Top 10: Pinot Noir, entre las diez uvas más plantadas del mundo tras triplicar su superficie
¿Puede una uva considerada difícil y de nicho convertirse en una de las más plantadas del planeta? El Pinot Noir lo logró.
La superficie mundial de Pinot Noirse triplicó en poco más de tres décadas. Lo que en 1990 representaba apenas el 0,78% del viñedo mundial —unas 44.000 hectáreas— alcanzó en 2023 el 3,1%, equivalente a 132.000 hectáreas. Ese crecimiento llevó a la variedad del puesto 27 al puesto 10 en el ranking varietal global desde 2010. Los datos surgen de un estudio de Kym Anderson y German Puga, publicado en *Journal of Wine Economics*, que analiza las razones económicas y agronómicas detrás de esta expansión sostenida.
Los autores vinculan el avance a dos fuerzas de mercado: la mayor demanda de espumosos, donde el Pinot Noir se mezcla frecuentemente con Chardonnay, y el creciente interés por vinos tranquilos de alta gama embotellados como monovarietales. Para ilustrar ese interés, citan datos de Wine-Searcher: las búsquedas de consumidores sobre Pinot Noir en esa plataforma pasaron del 10,5% del total en 2016 al 15,5% en 2024. En el mismo período, la oferta de vendedores creció del 9,5% al 11,5%, un ritmo claramente inferior al de la demanda, lo que señala una tensión estructural entre oferta y consumo.
Una expansión que supera las regiones frías tradicionales
El avance del Pinot Noir no se ha circunscrito a las zonas frescas con las que históricamente se lo asocia. El estudio sostiene que la variedad se está plantando en un número mayor de regiones y en climas más variados. La lógica subyacente es precisa: en áreas frescas, donde la uva alcanza mayor calidad y precios más altos, los rendimientos son menores y los costos por hectárea pueden ser más elevados; en zonas más cálidas, la calidad media tiende a bajar, pero los mayores volúmenes pueden compensar precios inferiores.
Francia conserva la mayor superficie mundial de Pinot Noir y durante buena parte del siglo XX concentró más del 40% del total global. Sin embargo, su cuota ha caído cerca de una cuarta parte en lo que va del siglo, ante la expansión de la variedad fuera de Europa. En 2023, Estados Unidos ya reunía casi dos tercios de la superficie francesa. Italia se situó cerca de Alemania, Nueva Zelanda casi igualó a Australia y Chile quedó ligeramente por encima de Suiza.
El mayor aumento en hectáreas absolutas entre 2000 y 2023 ocurrió en Estados Unidos. Nueva Zelanda registró un salto proporcional similar: en ambos casos, la superficie se multiplicó por más de cuatro, una tasa siete veces superior a la del resto del mundo. Si se mide el peso del Pinot Noir dentro del viñedo nacional, Suiza aparece muy por delante con un índice de concentración casi nueve veces la media mundial, seguida por Nueva Zelanda, Bélgica, Estados Unidos y Alemania, todos con niveles cercanos a cuatro veces esa media. Francia se ubica en 1,8.
A escala regional, la concentración es todavía más pronunciada. En 2023, Central Otago —Nueva Zelanda— tenía el 81% de su viñedo plantado con Pinot Noir, y el norte del valle de Willamette, en Oregón, el 71%. También figuran con cuotas elevadas Neuchâtel, en Suiza, con el 55%; Wairarapa, en Nueva Zelanda, con el 48%; y Mornington Peninsula, Tasmania y Yarra Valley, en Australia, con el 55%, 47% y 40%, respectivamente. En Borgoña y Champaña, dos referencias clásicas para esta variedad, Pinot Noir ocupaba el 32% y el 38% del viñedo.
