Biopellet: El biofertilizante de Argentina que convierte residuos en oro para el suelo
¿Y si los desechos se convirtieran en el fertilizante más potente y barato del mercado? El INTA lo logró con Biopellet, una innovación que ya está revolucionando la agricultura regenerativa.
En un contexto donde el 70% de los suelos agrícolas argentinos muestra signos de degradación, aparece una solución made in Argentina que combina ciencia, economía circular y practicidad extrema. ¿Qué es exactamente Biopellet y por qué está generando tanto revuelo entre productores?
Se trata de un desarrollado por investigadores del INTA San Juan y del Conicet, Biopellet es un biofertilizante pelletizado elaborado 100% a partir de compost local generado con residuos agroindustriales del Parque de Tecnología Ambiental de San Juan.
El producto final incorpora: Alta carga de materia orgánica estable; nutrientes de liberación lenta; microorganismos benéficos (bacterias fijadoras de nitrógeno, solubilizadoras de fósforo y promotoras de crecimiento).
Ensayos a campo realizados en tomate, vid, forrajes y hortalizas demostraron mejoras significativas en estructura del suelo, retención hídrica y rendimiento por hectárea.
La revolución del formato pellet
“El gran salto no es solo el contenido, sino el continente”, explica Emanuel Ontivero, biólogo del Conicet y del INTA. El formato pelletizado permite:
- Distribución homogénea con fertilizadoras convencionales
- Reducción drástica de olores y patógenos (vs. estiércol fresco)
- Almacenamiento prolongado sin pérdida de calidad
- Transporte económico (hasta 30 % menos volumen que compost a granel)
“El productor ya no necesita camiones especiales ni esperar meses de compostaje. Abre la bolsa, calibra la máquina y aplica”, resume Luis Bueno, líder del proyecto INTA San Juan.
Triple impacto real: ambiental, económico y social
El verdadero valor de Biopellet radica en su triple impacto real: ambiental, económico y social. Ambientalmente, transforma un pasivo que antes representaba un problema —los residuos agroindustriales— en un recurso estratégico de alto valor para la producción.
Desde el punto de vista económico, ofrece un costo estimado entre un 40 y 60 % inferior a los fertilizantes químicos que aportan un perfil nutricional similar, lo que lo convierte en una alternativa altamente competitiva.
A nivel social, impulsa la generación de empleo local en la planta de procesamiento y democratiza el acceso a prácticas de agricultura regenerativa, antes reservadas solo a quienes podían pagar insumos importados o premium.
Carlos Núñez, economista integrante del equipo, calcula que solo en la región de Cuyo existen más de 345.000 hectáreas con potencial de adopción inmediata del Biopellet.
El próximo salto cuantitativo
Actualmente, el producto se produce en escala piloto, pero el proyecto ya cuenta con financiamiento para avanzar hacia una planta de gran capacidad. El objetivo: pasar de toneladas a cientos de toneladas mensuales y abastecer no solo Cuyo, sino también NOA, Patagonia y mercados de exportación (Chile, Perú y Bolivia ya mostraron interés).
“Este desarrollo refleja el rol estratégico del INTA: vincular ciencia dura con las necesidades reales del campo y ofrecer soluciones escalables que fortalezcan la competitividad argentina”, cierra Bueno.
Biopellet no es solo un fertilizante. Es la prueba de que la economía circular aplicada al agro argentino ya dejó de ser utopía para convertirse en una ventaja competitiva concreta.
Fuente: INTA con aportes de +P
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