Fuerte tormenta de granizo en el Valle Medio: temen un duro impacto en la cosecha de cerezas
La tormenta sorprendió hoy a los productores en plena etapa crítica y podría afectar gran parte del volumen exportable.
El clima volvió a complicar el panorama productivo para la cereza en el Valle Medio este domingo, cuando pasado el mediodía se concretó la amenaza de tormenta que desde temprano mantenía en alerta a los productores frutícolas de la región. La caída de granizo, registrada principalmente en la zona de Chimpay, despertó una profunda preocupación en el sector cerecero, que atraviesa en estos meses su etapa más sensible de la campaña.
Videos, fotografías y reportes de vecinos circularon rápidamente por redes sociales y medios locales, confirmando que el fenómeno tuvo una intensidad considerable en una de las regiones más estratégicas para la producción de cerezas de la Norpatagonia. El Valle Medio no solo concentra una proporción significativa de la superficie cultivada, sino que también es un polo exportador clave para el país, especialmente en un mercado global que demanda fruta fresca de alta calidad.
La tormenta llega en un momento particularmente crítico. Noviembre y diciembre son meses decisivos para la fruta, dado que cerca del 60 al 70% del volumen total de la campaña aún permanece en las plantas. Según estimaciones del sector, solo entre el 30 y el 40% de la cosecha estaba completa al momento del evento meteorológico, lo que implica que la mayor parte del potencial productivo sigue expuesto.
Aunque el daño aún no ha podido cuantificarse con precisión —y los equipos técnicos deberán recorrer los establecimientos afectados durante los próximos días—, los productores no ocultan su preocupación. El granizo genera lesiones directas sobre la fruta, que la dejan automáticamente fuera de los mercados más exigentes, especialmente el internacional. "El granizo hizo mucho daño en lo que sin cosechar", confirmó Madeleine, de Extra Berries, de Chimpay.
Pero la lluvia fuerte y sostenida podría resultar, incluso, igual o más perjudicial: en esta etapa fenológica, la acumulación de humedad provoca un trastorno fisiológico conocido como cracking, que consiste en la ruptura de la piel del fruto.
“Es un problema muy serio. Cuando se produce cracking, el tejido del fruto se parte y aparecen fisuras que hacen imposible comercializar la cereza en fresco, y mucho menos exportarla”, explican desde el sector técnico. Este fenómeno no solo disminuye el volumen disponible, sino que también afecta la calidad general de los lotes, perjudicando la calibración y la homogeneidad de la fruta que exige el mercado externo.
El impacto potencial no es menor. Valle Medio exportó el año pasado más de 2.400 toneladas de cerezas, una cifra significativa para la economía regional. Para este año, las proyecciones eran similares e incluso algo superiores, debido a las buenas condiciones iniciales de la temporada. Sin embargo, esta tormenta —sumada a otras precipitaciones recientes— podría obligar a recalcular los volúmenes finales de producción exportable.
A diferencia de otras actividades agrícolas donde parte de las pérdidas puede derivarse hacia la industria, la cereza tiene un destino muy marcado: casi el 80% de la producción del Valle Medio se orienta al mercado externo en fresco, donde rigen estrictos estándares de calidad. Cualquier daño, sea por granizo o por la naturaleza de la lluvia, implica una reducción directa en la oferta exportable y, por ende, un impacto económico relevante para la región.
Los próximos días serán fundamentales para dimensionar el alcance real del fenómeno. Las recorridas a campo permitirán estimar cuántas hectáreas fueron afectadas y en qué magnitud, si los daños son generalizados o se concentran en sectores puntuales, y qué porcentaje de la fruta podría mantenerse dentro del circuito comercial. Sin embargo, la percepción inicial es que el episodio climático ocurrió en el peor momento posible y que podría dejar huellas profundas en una temporada que, hasta ahora, se desarrollaba con expectativas positivas.
Lo único seguro es que, una vez más, el clima vuelve a recordarle al corazón frutícola de la Norpatagonia la fragilidad de su principal actividad económica, especialmente en un contexto donde cada kilo exportado cuenta.
Fuente: Redacción +P.
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