La ecuación económica
La sección económica del estudio se concentra en Australia, California y Oregón. En Australia, los investigadores comparan cinco regiones tomando como referencia climática a Dijon, en Borgoña, con una temperatura media de temporada de crecimiento de 15,6 grados y 1.190 grados-día. Solo Tasmania resulta más fresca, con 14,4 grados y 918 grados-día. Las demás zonas australianas relevantes para el Pinot Noir oscilan entre 16,8 y 17 grados, mientras que Riverland, región interior con riego, llega a 21 grados y 2.333 grados-día.
Esa diferencia climática se traduce en precios y rendimientos contrastantes. El estudio observa en Australia una relación inversa entre el precio de la uva y el rendimiento, y también entre el precio y la temperatura media de temporada. En las regiones más frescas, los precios fueron hasta un 16% más altos que los del conjunto de otras variedades; en Riverland, esa diferencia llegó al 22%. Cuando se cruzan rendimiento y precio, el ingreso bruto por hectárea de Pinot Noir superó al de otras variedades en casi todas las regiones analizadas de Australia, salvo Mornington Peninsula, donde quedó un 15% por debajo. En Riverland, en cambio, la prima alcanzó el 56%.
En Oregón, Pinot Noir generó un ingreso bruto por hectárea un 10% superior al de otras variedades a lo largo de este siglo. En el norte del valle de Willamette, entre 2014 y 2023, la uva alcanzó un precio medio un 15% más alto que en el resto del estado, con un rendimiento de 6,5 toneladas por hectárea frente a 6,4. Allí, el ingreso bruto por hectárea fue un 15% superior al del resto de variedades, ventaja que desapareció en otras zonas de Oregón.
California muestra un panorama más heterogéneo. En Sonoma, el ingreso bruto por hectárea de Pinot Noir fue de 23.841 dólares, frente a 19.974 dólares del promedio regional. En Santa Barbara, 20.210 frente a 14.865; en Monterey, 20.404 frente a 15.327; y en Mendocino, 18.954 frente a 13.463. Napa representó la excepción: Pinot Noir se quedó en 19.066 dólares por hectárea, muy por debajo de los 31.902 dólares del promedio de la zona, donde predominan variedades de mayor valor.
El estudio también señala dos distritos cálidos del valle de San Joaquín, cerca de Sacramento y Merced, donde el Pinot Noir exhibe un ingreso bruto por hectárea superior en más del 60% al promedio de otras variedades, aunque los autores advierten que la superficie plantada podría estar infravalorada. Si los rendimientos reales fueran de 20 toneladas por hectárea en lugar de los más de 30 que implican los cálculos disponibles, la rentabilidad quedaría al nivel del resto de variedades.
Terroir, condición necesaria, pero no suficiente
A partir de todos estos datos, Anderson y Puga concluyen que el terroir no alcanza para explicar por sí solo dónde se planta Pinot Noir. En muchas zonas frías, la calidad potencial es mayor, pero los rendimientos más bajos reducen el ingreso por hectárea. En áreas más cálidas, la uva se paga menos aunque puede producir más, lo que la hace viable desde el punto de vista económico.
Los autores agregan que el amplio abanico de precios observado en Australia y Estados Unidos —desde menos de 500 hasta más de 3.300 dólares por tonelada como promedio en las últimas dos décadas— facilita el acceso al Pinot Noir a consumidores más jóvenes o con menor poder adquisitivo.
Argentina: pequeña superficie, alta rentabilidad
Fuera de Australia y Estados Unidos, el estudio reconoce que existen pocos territorios con series de datos comparables. La excepción citada expresamente es Argentina. Allí, el Pinot Noir representa menos del 1% de la superficie de viñedo, pero su peso se duplicó en lo que va del siglo.
En el país, el precio de la uva fue de media un 60% superior al de otras variedades, y el ingreso bruto por hectárea resultó un 90% más alto. Aunque marginal en superficie, el Pinot Noir argentino muestra una ecuación económica que lo posiciona como una de las variedades de mayor retorno relativo en el viñedo nacional, dato que merece atención en el contexto de la vitivinicultura de alta gama del país.
FUENTE: Journal of Wine Economics con aportes de Redacción +P.
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