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Trump amenaza con arancel del 100% al vino francés: ¿oportunidad de oro para el Malbec?

Trump amenaza con hundir el vino francés con un arancel del 100%. El Malbec argentino tiene historia de salir ganador cuando Europa pierde.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó este lunes a Francia para participar de la cumbre del G7 con una advertencia que sacudió al mercado vitivinícola global: si París no elimina su impuesto sobre servicios digitales a las empresas tecnológicas estadounidenses, Washington impondrá un arancel del 100% a todos los vinos y champanes de origen francés.

La amenaza, formulada en declaraciones al diario New York Post en vísperas del encuentro de líderes, pone una vez más al comercio del vino en el centro del tablero geopolítico. Y para la vitivinicultura argentina, abre un escenario tan complejo como prometedor.

Un sector que llega golpeado, pero en recuperación

La industria vitivinícola argentina atravesó en 2025 uno de sus peores momentos exportadores en dos décadas. Las ventas externas de vino cayeron a cifras que no se registraban en 20 años, producto de una combinación de sobresoferta internacional, competencia feroz de Chile y España, tipo de cambio desfavorable y bodegas descapitalizadas.

A nivel global, el panorama tampoco fue alentador: la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) registró una caída del 4,7% en volumen de exportaciones mundiales, que llegaron a 94,8 millones de hectolitros —la cifra más baja desde 2009— y una baja del 6,7% en valor, a 33.800 millones de euros. El consumo mundial de vino retrocedió un 2,7%, hasta los 208 millones de hectolitros, el nivel más bajo desde 1957.

Sin embargo, los primeros meses de 2026 muestran una recuperación. Las exportaciones argentinas crecieron un 22,8% en marzo respecto al mismo mes de 2025. El vino a granel lideró el repunte con un alza del 51,2%, mientras que el fraccionado avanzó un 13,1%. El primer trimestre totalizó 47,4 millones de litros por un valor FOB de US$ 176,8 millones, con el Malbec representando el 64% de las exportaciones y Estados Unidos, el Reino Unido y Brasil concentrando el 53% de los destinos.

El antecedente que ilusiona

La historia reciente juega a favor del optimismo. En 2019, durante el primer mandato de Trump, Washington impuso un arancel del 25% a los vinos europeos. El resultado fue una caída pronunciada de las exportaciones de Francia y España al mercado norteamericano durante 2020, y Argentina fue una de las principales beneficiarias: las bodegas argentinas registraron números positivos durante los años 2019 a 2021, mientras Europa padecía el golpe de la política proteccionista estadounidense.

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Trump indicó que le había pedido al presidente de Francia, Emmanuel Macron, “no gravar a las empresas estadounidenses”.

Trump indicó que le había pedido al presidente de Francia, Emmanuel Macron, “no gravar a las empresas estadounidenses”.

La lógica de sustitución de importaciones en las góndolas estadounidenses tiene fundamento. Francia e Italia son los países europeos que dominan el mercado de vinos en EE.UU., y un arancel del 100% al producto francés generaría un vacío de difícil reemplazo para el consumidor estadounidense que valora el segmento premium. El Malbec argentino, con identidad propia forjada en el terroir de Mendoza y el Valle de Uco, aparece como una alternativa de peso: se diferencia del Malbec francés por el clima, el suelo, la genética de las plantas, el manejo de los viñedos y las técnicas de vinificación, atributos que lo posicionan como un varietal de reconocimiento global.

La ventaja arancelaria argentina y sus límites

Frente al escenario europeo, Argentina parte de una posición relativamente favorable. Mientras Francia enfrenta actualmente un arancel del 20% en sus exportaciones de vino a Estados Unidos —sobre exportaciones anuales que rondan los 2.000 millones de euros—, el vino argentino ingresa al mercado norteamericano con un arancel del 10%, considerablemente menor.

No obstante, los especialistas del sector piden prudencia. Ese 10% ya representa un desafío considerable para las bodegas locales. El precio promedio FOB del vino fraccionado exportado a EE.UU. es de aproximadamente 4,2 dólares por litro, y el nuevo arancel eleva de manera sensible el costo final para el consumidor. A eso se suma una baja del consumo de vino dentro del propio mercado estadounidense, donde el 75% del vino consumido es de producción local, fundamentalmente de California. Argentina es el sexto exportador en ese mercado, detrás de Italia, Francia, Nueva Zelanda, España y Australia.

Más allá de la coyuntura geopolítica, el sector vitivinícola argentino trabaja en una hoja de ruta de diversificación de mercados. El presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), Fabián Ruggeri, anticipó que el eje de 2026 estará puesto en consolidar mercados, diversificar destinos y fortalecer la competitividad sistémica de la cadena. Ya se observan avances concretos: crecimiento sostenido de exportaciones hacia mercados asiáticos como China y Japón, y expansión en América Latina. En Canadá, el conflicto arancelario con Estados Unidos llevó a varios monopolios provinciales a reducir o retirar productos estadounidenses de las góndolas, y Argentina aprovechó ese espacio.

Las oportunidades de mayor impacto aparecen en los acuerdos bilaterales de libre comercio. Las negociaciones con la Unión Europea y con Estados Unidos son las más atractivas para el sector, aunque requieren una visión de largo plazo que trasciende las turbulencias del momento.

Conclusión: ventana abierta, pero con condiciones

La amenaza arancelaria de Trump al vino francés reactiva una oportunidad que Argentina ya supo aprovechar en el pasado. Si la historia se repite y los vinos europeos pierden terreno en las góndolas de EE.UU., el Malbec argentino tiene los atributos para ocupar ese espacio.

Sin embargo, la ecuación no es automática: el propio arancel del 10% que pesa sobre los vinos argentinos, la fragilidad del sector tras el peor año exportador en dos décadas y la caída del consumo global de vino son variables que condicionan cualquier proyección optimista.

La vitivinicultura argentina tiene una chance real, pero aprovecharla requerirá agilidad comercial, apoyo institucional y, sobre todo, una estrategia que no dependa de los vaivenes de la política exterior estadounidense.

FUENTE: Noticias Argentinas con aportes de Redacción +P

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