Dos variedades de manzana revolucionan la vida de los alérgicos
Tras años de investigación en Alemania, las nuevas manzanas ZIN 168 y ZIN 186 llegan certificadas como aptas para personas con alergias.
Para millones de personas, la escena parece inofensiva: alguien muerde una manzana, la fruta más común entre las familias de todo el mundo. Pero para unos tres millones de alemanes y otras tantas decenas de millones en todo el globo, ese gesto cotidiano se convierte en una experiencia desagradable. Los síntomas de alergia a la manzana pueden variar, pero a menudo incluyen el síndrome de alergia oral (SAO), que provoca picazón y hormigueo en la boca y la garganta, así como hinchazón de labios, lengua y garganta. En casos más graves, puede causar reacciones alérgicas más generalizadas, como urticaria, dificultad para respirar e incluso anafilaxia. Todas reacciones que roban el placer de comer una de las frutas más apreciadas en todo el mundo.
No se puede determinar con exactitud el número de personas alérgicas a las manzanas a nivel mundial, pero se estima que entre el 2 % y el 5 % de la población presenta estos síntomas. La causa está en una proteína específica que contienen muchas variedades de manzana y que activa el sistema inmunológico de quienes son sensibles. Hasta ahora, la solución era evitarlas o resignarse a las molestias. Pero la historia está a punto de cambiar.
Aunque la alergia a la manzana es causada por proteínas de la fruta, el nivel de alérgenos en una manzana está influenciado por la variedad de la manzana, las condiciones de almacenamiento y el grado de madurez. En un estudio europeo de 2014 en el que se evalúan las tasas de sensibilización a la fruta, la manzana se clasificó como el segundo inductor de sensibilización más frecuente (después del durazno) con una tasa del 6,5 por ciento. Aunque una manzana media pesa de 200 a 250 gramos, tan solo 5 gramos de manzana pueden generar una reacción.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Osnabrück, la Universidad Técnica de Múnich, la Charité de Berlín y la Iniciativa de Mejoramiento de Niederelbe se propuso hace más de diez años un objetivo ambicioso: encontrar una manzana que pudiera comerse sin miedo.
La tarea no era sencilla. Primero había que identificar entre muchas variedades aquellas que tuvieran buena apariencia, sabor atractivo y buen rendimiento en el cultivo. El factor alergénico, en un primer momento, no era el criterio principal. Después, los especialistas de la Universidad Técnica de Múnich analizaron con precisión el contenido de proteínas alergénicas en cada fruta seleccionada.
Con los resultados en mano, las variedades más prometedoras fueron llevadas a una etapa decisiva: el ensayo clínico. Durante tres años, un grupo de 30 personas con alergia a la manzana participó en pruebas controladas en el Hospital Charité de Berlín.
Tres años de pruebas, un hallazgo histórico
Las reacciones alérgicas no son estáticas. Dependen no solo de la genética de la fruta, sino también del clima, del momento de la cosecha y de cómo se almacene la manzana. Una misma variedad puede causar síntomas en un año y pasar casi inadvertida en otro.
Por eso el estudio se extendió en el tiempo: para asegurarse de que los resultados fueran consistentes. Y lo fueron. Dos variedades, identificadas aún con nombres de laboratorio —ZIN 168 y ZIN 186—, lograron lo que parecía imposible: en tres años de pruebas no provocaron reacciones en ninguno de los participantes.
El logro fue reconocido oficialmente por la Fundación del Centro Europeo para la Investigación de la Alergia (ECARF), que otorgó a estas manzanas un sello de aprobación inédito en Europa.
El trabajo científico terminó en 2022. Ese mismo año comenzaron a plantarse los árboles que hoy crecen en explotaciones de Alemania. Tras tres años de cuidado, las primeras cosechas están a punto de llegar. Si todo avanza según lo previsto, en otoño de 2025 (en el hemisferio norte) los consumidores encontrarán en los supermercados las primeras manzanas oficialmente aptas para alérgicos.
Para entonces, las variedades recibirán nombres propios y más fáciles de recordar que sus actuales códigos técnicos. Los criadores aseguran que ambas son grandes, dulces y con una pulpa especialmente crujiente. Una de ellas madurará más temprano y la otra más tarde, lo que permitirá cubrir una temporada de consumo más amplia. Eso sí, al principio la producción será limitada: los árboles aún son jóvenes y el volumen de manzanas no alcanzará para todos los que esperan probarlas.
El sello de la ECARF es un respaldo sólido, pero no equivale a una garantía absoluta. Los científicos lo explican con cautela: aunque en los ensayos clínicos no se observaron reacciones, es posible que en la vida real algunas personas sensibles sigan experimentando síntomas.
Lo que sí está claro es que estas nuevas variedades marcan un avance frente a opciones anteriores como la Santana, que ya era considerada relativamente tolerable para alérgicos, pero que nunca obtuvo una certificación oficial.
Manzanas distintas, un futuro distinto
En un país donde la manzana es parte esencial de la cultura culinaria —desde el Strudel hasta el Apfelkuchen de las abuelas—, el desarrollo de estas variedades no es un detalle menor. Para quienes llevan años evitando la fruta, poder volver a morderla sin temor supone recuperar un placer perdido.
Quizás por eso, más allá de lo científico, el hallazgo se siente como una pequeña victoria cotidiana. Una victoria que, si todo sale como se espera, comenzará a materializarse en los estantes de los supermercados en apenas unos meses.
Y entonces, para muchos, morder una manzana dejará de ser sinónimo de picor y ardor. Volverá a ser lo que siempre debió ser: un gesto simple, jugoso y libre de miedo.
Fuente: Agencias internacionales sobre la base de informes de la Universidad Técnica de Munich con aportes de Redacción +P.
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