Patagonia

Crisis ganadera en la Patagonia por jaurías de perros: situación provincia por provincia

Jaurías sin control destruyen la ganadería de la Patagonia. Mientras Tierra del Fuego ya perdió dos tercios de su stock ovino, ¿cuál es la situación de cada provincia?

En los campos abiertos de la Patagonia argentina, una amenaza silenciosa reconfiguró el paisaje rural en pocas décadas. No proviene de depredadores históricos, como pumas o zorros, ni de fenómenos climáticos, sino de perros asilvestrados que se organizan en jaurías, cazan en grupo y se reproducen sin ningún vínculo con el ser humano.

El fenómeno dejó de ser un conflicto puntual entre productores y animales sueltos para convertirse en una crisis regional con consecuencias productivas, sanitarias, ecológicas y sociales de enorme magnitud. ¿Cuál es la situación provincia or provincia?

Tierra del Fuego: el caso más crítico de la región

La isla concentra la situación más grave de toda la Patagonia y funciona como un espejo de lo que puede ocurrir en el resto de las provincias si no se actúa a tiempo. Un relevamiento realizado en las tres ciudades de la isla —Ushuaia, Río Grande y Tolhuin— registró al menos 25.500 perros sin supervisión. Las densidades son alarmantes: 29,5 canes por kilómetro cuadrado en Río Grande, 24,5 en Ushuaia y 18,2 en Tolhuin. Dentro de ese universo, el biólogo del CONICET Adrián Schiavini estima entre 600 y 1.000 perros estrictamente asilvestrados, es decir, animales nacidos y criados en entorno salvaje, que viven en madrigueras, evitan todo contacto humano y se organizan en pequeñas jaurías con lógica propia.

El origen del problema está en la historia productiva de la provincia. Desde los años setenta, el crecimiento de Río Grande y Ushuaia estuvo ligado a la instalación de fábricas electrónicas que atrajeron trabajadores de todo el país. Durante las vacaciones de verano, muchos regresaban a sus provincias de origen y dejaban sus perros sueltos, animales que se reproducían libremente en el entorno silvestre sin contacto humano alguno. Mientras creció la población urbana, creció en paralelo la población canina sin control.

El impacto sobre la ganadería ovina fue devastador. En 1990, la presencia de perros asilvestrados abarcaba apenas el 2,5% de la superficie productiva de la isla. Para 2014 ya alcanzaba al 70%.

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 Productores de Santa Cruz y Chubut adoptaron perros pastores de los Pirineos como defensa.

Productores de Santa Cruz y Chubut adoptaron perros pastores de los Pirineos como defensa.

El stock ovino, que superaba el millón de cabezas hace poco más de una década, cayó a 370.000 hace cuatro años y hoy no llega a 300.000. Se estima que el 55% de los productores del ecotono abandonó la cría de ovinos y reconvirtió su actividad hacia la ganadería bovina, considerada menos vulnerable a los ataques. Sin embargo, los ataques a novillitos y terneros también se registran con creciente frecuencia en toda la isla.

El comportamiento de estos animales es particular: no atacan para alimentarse, sino por instinto. "Los perros ven una oveja y la corren porque se mueve. Eso genera cierta diversión en el grupo y produce el daño masivo", describió Schiavini. Los animales muertos no son consumidos; las jaurías actúan como carroñeros oportunistas sobre lo que queda. En los últimos ocho años, la población de perros asilvestrados se multiplicó por diez según los registros de cámaras trampa instaladas en la zona.

El problema también tiene una dimensión sanitaria grave. Un informe del CONICET solicitado en 2015 por el Comité de Emergencia Agroganadero de la provincia determinó que estos animales transmiten rabia, brucelosis canina, leptospirosis, hidatidosis, equinococosis quística y toxocariasis, entre otras enfermedades. Además, representan un riesgo directo para los visitantes en senderos de trekking y para los trabajadores rurales que circulan por zonas afectadas.

En 2017, la provincia sancionó la Ley Provincial 1.146, que declaró al perro cimarrón "especie exótica invasora" y creó el Comité de Seguimiento del Plan de Control de Poblaciones de Perros. La norma estableció estándares de tenencia responsable, control reproductivo, identificación de animales y estrategias de comunicación sostenida. Sin embargo, los resultados son aún insuficientes frente a la magnitud del fenómeno.

Río Negro: la amenaza avanza sobre la Línea Sur

En Río Negro, la problemática registra un crecimiento sostenido, con epicentro en la región de la Línea Sur y localidades como El Bolsón y el departamento de Pilcaniyeu. Un monitoreo realizado por el INTA Bariloche durante tres años en seis establecimientos ovinos extensivos concluyó que el 21,6% de los ovinos murió a causa de ataques de perros, dato obtenido a partir de casi 140 procedimientos de necropsia.

