Alianza

"Esta alianza nos prepara para el futuro": Rosauer explica el acuerdo entre LAR y Kleppe

El presidente de Los Álamos de Rosauer detalla cómo la nueva alianza con Kleppe permitirá ampliar superficies, sumar innovación y fortalecer la producción.

En un contexto de cambios profundos en la fruticultura del Alto Valle, dos empresas históricas del sector anunciaron una alianza estratégica que promete modificar el panorama productivo regional. Los Álamos de Rosauer S.A. (LAR) y Kleppe S.A. conformarán a partir del 1° de enero de 2026 una nueva sociedad dedicada a la producción de plantas frutales y rosales. Con más de un siglo de trayectoria combinada y una presencia determinante en el desarrollo varietal del Valle, el acuerdo genera expectativas entre productores y especialistas.

Para profundizar en los motivos, alcances y proyecciones de esta alianza, dialogamos con Juan Martín Rosauer, presidente de LAR y tercera generación al frente de una empresa familiar que ha sido referente en viveros desde hace más de 100 años.

—¿Qué los llevó a concretar esta alianza con Kleppe?

—No se trata de la venta de la empresa, como algunos imaginaron al principio. Esto es una nueva sociedad, mitad y mitad. Para nosotros era importante contar con un socio del nivel de Kleppe, que no solo aporta conocimiento técnico sino, sobre todo, tierras. El negocio del vivero necesita superficie, expansión, ambientes distintos para testear y desarrollar variedades. Y Kleppe, por su escala y su estructura, puede aportar eso de manera muy significativa. Además, hay una cuestión generacional. Nosotros somos un poco más grandes que Pablo Kleppe, y tenerlo como socio nos da tranquilidad respecto del largo plazo. Ellos tienen una mirada muy activa sobre el futuro del negocio y eso para nosotros es clave.

—¿Qué interpreta LAR sobre lo que busca Kleppe en esta asociación?

—Lo que vemos es que a ellos les interesa dar continuidad al vivero como línea estratégica. Más allá de su peso en la producción frutícola, son una empresa muy innovadora. Y no están pensando solamente en lo tradicional del Valle, que son los frutales de pepita y carozo. Estamos pensando en explorar frutillas, olivos, pistachos, duraznos de conserva, varias alternativas que hoy ya se están empezando a desarrollar en el país. Que ellos se sumen a nuestro vivero no significa solo superficie o capacidad productiva: significa ampliar líneas de trabajo. Para nosotros, que ya tenemos experiencia en frutales y rosales, es una oportunidad de crecimiento hacia nuevos segmentos.

—Ustedes destacan que Kleppe tiene acceso a nuevas variedades y genética. ¿Qué cambia con esta unión?

—Kleppe conoce prácticamente todas las variedades nuevas que se están desarrollando a nivel mundial. Han buscado material genético en distintos países y lo han traído al Valle. Lo que hacemos ahora es unir ese trabajo con el nuestro. Ellos van a tener —si querés— una especie de “información privilegiada” por estar cerca de los programas de mejoramiento, de las primicias varietales. Pero es importante aclarar esto: que Kleppe tenga acceso no significa que nuestros clientes pierdan nada. Al contrario, todas las variedades estarán disponibles para todos. No es un vivero cerrado ni exclusivo. La alianza apunta a que la región pueda acceder a genética de primer nivel, que es algo que venimos necesitando.

—¿Cómo está hoy el mercado del vivero en el Valle?

—La caída de superficie frutícola en las últimas décadas golpeó fuerte al sector. Si sumamos rosales y plantas frutales, estamos produciendo alrededor de medio millón de plantas al año, que es menos de la mitad de lo que se hacía en la generación de mi padre. En su época se duplicaba o triplicaba esa cifra. Por eso esta alianza aparece también como una estrategia de crecimiento. Entre lo que hacemos hoy y lo que se puede sumar con la innovación y los desarrollos de Kleppe, queremos ir aumentando volúmenes y diversificando.

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El nuevo acuerdo combina experiencia centenaria, acceso a genética internacional y mayor superficie productiva para enfrentar los desafíos del mercado.

El nuevo acuerdo combina experiencia centenaria, acceso a genética internacional y mayor superficie productiva para enfrentar los desafíos del mercado.

