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Las temperaturas en el Alto Valle cayeron a -6.5 °C: riesgo crítico para la fruticultura

La ola polar de este jueves 4 de septiembre dejó sus marcas. Los carozos, peras y manzanas en inicio de brotación podrían sufrir pérdidas irreversibles.

Las temperaturas mínimas registradas en la madrugada de hoy encendieron las alarmas en el corazón productivo del Alto Valle. Según datos de las estaciones meteorológicas distribuidas en distintas zonas de Río Negro, los termómetros se acercaron a los promedios de -6 °C en áreas rurales, sin embargo se alcanzaron mínimas de -6.5 °C en sectores más depresivos, donde el aire frío se acumuló con mayor intensidad.

Una de las áreas más castigadas fue la zona agrícola de Allen, donde a las 7 de la mañana se registró una humedad relativa del 100% y una sensación térmica inferior en -6 °C. Las condiciones no solo complicaron la rutina diaria de los trabajadores rurales, sino que también pusieron en jaque a la producción frutícola, en un momento particularmente sensible para las plantas.

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La región atraviesa un período crítico en términos fenológicos. Las diferentes especies frutales se encuentran en etapas tempranas de desarrollo, lo que las vuelve altamente vulnerables a las heladas.

En el caso de los frutales de carozo, como ciruelas, duraznos y cerezas, los ejemplares están entre las fases de cáliz visible y flor abierta. En ese estado, temperaturas inferiores a 4 °C ya pueden generar daños importantes en los tejidos. Con registros promedios que llegaron a rozar los -6 °C, se espera que en los próximos días comiencen a visibilizarse los efectos: frutos secos, deformados o con quemaduras.

Los almendros, que transitan el inicio de la floración, corren la misma suerte. Para esta especie, los daños se producen con temperaturas menores a los 3 °C. La probabilidad de afectación, con las condiciones de la madrugada, es prácticamente total.

Por su parte, las frutas de pepita –como peras y manzanas– apenas están comenzando a despegar sus yemas. Las variedades de pera D’Anjou y Williams, junto con la manzana Pink Lady, son especialmente sensibles a temperaturas críticas por debajo de los 5 °C. Aunque la floración aún no está completamente desarrollada, las heladas de hoy podrían condicionar el rendimiento de la temporada. En el caso particular de la manzana, los daños severos suelen darse con registros inferiores a los 4 °C, un umbral ampliamente superado en la madrugada.

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Un golpe a la economía regional

La producción frutícola del Alto Valle es uno de los motores económicos más relevantes de Río Negro y Neuquén. La combinación de heladas intensas con un estado fenológico avanzado de los cultivos pone en riesgo miles de toneladas de fruta, que no solo abastecen al mercado interno, sino que también forman parte de las exportaciones argentinas.

Especialistas advierten que los efectos de esta ola polar no serán inmediatos. Los daños más notorios se verán recién en las próximas semanas, cuando los productores identifiquen frutos que no prosperan, deformidades en el crecimiento o tejidos dañados por el frío extremo.

No todas las chacras se enfrentaron a la helada en igualdad de condiciones. Aquellos productores que cuentan con métodos de control activos –como el riego por aspersión, que libera calor al congelarse el agua; los ventiladores que mezclan el aire frío con capas más cálidas; o los generadores de calor instalados en los montes frutales– lograron mitigar parcialmente los efectos negativos.

Sin embargo, los especialistas coinciden en que, con registros por debajo de los -6 °C, ni siquiera las medidas más intensivas pueden garantizar una protección total. En muchos casos, la magnitud del frío supera la capacidad de defensa de estas herramientas.

En contraposición, las chacras que dependen exclusivamente de controles pasivos –como la planificación preventiva del monte frutal, el diseño de cortinas forestales o la elección de variedades más resistentes– enfrentan un panorama mucho más complicado. La falta de intervención directa durante la helada deja expuestas las plantas a daños generalizados.

Una primavera incierta

El episodio de este jueves 4 de septiembre no es un hecho aislado. Según pronósticos meteorológicos, las condiciones de inestabilidad térmica podrían repetirse en los próximos días y semanas, lo que mantiene en vilo a los productores. Cada madrugada fría representa una amenaza concreta para la cosecha que se avecina en carozo, frutos secos, vid y pepita.

Mientras tanto, las cámaras frutícolas y las asociaciones de productores comenzaron a evaluar el alcance de las pérdidas y no descartan solicitar medidas de apoyo al Estado provincial y nacional, en caso de que el impacto económico se confirme como severo. En el Alto Valle, el clima volvió a recordarle a la región su histórica fragilidad: en cuestión de horas, una helada intensa puede poner en riesgo meses de trabajo y toda una temporada de producción.

Fuente: Redacción +P.

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