Exportaciones de peras caen 18% en abril y profundizan los problemas del sector
El retroceso se suma a una caída acumulada del 8% en el año, mientras crece la incertidumbre por los stocks en frío y la calidad de la fruta.
La dinámica de las exportaciones de peras argentinas volvió a mostrar un deterioro significativo durante abril, consolidando una tendencia descendente que preocupa tanto a productores como a empresas del sector. De acuerdo con datos oficiales del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), en el primer cuatrimestre del año las colocaciones externas alcanzaron poco más de 158.800 toneladas, lo que representa una caída interanual del 8% y un descenso del 2% frente al promedio de las últimas cinco campañas (2021-2025).
El dato no solo confirma una retracción sostenida, sino que además sugiere que el piso de las exportaciones aún no ha sido alcanzado. Abril, en particular, marcó un punto de inflexión negativo: se exportaron apenas 40.700 toneladas, lo que implica una baja cercana al 18% en comparación con el mismo mes del año pasado. Este comportamiento consolida una secuencia descendente que se viene observando desde febrero y que se intensificó a medida que avanzó el primer semestre.
En enero, el sector había mostrado un leve repunte del 8%, generando expectativas moderadas de recuperación. Sin embargo, ese impulso inicial se diluyó rápidamente. Febrero, marzo y abril evidenciaron caídas progresivas en los volúmenes exportados, con un deterioro cada vez más pronunciado. El mes pasado se terminó por confirmar el escenario más adverso, reflejando una contracción considerable que encendió alarmas en toda la cadena productiva.
Empresarios del sector frutícola coinciden en señalar dos factores centrales que explican este retroceso. Por un lado, una menor cosecha proyectada para la temporada en curso, lo que limita la disponibilidad de fruta. Por otro, una merma en la calidad, que impide que una parte significativa de la producción alcance los estándares requeridos para su comercialización como fruta fresca, tanto en el mercado interno como en el externo.
Esta combinación de menor volumen y calidad insuficiente impacta directamente en la capacidad exportadora del país, particularmente en una actividad donde la competitividad depende en gran medida de cumplir con exigencias fitosanitarias y estándares internacionales.
A este escenario se suma la incertidumbre en torno a los stocks acumulados en las cámaras frigoríficas del Valle de Río Negro y Neuquén, principal región productora del país. Los datos sobre estos inventarios serán determinantes para definir las estrategias comerciales en los próximos meses, tanto en el tramo final del primer semestre como en la segunda mitad de 2026.
La importancia de los stocks
Conocer con precisión los volúmenes almacenados permitirá a las empresas ajustar sus decisiones de venta: cuándo colocar la fruta en el mercado, en qué destinos y bajo qué condiciones. En un contexto de demanda variable y precios sensibles, esta información resulta clave para evitar sobreoferta o pérdidas económicas.
Además, el comportamiento de la industria procesadora —que absorbe parte de la producción que no se destina al consumo fresco— también influirá en la ecuación. La demanda industrial puede actuar como válvula de escape en momentos de sobrestock, pero su capacidad no siempre es suficiente para compensar caídas en el mercado exportador.
Al analizar la distribución de las exportaciones, se observa con claridad el liderazgo del mercado brasileño. Durante el primer cuatrimestre del año, Brasil absorbió más de 60.000 toneladas de peras argentinas, lo que representa el 37% del total exportado.
Detrás se ubican Rusia y Estados Unidos, con volúmenes en torno a las 26.000 y 25.000 toneladas respectivamente. Estos tres destinos concentran la mayor parte de la demanda externa y son claves para la sostenibilidad del negocio exportador.
Sin embargo, el peso creciente de Brasil en la matriz exportadora no es un fenómeno reciente. Si se retrocede a 2017 y se analiza el mismo período, las exportaciones hacia ese país alcanzaban 42.200 toneladas, representando apenas el 23% del total. En menos de una década, su participación creció 14 puntos porcentuales, consolidándose como el socio comercial más relevante para la pera argentina.
Dependencia y riesgos
Si bien este crecimiento refleja una oportunidad, también implica riesgos. Una alta dependencia de un solo mercado puede dejar al sector vulnerable ante cambios en las condiciones comerciales, económicas o sanitarias de ese país.
Al mismo tiempo, otros destinos tradicionales como Europa y Estados Unidos atraviesan dificultades que afectan la competitividad argentina. Empresarios del sector señalan que el atraso cambiario es uno de los principales problemas, ya que encarece el producto en los mercados internacionales y reduce su atractivo frente a competidores de otros países.
Esta pérdida de competitividad se traduce en menores volúmenes exportados y en una presión adicional sobre los precios, en un contexto donde los márgenes ya son ajustados.
En contraste con el comercio exterior, el mercado interno presenta limitaciones estructurales. Los precios suelen ser bajos y la demanda no alcanza para absorber grandes volúmenes, lo que lo convierte en una alternativa marginal para los productores.
Por esta razón, la exportación sigue siendo el principal motor de rentabilidad para el sector. Cuando esta se debilita, como ocurre actualmente, toda la cadena productiva se ve afectada.
Perspectivas para el resto del año
De cara a los próximos meses, el panorama se presenta desafiante. La evolución de los stocks en frío será un factor clave para anticipar la oferta disponible y definir estrategias comerciales más eficientes.
Productores y empresas deberán actuar con cautela, evaluando cuidadosamente las variables de oferta y demanda tanto en el mercado interno como en el externo. La coordinación dentro del sector será fundamental para evitar decisiones desordenadas que puedan profundizar la crisis.
En este contexto, contar con información actualizada y precisa se vuelve imprescindible. Solo así será posible diseñar estrategias que permitan sostener la actividad en un escenario complejo, donde la competitividad, la calidad y la diversificación de mercados serán determinantes para el futuro de la pera argentina.
FUENTE: Redacción +P.
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