Además de las muertes, los ataques generan heridas que prolongan la recuperación de los animales lesionados, afectan el desarrollo de los corderos y anulan meses de trabajo en mejora genética.

Otro factor que afecta directamente la calidad de vida de los pobladores rurales es la imposibilidad de tomar descanso: los crianceros deben recorrer permanentemente los campos para ahuyentar a los perros que bajan desde los centros urbanos, según señaló Abel Martínez, del INTA Zapala. En varios establecimientos colindantes a pueblos, los productores ya abandonaron el pastoreo ovino o directamente dejaron la actividad.

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El stock ovino fueguino cayó de un millón de cabezas a menos de 300.000 en una década.

El stock ovino fueguino cayó de un millón de cabezas a menos de 300.000 en una década.

Neuquén: alerta ante una crisis que puede repetirse

En Neuquén, las autoridades provinciales reconocen que la situación todavía no llegó al nivel de silvestría total observado en Tierra del Fuego, pero las señales de alarma son claras. El secretario de Producción provincial, Diego García Rambeaud, describió animales que se alejan de sus hogares, merodean durante el día y regresan por la noche, atacando majadas y terneros en el camino.

Las localidades más afectadas son Zapala, Junín de los Andes y Las Lajas. Los daños ya son perrosignificativos: un productor perdió 9 de sus 18 ovejas en un solo ataque. La preocupación de los funcionarios provinciales surge precisamente de observar las similitudes con el inicio de la crisis fueguina, cuando el problema aún parecía manejable y no se tomaron medidas preventivas a tiempo.

Santa Cruz: perros periurbanos con impacto creciente

En Santa Cruz, el escenario es diferente al de Tierra del Fuego: los depredadores históricos del campo siguen siendo el puma y el zorro colorado, pero los perros asilvestrados emergen como una amenaza adicional, especialmente en los bordes de las ciudades.

Un estudio provincial reveló que el 20% de los productores encuestados sufrió pérdidas de ovinos atribuibles a ataques de perros, concentradas principalmente en los campos cercanos a centros urbanos.

Las medidas adoptadas —collares, jaulas, trampas, encierre, cacería— no resultaron efectivas en la mayoría de los casos. El 34% de los productores encuestados adoptó perros protectores de ganado, con resultados prometedores: el 95% de quienes los incorporaron observó una reducción en las pérdidas.

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Neuquén busca evitar repetir la crisis fueguina con campañas de tenencia responsable y de uso de perros protectores.

Neuquén busca evitar repetir la crisis fueguina con campañas de tenencia responsable y de uso de perros protectores.

Chubut: casos documentados y respuesta en marcha

En Chubut, la problemática también está presente aunque con menor visibilidad pública. En Comodoro Rivadavia se documentaron situaciones extremas donde los perros asilvestrados recurrieron al canibalismo, alimentándose entre sí por falta de presas disponibles. Vecinos describen un patrón recurrente: animales adoptados de cachorros que, al crecer, son dejados fuera del hogar hasta perder todo vínculo con sus dueños.

Frente al avance de los depredadores, los productores chubutenses adoptaron como respuesta principal el uso de perros guardianes especializados, en particular la raza pastor de los Pirineos, que demostró eficacia para disuadir las jaurías. Sin embargo, los costos de adquisición, alimentación y entrenamiento representan una carga económica importante para los establecimientos.

Un problema urbano con consecuencias rurales

Más allá de las diferencias entre provincias, la raíz del fenómeno es común a toda la región: la tenencia irresponsable de animales domésticos en los centros urbanos. Los perros abandonados o sueltos que migran hacia zonas rurales y periurbanas se integran a grupos, se reproducen sin control y pierden progresivamente el vínculo con los humanos. En ecosistemas frágiles como los patagónicos, caracterizados por su lenta capacidad de recuperación, la presión de un depredador generalista tiene efectos profundos y duraderos.

La fauna nativa tampoco es ajena al problema. Se documentaron ataques a guanacos, huemules y aves terrestres que nidifican en el suelo. A diferencia de los depredadores nativos, los perros no forman parte de los equilibrios ecológicos históricos de la región: su presencia altera cadenas tróficas y puede generar impactos que persisten durante décadas.

Especialistas del INTA, el CONICET y organismos provinciales coinciden en que el abordaje requiere políticas sostenidas, articulación interinstitucional y una mirada integral que incluya educación, control reproductivo, identificación obligatoria de animales y regulación normativa con aplicación efectiva. La pregunta que recorre toda la Patagonia es si habrá voluntad política para actuar antes de que el modelo fueguino se replique en el resto del sur argentino.

FUENTE: Conicet, INTA con aportes de Redacción +P

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