—¿Por qué es tan complejo crecer rápidamente en este rubro?

—Porque el ciclo productivo es largo. Producir una planta lleva tres años. No es que uno decide crecer un día y al año siguiente tiene más plantas listas. Es un proceso que demanda tiempo, trabajo y planificación. Y eso implica ser cautos. No podés largarte con grandes volúmenes si no tenés garantías de venta. Una planta no se guarda de un año para otro: si no se vende, se pierde. Esta alianza está pensada justamente para tener una estructura más sólida que permita planificar mejor y asumir riesgos con mayor respaldo.

Apuesta de Rosauer

—¿Creen que la Argentina está en un momento propicio para apostar?

—Creo que estamos en un piso en cuanto a superficie y volumen productivo. Y cuando uno toca piso, suele aparecer la pregunta: ¿es hora de volver a apostar? Nosotros pensamos que sí. Si el país acompaña, si la macroeconomía se estabiliza y vuelven los créditos a largo plazo —que hoy prácticamente no existen—, el mercado frutícola tiene demanda y necesidad de reconversión. Ojalá se genere un contexto que permita que la gente vuelva a invertir en fruticultura en vez de seguir reemplazando chacras por pasturas, maíz o loteos. Por eso decidimos prepararnos ahora. Queremos estar listos cuando llegue el momento de crecer.

—La alianza combina dos empresas familiares de larga historia. ¿Cómo se traduce eso en la práctica?

—Entre LAR y Kleppe sumamos casi 200 años familiares dedicados al Valle. Eso implica experiencia, conocimiento y una forma de trabajar que está muy arraigada en la región. Y, además, profesionalismo. Kleppe, por su tamaño, tiene una estructura técnica muy sólida, con especialistas altamente capacitados. Nosotros aportamos más de un siglo de trabajo en vivero. La sociedad es complementaria: ellos en su fortaleza productiva y técnica, nosotros en nuestro know-how histórico en viveros.

—¿Se puede conocer el monto de la transacción?

—No, lamentablemente no. Es confidencial. Lo que sí puedo decir es que tenemos un acuerdo para alcanzar ciertos objetivos y desafíos en esta nueva etapa. Kleppe irá completando su aporte a medida que vayamos cerrando los pasos formales. Hoy el 50% que aportamos nosotros se basa en nuestro know-how, en todo lo que construimos durante décadas en el negocio del vivero. Ese es nuestro capital dentro de esta sociedad.

—¿El vivero seguirá funcionando bajo la marca Los Álamos?

—El nombre está en evaluación. Nuestro vivero original, cuando lo inició mi abuelo hace más de cien años, se llamaba Los Álamos. Después, en los años 50, cuando mi abuelo le dio una forma más empresarial y más tarde se sumaron mi padre y mi tío, pasó a llamarse Los Álamos de Rosauer S.A.. Yo tengo cariño por el nombre Los Álamos, porque es nuestra raíz. Si pudiéramos recuperarlo, sería lindo. Pero eso depende de aprobaciones formales y de lo que finalmente se defina en los estatutos de la nueva sociedad. Estamos trabajando en eso, pero aún no hay una decisión tomada.

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La alianza entre LAR y Kleppe busca acelerar la incorporación de nuevas variedades frutícolas en el Alto Valle.

La alianza entre LAR y Kleppe busca acelerar la incorporación de nuevas variedades frutícolas en el Alto Valle.

—¿Qué expectativa personal tiene sobre esta nueva etapa?

—Para nosotros, esta alianza es un paso enorme. No solo porque fortalece el presente del vivero, sino porque nos prepara para el futuro. La fruticultura va a necesitar plantas nuevas, variedades adaptadas, calidad sanitaria, innovación. Y creemos que esta sociedad nos coloca en una posición ideal para responder a esa demanda cuando llegue el momento. Sumar a Kleppe es sumar profesionalismo, visión de largo plazo y una capacidad productiva que nos permitirá crecer donde antes no podíamos. Es una alianza que nace desde la necesidad, pero también desde una convicción: el Valle puede volver a ser una potencia frutícola y nosotros queremos estar listos para acompañar ese proceso.

Fuente: Redacción +P.

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