la certificación en esta etapa representan la diversidad y fortaleza del sector: Mendagro,Terrazas Andinas, Bourras, Amansado Wines, Clement, Gamboa, Los Aromitos, Cooperativa La Riojana, Río Arena, Nanni, Sierras Azules, Los Dragones, Merced del Estero, Nant Fall, Malma, Trina, Cechin, RJ Viñedos, Cuarto Dominio, La Matilde, La Lejanía, Michango, Tacuil, Amanecer Andino, Bodega Santa Julia, Familia Zuccardi y Fecovita.
Esta nómina incluye desde cooperativas históricas y grandes grupos familiares hasta proyectos boutique y medianas empresas regionales, evidenciando que la sostenibilidad abarca toda la escala productiva.
Sostenibilidad integral: más allá del ambiente
La certificación no se reduce a prácticas ecológicas. Integra tres dimensiones esenciales:
- Ambiental: manejo eficiente del agua, reducción de insumos químicos, conservación de suelos y biodiversidad.
- Social: condiciones laborales dignas, inclusión comunitaria y respeto por los derechos de los trabajadores.
- Económica: eficiencia operativa, estabilidad financiera de largo plazo y capacidad de generación de valor agregado.
El Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) actualizado al 2030 coloca la sostenibilidad como eje vertebral. El objetivo consiste en alinear la producción con las demandas de consumidores globales informados, con avances científicos y con estándares internacionales de comercio responsable.
Mario González, presidente de Coviar, sintetizó la visión sectorial: “Hoy más que nunca, nuestros productores se alinean con las demandas de los consumidores globales, la ciencia y la tecnología. La sustentabilidad dejó de ser un concepto aspiracional para convertirse en una condición de base que nos lleve a ser un país competitivo en el contexto global”.
Apoyo clave para pymes y proyección futura
El acompañamiento del CFI y las provincias resultó decisivo, especialmente para pequeñas y medianas bodegas que enfrentan mayores barreras económicas y técnicas para acceder a certificaciones internacionales. El financiamiento cubrió asesoramiento, auditorías y adecuaciones necesarias, democratizando el acceso al sello.
Hacia 2030, el desafío consiste en ampliar significativamente la base de empresas certificadas, integrar la sostenibilidad en toda la cadena de valor y consolidar la imagen del vino argentino como referente de producción responsable. Con estos avances, el sector no solo responde a exigencias externas, sino que construye una ventaja competitiva estructural en un mercado global cada vez más saturado y selectivo.
Fuente: Redaccción +P
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