La cosecha de pera en España se desploma y el sector alerta pérdidas históricas
Productores de España advierten que la campaña de pera podría caer más de un 50% por problemas de cuajado, fuego bacteriano y fenómenos climáticos extremos.
La producción de pera atraviesa una de las peores crisis de las últimas décadas en la provincia de Lleida, uno de los principales polos frutícolas de España. Las previsiones para la actual campaña apuntan a una caída que podría superar el 50% respecto al potencial productivo habitual de las explotaciones, una situación que ha encendido todas las alarmas en el sector agrícola catalán y que amenaza con afectar tanto al abastecimiento europeo como a la rentabilidad de cientos de productores.
Las organizaciones agrarias y los agricultores coinciden en describir el panorama con enorme preocupación. El responsable de fruta de Unión de Uniones, Josep Cabré, calificó recientemente la situación de “desastrosa” durante una visita a una finca de Térmens, una de las zonas productoras afectadas. Según explicó, la campaña actual está marcada por una combinación de factores que han debilitado gravemente el cultivo: problemas de cuajado, expansión del fuego bacteriano y el impacto acumulado de fenómenos meteorológicos extremos que vienen repitiéndose en las últimas temporadas.
Aunque el descenso respecto a la cosecha del año pasado sería de entre un 15% y un 20%, el dato pierde relevancia cuando se analiza el contexto de los últimos años. El sector recuerda que las campañas recientes ya estuvieron condicionadas por sequías, episodios de pedrisco y fuertes variaciones térmicas que redujeron la capacidad productiva de las explotaciones. Por eso, el retroceso actual se mide frente al potencial real de producción que históricamente tenía la región, y no únicamente en comparación con la campaña anterior.
El fuego bacteriano y el clima agravan la crisis
Uno de los principales enemigos de los productores sigue siendo el fuego bacteriano, una enfermedad que afecta gravemente a los frutales y para la cual todavía no existen tratamientos plenamente eficaces. La bacteria ha ido extendiéndose de manera progresiva en distintas zonas productoras y, según denuncian las organizaciones agrarias, la investigación fitosanitaria no avanza al ritmo que exige la gravedad del problema.
Los agricultores reclaman una mayor inversión en investigación y en el desarrollo de soluciones capaces de frenar la expansión de esta enfermedad, que no solo compromete la producción inmediata, sino también la viabilidad futura de muchas plantaciones. El fuego bacteriano se ha convertido en un factor estructural de riesgo para el cultivo de pera y amenaza con modificar el mapa productivo europeo.
A esta problemática sanitaria se suma el mal cuajado registrado durante la primavera. Las condiciones meteorológicas adversas durante la floración afectaron de forma directa a la formación del fruto, reduciendo considerablemente el volumen esperado de producción. El fenómeno no se limita a Lleida. Otras regiones productoras de Catalunya, así como países competidores europeos como Italia, Bélgica y Países Bajos, también registran dificultades similares.
En el caso italiano, además, el fuego bacteriano está generando pérdidas especialmente severas. Esta situación dibuja un escenario de menor disponibilidad de pera en toda Europa, lo que podría traducirse en una reducción de la oferta en supermercados y mercados mayoristas durante los próximos meses.
Reclamos del sector y futuro incierto
Sin embargo, aunque una menor oferta podría favorecer una subida de precios, los productores advierten que esto no garantiza automáticamente la rentabilidad. Los costes de producción continúan aumentando debido al encarecimiento de la energía, los fertilizantes, los tratamientos agrícolas y otros insumos esenciales. A ello se añade el impacto de la tensión internacional y la volatilidad económica global, que afectan directamente a toda la cadena agroalimentaria.
El sector considera imprescindible que los precios en origen mejoren de manera significativa para compensar las pérdidas productivas y el incremento de costes. De lo contrario, muchas explotaciones podrían quedar en una situación económica límite.
En paralelo, las organizaciones agrarias insisten en la necesidad de impulsar un plan voluntario de reconversión varietal. La propuesta busca adaptar las plantaciones a las nuevas condiciones climáticas, agronómicas y comerciales, apostando por variedades más resistentes y competitivas. Los agricultores recuerdan que muchas fincas siguen siendo productivas y viables, pero necesitan herramientas y apoyo institucional para afrontar la transformación del modelo productivo.
La preocupación no se limita únicamente a la campaña actual. Cada vez más voces dentro del sector sostienen que los fenómenos climáticos extremos ya no pueden considerarse episodios aislados. La sucesión de sequías, tormentas de granizo y bruscos cambios de temperatura apunta a un cambio estructural que obliga a replantear estrategias de cultivo, sistemas de protección y políticas agrarias.
Mientras tanto, otros cultivos de fruta dulce como la manzana, el melocotón o la nectarina presentan perspectivas más estables para esta temporada, aunque tampoco se descartan ajustes productivos en algunas zonas afectadas por la climatología.
La crisis de la pera en Lleida se convierte así en un reflejo de los desafíos que enfrenta actualmente la agricultura europea: adaptación climática, enfermedades emergentes, incremento de costes y necesidad de modernización. Todo ello en un contexto de creciente incertidumbre para un sector que reclama respuestas urgentes para garantizar su supervivencia y mantener la capacidad productiva de uno de los territorios agrícolas más importantes del sur de Europa.
FUENTE: Fresh Plaza, Segre y aportes de Redacción +P.
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